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A s o c i a c i ó n y C o l e g i o O f i c i a l d e I n g e n i e r o s T é c n i c o s F o r e s t a l e s
FORESTA
E s p e c i a l
Cantabria
del
Medio
Físico
en Cantabria
Descripción
Ecosistemas forestales
Fauna silvestre
El Plan de Recuperación
del Oso Pardo
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FORESTA
16
Especial Cantabria, junio 2001
Fernando J. Arenaz Gombau,
I.T. Forestal.
Ana Díez Gutiérrez, I.T.Forestal e
Ingeniera de Montes.
E
l bosque es el ecosistema más
evolucionado y complejo que se
desarrolla en los ambientes te-
rrestres de las latitudes templa-
das, como es el caso de Cantabria.
Comprende no sólo a los árboles domi-
nados fisionómicamente, sino a un con-
junto de especies de plantas acompa-
ñantes que constituyen el llamado cor-
tejo florístico: arbustos leñosos de gran
porte, arbustos de menor tamaño, plan-
tas trepadoras, herbáceas, musgos, lí-
quenes,...
BOSQUE CADUCIFOLIO
* EL HAYEDO
El hayedo o hayal es el tipo de bos-
que mejor adaptado a las zonas de me-
dia-alta montaña del territorio regional,
entre los 800 y los 1600 m de altitud,
predominantemente en laderas de
orientación norte de la Cordillera, tanto
en substratos ácidos como calizos.
Los hayedos son comunidades fo-
restales en las que la especie dominan-
te deja pocas oportunidades a otros ár-
boles. No obstante, y de forma aislada,
se localizan tejos (Taxus baccata), ro-
bles (Quercus petraea principalmente),
abedulares (Betula alba), serbales
(Sorbus aucuparia) o mostajos (Sorbus
aria
), formando parte del estrato supe-
rior de la comunidad forestal. Estos últi-
mos son a veces simples arbustos, al la-
do de avellanos (Corylus avellana) o
acebos (Ilex aquifolium), escobas
(Cytisus cantabricus, Genista florida
subsp. polygaliphylla) y brezo (Erica ar-
borea
).
Existe un estrato herbáceo, muy ho-
mogéneo en todos los hayedos, que
también ve dificultado su desarrollo por
la abundante hojarasca que cae en el
suelo del bosque. Esta hojarasca es el
medio de vida de una de las pocas
plantas con flores de nuestra región que
se alimenta de la materia orgánica en
descomposición: La orquídea Neottia
nidus-avis.
En Cantabria los hayedos de mayor
extensión, que son los menos deteriora-
das, se encuentran en la zona surocci-
dental, en los valles de Liébana,
Polaciones, Cabuérniga y Campoó.
Las cabeceras de las montañas
orientales también están pobladas por
estos bosques, desde el puerto del
Escudo hasta el puerto de los Tornos,
aunque en este caso se trata de man-
chas muy fragmentadas y de pequeña
extensión.
Muy destacables y dignos del mayor
respeto son los pequeños hayedos que
se acercan el litoral en diversos puntos
de muestra geografía. Tal es el caso de,
por ejemplo, las hayas existentes en el
"Monte Corona" o el hayal de "La
Juyuela".
El haya presenta hoy en día una
gran vitalidad, al contrario de lo que
ocurre al roble, por lo que pueden ob-
servarse pequeñas masas de haya ocu-
pando terrenos potenciales del roble,
como ocurre por ejemplo en Liébana.
* EL CAJIGAL
Con este nombre se conocen en
Cantabria los bosques de roble común
o cajiga (Quercus robur), abarcando en
realidad más de un tipo de robledal.
Estos robledales, junto con las alise-
das, son las formaciones forestales peor
conservadas de Cantabria.
El área potencial de este tipo de ro-
bledal se corresponde con los terrenos
más fértiles de la región, razón por la
que el robledal ha sido desplazado por
los prados de siega y cultivos intensi-
vos.
Los bosques de cajigas crecen des-
de el mismo nivel del mar hasta cotas
Ecosistemas
En la actualidad, el paisaje vegetal de Cantabria está cons-
tituido por un mosaico de comunidades vegetales entre las
que se pueden destacar los prados, los cultivos forestales
de pinos y eucaliptos, los matorrales y los bosques.
Según los datos del 2º Inventario Forestal Nacional, de las
529.000 ha que ocupa la Comunidad Autónoma, 166.000
ha son arboladas (un 29,41 % de la superficie total ),
106.000 ha están pobladas por especies autóctonas y
50.000 ha por especies de crecimiento rápido, concreta-
mente pino de Monterrey y eucalipto.
La Cordillera Cantábrica constituye el principal sistema
geográfico, surcando la Comunidad Autónoma de oeste a
este, de manera paralela a la costa a unos 50 km de ella.
Paralelamente a la anterior, y a unos 15 kilómetros de la
En el Valle de Cabuérniga se encuentran, aún hoy, buenos ejemplos de masas de hayedo.
AFG, LMC & NL
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FORESTA
17
Asociación y Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales
cercanas a los 1000 m en nuestra re-
gión.
El estrato arbóreo de los robledales
eutrofos, está constituidos por la cajiga
(Quercus robur) y, en menor medida,
por otros árboles caducifolios como los
fresnos (Fraxinus excelsior), los abedu-
les (Betula alba) y los tilos (Tilia corda-
ta, Tilia platyphyllos
).
En el sotobosque encontramos una
gran diversidad de arbustos, entre los
que destacamos el acebo (Ilex aquifo-
lium
), el laurel (Laurus nobilis), el en-
drino (Prunus spinosa), el cornejo
(Cornus sanguinea), el arraclán
(Frangula alnus) y el avellano (Corylus
avellana
).
Tanto la composición florística de
los diferentes estratos como las caracte-
rísticas de las etapas de sustitución de-
pende en buena medida de la naturale-
za del substrato. En suelos ricos la eta-
pa de sustitución está formada por zar-
zas (Rubus ulmifolius), rosas (Rosa ar-
vensis
y Rosa canina), espinos (Prunus
spinosa, Crataegus monogyna
) y mato-
rral bajo de Genista hispanica subsp.
occidentalis y Erica vagans.
Los cajigales se encuentran en las
zonas de mayor influencia oceánica, es
decir, en las zonas costeras y en los va-
lles del centro y oriente, quedando mí-
nimos retazos muy deteriorados que
normalmente ocupan laderas de fuertes
pendientes o profundas canales en los
forestales
costa, se encuentra la Sierra de Cabuérniga. Este sistema
está cortado de sur a norte por numerosos ríos formando
valles, más o menos paralelos, separados entre sí por ali-
neaciones montañosas, que establecen las diferentes co-
marcas naturales de la Comunidad Autónoma.
La Cornisa Cantábrica se encuentra, desde un punto de
vista fitogeográfico, englobada casi en su totalidad dentro
de la Región Eeurosiberiana, caracterizada por presencia
de bosques caducifolios y la ausencia de periodos largos
de sequía. Sólo los valles meridionales están dentro de la
otra gran región, la Mediterránea, en la que predomina el
bosque esclerófilo y la sequía estival.
El resto de Cantabria está muy influenciado por la cerca-
nía del mar, que mitiga las temperaturas extremas.
Aspecto actual del paisaje forestal en las inmediaciones de las sierras prelitorales, donde se aprecia cómo los bosques originales
dan paso a praderías y repoblaciones de coniferas.
Javier Manrique
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montes, como se puede comprobar en
el valle del Nansa entre Santotís y
Cosío. Faltan sin embargo en los valles
sudoccidentales desde Liébana a
Valderredible.
Los últimos cajigales de alguna en-
tidad que perviven en Cantabria se ha-
llan acantonadas en las montañas cen-
trales y especialmente en el cordel que
separa los ríos Saja y Besaya.
* OTROS TIPOS DE ROBLEDALES
Además del cajigo o cajiga
(Quercus robur), comentado anterior-
mente, existen excelentes representa-
ciones de roble albar (Quercus petra-
ea
), tocio o rebollo (Quercus pyrenaica)
y, en menor medida, quejigo (Quercus
faginea
).
Se caracterizan por su facilidad pa-
ra intercruzarse y originar híbridos férti-
les.
Es frecuente que los robles aparez-
can mezclados con otras especies. En
las zonas llanas y húmedas, general-
mente fondos de valle y sobre suelos
muy fértiles, se desarrollan masas que,
cuando están bien conservadas y sin al-
terar, presentan una gran densidad y di-
versidad. En estas situaciones encontra-
mos un bosque compuesto por robles,
fresnos, arces,....y un estrato subarbó-
reo de caducifolios (avellano, majuelos,
cornejos,...)
A medida que el suelo se empobre-
ce o se gana altitud, Quercus robur es
sustituido por Quercus petraea, pudien-
do formar bosques en los que es domi-
nante.
El rebollo y el quejigo forman ma-
sas, la mayoría degradadas, que cum-
plen un importante papel como protec-
tores del suelo.
Los bosques de quejigos ocupan en
general ambientes más xerófilos que los
de rebollo.
Quercus petraea se localiza en los
valles interiores del suroeste, donde la
continentalidad térmica es más acusa-
da, desde Liébana y Polaciones hasta
Campoó y cuencas altas del Saja, con
un núcleo extremo en Valderredible, en
el que destaca " El Monte Hijedo".
Es en la vertiente meridional de la
Cordillera donde están las superficies
más amplias ocupadas por el roble al-
bar.
Los montes de Quercus pyrenaica
son comunes en la vertiente norte de la
cordillera, especialmente en los valles
interiores, lejos de la costa; no obstan-
te, se encuentran pequeños rodales por
toda la región.
Las masas mejor conservadas se lo-
calizan en la comarca lebaniega
(Cabezón de Liébana, Camaleño,
Cillorigo) y Valderredible. Cabe desta-
car por su importancia, no sólo regio-
nal, los montes cercanos a Bárago y
Soberau, y especialmente los de las la-
deras de Peña Sagra.
En la Cornisa Cantábrica los queji-
gales son muy raros. Crece en el sur de
Cantabria en Liébana, Campoó,
Valdeprado y Valderredible, destacando
sobre todo en este último enclave. En la
actualidad no queda ninguna mancha
de entidad, únicamente rodales deterio-
rados y ejemplares dispersos destaca-
bles por su tamaño, como son los del
monte "La Robleda" en Villacantid.
* ABEDULARES
En la vertiente cantábrica los bos-
ques de abedules son frecuentes en las
zonas de montaña. Cuando descende-
mos a las tierras próximas al mar, los
abedulares se enrarecen.
En las áreas donde crece bien el
abedul, constituye un tipo de bosque
abierto en el que aparecen salteadas
otras especies arbóreas como el roble
albar (Quercus petraea), el haya (Fagus
sylvatica
), el mostajo (Sorbus aria) y el
serbal (Sorbus aucuparia). El sustrato ar-
bustivo en estos abedulares climácicos
está muy desarrollado y se compone de
acebo (Ilex aquifolium), brezo (Erica ar-
borea
) y escobas (Genista obtusiramea,
Genista florida
subsp. polygaliphylla,
Cytisus cantabricus
). Frecuentemente
aparecen también la brecina (Calluna
vulgaris
) y el arándano (Vaccinium myr-
tillus
).
En Cantabria se localizan ejempla-
res dispersos por toda la región forman-
do en algunos enclaves costeros peque-
ños grupos.
Los mejores abedulares cántabros
se concentran en las montañas sudocci-
dentales: en Liébana, en las cabeceras
de los ríos Bendul, Tanea, Nansa, Saja e
Hijar principalmente.
* LOS BOSQUES DE RIBERA
Los principales bosques de este tipo
son las alisedas, cuyo elemento arbóreo
principal es el aliso (Alnus glutinosa),
también acompañado por olmos
(Ulmus glabra) y fresnos (Fraxinus ex-
celsior
). Otras especies frecuentes son
FORESTA
18
Especial Cantabria, junio 2001
Sobre sustratos ricos en bases alternan
en altitud hayedos y bosques mixtos,
fácilmente distinguibles por la diferente
velocidad de respuesta en los cambios
estacionales
AFG, LMC & NL
AFG, LMC & NL
Los robledales han sido una de las formaciones forestales más afectadas por el uso
antrópico del territorio.
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FORESTA
19
Asociación y Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales
los sauces (Salix fragilis y Salix alba);
también se localizan en ocasiones ha-
yas (Fagus sylvatica) y diversas especies
de robles.
En Cantabria se mantiene este es-
quema general, concentrándose las ali-
sedas en los tramos medios y bajos de
los ríos de la vertiente cantábrica.
También se localizan alisedas en el úni-
co río de la vertiente mediterránea, el
Ebro, desde la presa del embalse hasta
los confines de Valderredible.
BOSQUES ESCLERÓFILOS
E
n Cantabria se localizan dos tipos de
bosque que se pueden incluir entre
los bosques esclerófilos y más concreta-
mente entre los planoesclerófilos. Estos
son los encinares y los alcornocales.
* ENCINARES
Se han distinguido tradicionalmente
dos razas de encinas de diferentes ca-
racterísticas morfológicas y áreas de
distribución.
Por un lado están los encinares lito-
rales o costeros, cuyo estrato arbóreo es
prácticamente monoespecífico, consti-
tuido por encinas (Quercus ilex subsp.
ilex). Le acompaña un dosel arbustivo
muy numeroso cuyas principales espe-
cies son el laurel, el madroño, el ala-
dierno, el acebuche, el durillo, el endri-
no, el majuelo y el avellano. Esta co-
munidad constituye el encinar cantábri-
co.
Se localizan en la zona litoral de
Cantabria, con una mayor representa-
ción en la zona oriental de la región, en
la cuenca del Asón, en suelos que retie-
nen mal el agua, lo que compensa la
elevada humedad del clima cantábrico.
Tiene un carácter relíctico más xerófilo
y resistente.
Por otro lado están los carrascales
(Quercus ilex subsp. rotundifolia),
acompañado de la mayor parte del do-
sel arbustivo de los encinares costeros,
además de especies típicas mediterrá-
neas como el jazmín, la pistacia y
Spiraea hypericifolia subsp. obovata.
Estos carrascales ocupan una franja
altitudinal mayor que los encinares cos-
teros, situándose entre los 300 y los
1100 m de altitud. Se concentran en el
valle de Liébana, prolongándose hacia
Lebeña, y en el confín oriental de
Valderredible, alrededor de Villaescusa
de Ebro.
* ALCORNOCALES
El alcornoque (Quercus suber) se
caracteriza por su poca resistencia a las
heladas y su carácter silicícola.
Acantonada en el valle de Liébana,
la superficie de esta comunidad forestal
se puede estimar en unos 175 ha. Este
bosque termófilo subsiste gracias al mi-
croclima peculiar de este valle.
También es posible encontrar ejem-
plares aislados en otros tipos de bos-
ques, como son encinares y robledales,
hasta unos 800 m de altitud. Junto al al-
cornoque crecen labiérnagos (Phillyrea
latifolia
y Phillyrea angustifolia) y corni-
cabra (Pistacia terebinthus).
Hasta no hace mucho tiempo, al lle-
gar el verano, comenzaban en estos
montes las tradicionales labores de des-
corche del alcornoque o "sufra", como
se llama en Liébana, costumbre que se
está intentando recuperar en la actuali-
dad.
* MATORRAL
En la alta montaña de Cantabria,
que es, básicamente, de carácter subal-
pino, los pastizales alternan con densas
formaciones amatorraladas.
Como idea general, se distinguen
cuatro tipologías en la Comunidad
Autónoma de Cantabria:
Los piornales, donde se desarrollan
piornos y escobas de cierto porte; los
enebrales, donde domina el enebro co-
mún; los brezales, entre los que existen
brezales dominados por brecina, de
menor envergadura; y los aulagares,
constituidos por matorrales espinosos,
de pequeño porte y menor densidad
que los anteriores.
Los matorrales de sustitución, bre-
zales y aulagares, han ido alcanzando
una gran importancia en los últimos
años debido, por una parte, al paulati-
no abandono de las actividades agroga-
naderas y, por otro, a las prácticas in-
cendiarias para mantenimiento de la
superficie de pasto.
Así mismo, sobresale el matorral
mediterráneo mixto de las localidades
costeras, donde abundan especies pro-
pias del ámbito mediterráneo más ter-
mófilo, como olivos silvestres (Olea eu-
ropaea
var. sylvestris), aladiernos
(Rhamnus alaternus), labiérnagos
(Phillyrea media, Phillyrea latifolia y
Phillyrea angustifolia), zarzaparrilla
(Smilax aspera),.... y a veces alterna con
grupos de laureles (Laurus nobilis), res-
tos del primigenio bosque lauroide sub-
tropical.
Desde las frías montañas de ámbito
subalpino, hasta las templadas comuni-
dades litorales, la diversidad vegetal de
Cantabria resulta de las más ricas de la
Península Ibérica.
Por encima de los hayedos es frecuente encontrar cinturones de acebo y majuelo,
marcando el límite del piso forestal.
El aliso es la especie dominante del
estrato arbóreo de los bosques de ribera
en Cantabria
Santiago Gar
cía
Santiago Gar
cía
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FORESTA
20
Especial Cantabria, junio 2001
Fauna
silvestre
El medio físico de Canta-
bria se encuentra condicio-
nado por su relieve, uno de
los más abruptos de la
Península Ibérica, lo cual
influye en el origen de un va-
riado mosaico de paisajes.
El clima es oceánico con al-
gún rasgo mediterráneo,
precipitaciones frecuentes y
temperaturas suaves que se
encrudecen hacia el Sur.
Biogeográficamente perte-
nece a la región Eurosibe-
riana, sin un periodo de se-
quía estival salvo en las co-
marcas más meridionales y
en el caso singular de
Liébana.
Todo esto configura un
marco vegetal que, a gran-
des rasgos, se caracteriza
por la presencia de hayedos
y abedulares en las umbrí-
as, distintos robledales en
las solanas, encinares en
los desfiladeros y costas ca-
lizas y, finalmente, dos for-
maciones de origen huma-
no como son la campiña
atlántica y las plantaciones
de eucalipto.
Tras está breve presenta-
ción del entorno donde va a
vivir la fauna silvestre de
Cantabria, se puede dedu-
cir que sus diferencias con
la de regiones vecinas de la
Cornisa Cantábrica será
mínima, y que en la parte
sur de la Región aparecerán
elementos mediterráneos,
similares a los de la Meseta.
A continuación se citan al-
gunos de los elementos más
significativos.
PECES CONTINENTALES.
S
e debe distinguir claramente el
hábitat para este tipo de animales
en ríos de la mitad Norte, vertientes
sus aguas al mar Cantábrico, y ríos
que alimentan las aguas o bien del
Ebro o bien del Duero. Los primeros
se caracterizan por ser cortos, con
aguas frías y corriente rápida, ideales
para los salmónidos, mientas que los
de la zona meridional son diferentes
a los cantábricos y ocupados en su
mayoría con ciprínidos.
Se diferencian 22 especies, de las
cuales, cuatro han sido introducidas:
trucha arco-iris (Oncrhynchus my-
kiss)
, salvelino (Salvelinus fontinalis),
gobio (Gobio gobio), y perca ameri-
cana (Micropterus salmoides); seis
son endemismos ibéricos: barbo co-
mún (Barbus bocagei), barbo de
Graells (Barbus graellsii), boga de río
(Chondrostoma polylepis), bermejue-
la (Rutilus arcasii), bordallo (Leucis-
cus carolitertii)
y lamprehuela (Cobitis
calderoni)
, estos dos últimos localiza-
dos únicamente en el río Camesa, en
la zona meridional de la Comunidad.
Las rías presentan peces bien
adaptados a los cambios bruscos de
salinidad, como la platija (Platychthys
flesus)
, o la lisa (Chelon labrosus).
ANFIBIOS Y REPTILES
T
anto anfibios como reptiles son
los animales más vulnerables a
las alteraciones ambientales, debido
a su escasa movilidad que les hace
depender estrechamente del lugar
donde viven. En Cantabria se han
identificado 11 especies diferentes
de anfibios y 18 de reptiles. En la ca-
tegoría de endémicos están el sapillo
pintojo (Discoglosus galganoi), lagar-
to verdinegro (Lacerta schreiberi), ví-
bora de Seoane (Vipera seoanei) y la
lagartija serrana (Lacerta monticola),
siendo los Picos de Europa su límite
oriental de distribución.
Como especies introducidas sólo
se tiene constancia de la lagartija ita-
liana (Podarcis sicula). Finalmente,
dos especies se encuentran amena-
zadas, una es el tritón alpino (Triturus
alpestris)
, ocupante de lagunas de
origen glaciar en los Picos de Europa,
y la otra la culebra de Esculapio
(Elaphe longissima) localizada única-
mente en la comarca de Liébana.
En Liébana, comarca singular en
la Cordillera Cantábrica, con carac-
teres tipicamente mediterráneos, se
encuentran elementos característicos
de éstos, como pueden ser el lagarto
ocelado y lagartija colilarga.
Miguel Angel Parás.
Alberto Arregui. Ingeniero Técnico Forestal
e Ingeniero de Montes
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MAMÍFEROS
E
sta clase está representada en Cantabria con 68 especies,
de las cuales 3 son endémicas de la Península, como el
desmán ibérico (Galemys pyrenaicus), topo ibérico (Talpa
occidentalis)
y liebre de piornal (Lepus castroviejoi). Una
única especie es introducida, en concreto el visón america-
no (Mustela vison). Algunas, 25 especies exactamente, están
amenazadas en algún grado, siendo de sobra conocido los
casos del oso pardo (Ursus arctos), nutria (Lutra lutra), pero
son los murciélagos con 17 especies de las 19 presentes, los
más numerosos.
En la franja litoral sobre las calizas costeras, donde se
desarrolla el encinar cantábrico, se refugian especies termó-
filas como la jineta (Genetta genetta). Dejando la línea cos-
tera, mas hacia el interior, nos podemos encontrar con es-
pecies antropófilas, poco exigentes y de terrenos abiertos
como el zorro (Vulpes vulpes) y jabalí (Sus scrofa).
Los valles de los ríos Saja, Besaya y Nansa, con abun-
dantes bosques caducifolios sostienen una rica fauna fores-
tal: corzo (Capreolus capreolus), Ciervo (Cervus elaphus),
marta (Martes martes), así como la anteriormente mencio-
nada nutria.
En los Picos de Europa, cordillera de imponentes pare-
dones de roca caliza, canchales, matorrales y pastos de al-
tura, vive el auténtico dominador de esos lares, que no es
otro que el rebeco (Rupicapra rupicapra), juntamente con el
topillo nival (Chionomis nivalis).
También se encuentran mamíferos mediterráneos, como
pueden ser la liebre ibérica, Lepus granatensis, ratón moru-
no, Mus spretus, habitantes éstos de los montes y valles me-
ridionales dónde las condiciones climáticas van cambiando
de las oceánicas a mediterráneas, siendo esta una zona de
transición a la submeseta norte.
Finalmente, la zona suroccidental de la región junto a
territorio de las provincias vecinas, León y Palencia, acoge a
la otra especie mítica de la fauna cántabra, el oso pardo
(Ursus arctos), encuadrada dentro del núcleo oriental de po-
blación, uno de los dos últimos restos que aún sobreviven
en la Península Ibérica.
FORESTA
21
Asociación y Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales
El Corzo ha experimentado una cierta expansión los últimos
años, pudiéndose localizar en la actualidad tanto en eucaliptales
como en bosquetes próximos a urbanizaciones costeras.
Las poblaciones de lobo gozan de buena salud en Cantabria,
trasegando también por territorios de comunidades próximas,
sobre todo de Castilla y León
El oso pardo es, sin duda, una de las especies estrella de la región,
siendo, en la actualidad, objeto de un Plan de Recuperación.
Luis T
osal
Joaquín González
Joaquín González
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FORESTA
22
Especial Cantabria, junio 2001
AVES
E
s sin lugar a duda el grupo más nu-
meroso, con 240 especies, de las
cuales 165 nidifican en Cantabria.
Sólo una especie se considera como
introducida, el faisán (Phasianus col-
chicus)
, procedente de sueltas con fi-
nes cinegéticos.
Un medio de gran valor natural y
económico por su alta productividad
son los estuarios de Oyambre y
Santoña, que reciben una enorme va-
riedad y cantidad de aves migratorias
tanto en paso como invernantes. Así
por ejemplo, Santoña es parada indis-
pensable para las espátulas (Platalea
leucorodia)
, procedentes de Holanda.
Destacan, sobre todo en el espa-
cio natural de las Marismas de
Santoña, Victoria y Joyel, las anátidas
(ánade silbón, ánade real, cerceta co-
mún, porrón común y pato cuchara) y
limícolas (colimbo ártico, colimbo
grande, alca y arao común). Respecto
a la nidificación, se debe resaltar la
importancia de este espacio natural, al
ser el único punto del litoral norte pe-
ninsular donde crían hasta 16 especies
(Avetorillo, garza imperial, pato colo-
rado, cigüeñela, etc.). De igual modo,
es importante reseñar la presencia de
aves marinas criando en las islas y
acantilados, como la gaviota patiama-
rilla, el cormorán moñudo y el paiño
común.
Debido a la conocida adaptación
al vuelo de las aves, mucha de la avi-
fauna presente en Cantabria es migra-
toria, distinguiéndose las estivales que
llegan para reproducirse, como puede
ser el milano negro (Milvus nigrans),
cuco (Cuculus canorus), golondrina
común (Hirundo rustica), triguero
(Miliaria calandra), y las invernantes,
que tras criar en localidades más sep-
tentrionales llegan buscando inviernos
más suaves; la mayoría son aves acuá-
ticas, como colimbos, ánade silbón
(Anas penelope), correlimos común
(Calidris alpina).
Con respecto a sus hábitats, predo-
minan las especies forestales: gavilán
(Accipiter nisus), cárabo (Strix aluco),
pájaros carpinteros (Dendrocopos spp.
Picus viridis)
, zorzales (Turdus spp.), o
de campiña, como la tarabilla común
(Saxicola torquata), alcaudón dorsirro-
jo (Lanius collurio), verderón común
(Carduelis chloris).
En los montes y valles orientales
(Valles del Agüera, Asón, Miera y Pas)
existen buenos cantiles calizos donde
instalan sus nidos el buitre leonado,
Gyps fulvus, alimoche, Neophron
percnopterus
, vencejo real, Apus mel-
ba
, grajilla, Corvus modedula, y el
"Gran Duque", Bubo bubo.
Siguiendo con la distribución terri-
torial de Este a Oeste, nos encontra-
mos con los valles y montes Centro-
Occidentales, integrados por los valles
del Saja, Besaya y Nansa, donde es fá-
cil localizar al azor (Accipiter gentilis),
pico mediano (Dendrocopus medius),
pito negro (Dryocupus martius), pero
de los que recientemente ha desapare-
cido el urogallo.
En los Picos de Europa, territorio
de montaña ubicado en los pisos alpi-
no y subalpino, habitan especies adap-
tadas a sus duras condiciones, como
por ejemplo, el acentor alpino
(Prunella collaris), treparriscos (Ticho-
droma muraria)
, gorrión nival (Monti-
fringilla nivalis)
y chova piquigualda
(Pyrrhocorax graculus).
Finalmente, no se debe olvidar una
de las especies más emblemáticas y
gravemente amenazada, como es el
urogallo cantábrico (Tetrao urogallus),
cuyos últimos ejemplares se distribu-
yen por el valle de Liébana.
Miguel Angel Parás.
La cigüeña es cada vez más frecuente en
Cantabria, no sólo en la vertiente sur de
la Cordillera, sino en las proximidades
de la Bahía de Santander a partir de una
población localizada en Heras.
El urogallo cantábrico está experimentando en nuestra región un fuerte descenso
poblacional lo que, de seguir así, puede hacer peligrar su futuro a medio plazo.
En las proximidades de los estuarios se
concentra una gran diversidad de
avifauna. Correlimos tridáctilo
Luis T
osal
Luis T
osal
Joaquín González
Si bien, no tan abundante como garcetas
y garcillas, la garza real se está convir-
tiendo en habitante habitual de las vegas
fluviales y proximidades de estuarios.
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FORESTA
24
Especial Cantabria, junio 2001
Joaquín Rasines Conde, I. T. Forestal y
Ldo. En C.C. Biológicas.
Jefe de Sección de Protección de la Fauna
Silvestre de la Dirección General de
Montes y Conservación de la Naturaleza
del Gobierno de Cantabria.
E
n el Libro de la Montería, escrito
a mediados del siglo XIV por en-
cargo del Rey de Castilla Alfonso
XI, se mencionan los cazaderos
que estaban distribuidos por todo el
Reino de Castilla. A pesar de que este
documento medieval no suministra in-
formación de los territorios comprendi-
dos fuera de la jurisdicción de la
Corona de Castilla, de las numerosas ci-
tas de cazaderos de osos y jabalíes dis-
tribuidos por la mayor parte de los sis-
temas montañosos del Reino se puede
deducir, sin riesgo a equivocarnos, que
esta especie era habitual en gran parte
de la Península Ibérica.
En el Siglo XVI, el poder que hasta
entonces detentaba la nobleza rural se
concentra en manos reales, con lo cual
el oso pasa de ser una pieza de caza lú-
dica propia de la nobleza, a ser consi-
derado como una alimaña más.
Desde entonces es objeto de una
persecución implacable por parte del
campesinado, relegándose la presencia
del plantígrado a los lugares más inac-
cesibles del Norte de España.
En la actualidad existen dos únicas
poblaciones de oso pardo en la
Península Ibérica, ubicadas en los
Pirineos y la Cordillera Cantábrica.
La población pirenaica se encuentra
escindida en al menos tres pequeños
núcleos, de comprometida superviven-
cia en la actualidad.
El oso de la Cordillera Cantábrica se
reparte en dos poblaciones diferentes y
separadas entre sí, que vienen denomi-
nándose como población occidental y
población oriental. El área de distribu-
ción del oso pardo en Cantabria se en-
cuentra incluída en la segunda de ellas,
abarcando terrenos de Castilla y León
(2168 km
2
), Asturias (86 km
2
) y
Cantabria (226 km
2
). Reseñar que los
efectivos de la población occidental se
estiman en 60-70 individuos y los de la
oriental en torno a 20.
Los osos que se localizan en
Cantabria no constituyen un núcleo di-
ferenciado dentro de la población
oriental, sino que extienden sus áreas
de campeo a montes leoneses y palen-
tinos.
El área de distribución actual del
oso pardo en Cantabria comprende una
estrecha faja montañosa definida por
los montes de los términos municipales
de Camaleño, Vega de Liébana y
Pesaguero, lindantes con León y
Palencia, desde las estibaciones de los
Picos de Europa en Camaleño hasta el
Puerto de Piedrasluengas (Pesaguero).
Incluye también la Sierra de Hijar, en la
Hermandad de Campoó de Suso. Se ha
detectado la presencia de algún ejem-
plar en enclaves más norteños de los
términos municipales citados y en terre-
nos de los municipios de Cabezón de
Liébana, Polaciones y Valdeolea.
El estancamiento numérico de las
poblaciones cantábricas y el peligro
real de regresión, parte de la insuficien-
cia e ineficacia de las medidas de pro-
tección directa y de la destrucción sis-
temática de los biotopos que la especie
habita. Esta problemática resulta espe-
cialmente seria dadas las reducidas di-
mensiones de las poblaciones, tanto
desde el punto de vista del número de
individuos como de la extensión espa-
cial de las mismas, lo cual confiere a las
poblaciones de oso en la Cordillera
Cantábrica una fragilidad preocupante.
Ante los escasos resultados que el
modelo de protección pasiva de las es-
pecies amenazadas estaba dando en
España, y a la vista de los éxitos obteni-
dos en otros países, principalmente
Estados Unidos, desde los sectores más
vinculados a la gestión de la vida sil-
vestre en España se venía reclamando
la articulación de un moderno marco
El Plan de
Recuperación
del Oso Pardo
Los planes de recupera-
ción, emanados de la Ley
4/1989, de Conservación de
los Espacios Naturales y de
la Flora y Fauna Silvestres,
son instrumentos técnico-
jurídicos que persiguen la
protección activa de las
especies catalogadas
administrativamente como
" en peligro".
De la experiencia acumula-
da durante la década de
vigencia de los cuatro
planes de recuperación del
oso pardo de la Cordillera
Cantábrica, se pretende por
parte de las Administra-
ciones implicada la
redacción de unos nuevos
planes que posibiliten una
gestión más activa de la
especie.
Oso pardo cantábrico.
Miguel Angel Parás
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FORESTA
25
Asociación y Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales
jurídico que diera cabida a los Planes
de Recuperación con todo el rigor y la
eficacia con que sus creadores -la
Administración USA- los idearon.
Este cambio llegó con la Ley
4/1989, que en su artículo 31.2 exige la
formalización de un Plan de
Recuperación para las especies catalo-
gadas administrativamente como "en
peligro" y traslada la competencia para
su aprobación y realización a las
Comunidades Autónomas.
En líneas generales existía un am-
plio consenso sobre las medidas que se
precisaban para erradicar, o al menos
minimizar, los efectos negativos de los
principales problemas de conservación
que incidían sobre el oso pardo cantá-
brico. A ello contribuyeron tanto las di-
versas reuniones que sobre el tema tu-
vieron lugar, como los artículos y traba-
jos que desde distintos estamentos (ges-
tores, investigadores, conservacionistas,
etc.), se habían ido publicando.
Particularmente importantes fueron las
aportaciones sobre distribución demo-
gráfica, selección y uso del hábitat, ali-
mentación y otros temas básicos para la
gestión, realizadas por investigadores li-
gados a las Universidades de Cantabria,
León y Oviedo.
PLANES DE RECUPERACIÓN
D
isponiendo de información básica
sobre la ecología y problemática
del oso pardo cantábrico, y con la base
legal que proporciona la Ley 4/1989, se
inició el proceso de elaboración de los
planes de recuperación por parte de las
Comunidades Autónomas, siendo
Cantabria la pionera, aprobando su
plan por Decreto 34/1989, de 18 de
mayo. Posteriormente, Castilla-León,
Asturias y Galicia aprobaron los suyos
mediante decretos en los años
1990,1991 y 1992, respectivamente.
El contenido de los cuatro Planes se
asemeja, puesto que abordan una pro-
blemática similar y fueron elaborados
partiendo de las propuestas técnicas bá-
sicas realizadas por un mismo grupo
de investigadores especializados y ges-
tores, y tratan de intervenir sobre una
población en la que muchos de sus
ejemplares frecuentan terrenos de dos o
tres Comunidades, lo que exige un cier-
to grado de coordinación y coopera-
ción.
Las medidas concretas diseñadas en
cada Plan son diferentes en función de
las circunstancias propias de cada
Comunidad Autónoma. No obstante, se
agrupan en bloques básicamente co-
munes, que se organizan dependiendo
de los objetivos operacionales según el
esquema de la
Figura 1.
El oso de la Cordillera
Cantábrica se reparte
en dos poblaciones
diferentes y separadas
entre sí, denominadas
población occidental
y población oriental.
Los efectivos de
la población occidental
se estiman en 60-70
individuos y los de
la oriental en torno a 20.
Oso pardo cantábrico.
Joaquín González
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FINALIDAD:
asegurar la conservación del oso pardo cantábrico mediante su expansión demográfica
y areal, hasta unir las dos poblaciones existentes.
OBJETIVOS
A) Protección de la especie
B) Conservación y restauración
de su hábitat
C) Alimentación artificial en
situaciones de penuria
D) Compensaciones socioeconómicas
E) Educación ambiental
F) Investigación
G) Seguimiento poblacional
BLOQUES DE MEDIDAS
1. Erradicar el furtivismo
2. Mantener la pureza genética
3. Ampliar la red de Parques y Reservas
4. Evaluaciones de impacto ambiental
5. Política forestal
6. Gestión de recursos cinegéticos
7. Turismo verde
8. Regulación de pistas rodadas
9. Alimentación artificial
10. Pago de daños
11. Sensibilización
12. Biología
13. Ecología
14. Seguimiento poblacional
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Especial Cantabria, junio 2001
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FORESTA
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Especial Cantabria, junio 2001
Al afectar la distribución actual del
oso pardo cantábrico a cuatro
Comunidades Autónomas, y en cumpli-
miento de lo dispuesto en el artículo 8
del Real Decreto 439/1990, de 30 de
marzo, la Comisión Nacional de
Protección de la Naturaleza acordó en
su reunión del 25 de febrero de 1999
que los criterios orientadores sobre el
contenido de los Planes se recogiesen
en un documento más amplio denomi-
nado Estrategia de Conservación.
El documento técnico de base fue
redactado en el seno del Grupo de
Trabajo del Oso Pardo Cantábrico, del
Comité de Flora y Fauna Silvestres. Este
Grupo de Trabajo está integrado por ex-
pertos en la especie, representantes de
las Comunidades Autónomas de
Galicia, Asturias, Castilla-León y
Cantabria y técnicos y asesores de la
Dirección General de Conservación de
la Naturaleza, del MIMAM. A este efec-
to, el Grupo de Trabajo se reunió en
cinco ocasiones a lo largo del año
1999. La estrategia fue informada posi-
tivamente por el Comité de Flora y
Fauna Silvestres, reunido en Madrid el
30 de septiembre de1999 y aprobado
por la Comisión Nacional de Protec-
ción de la Naturaleza, en su reunión del
19 de octubre de 1999.
La Estrategia reconoce el consenso
existente sobre la idoneidad de los
Planes de Recuperación como instru-
mento para la recuperación del oso, pe-
ro que, sin embargo, tras una década de
aplicación de los cuatro Planes, objeti-
vos estratégicos como eliminar la muer-
te de osos causada por personas, garan-
tizar la conectividad entre los núcleos
reproductores o evitar la pérdida de há-
bitat de calidad no han sido resueltos
satisfactoriamente. Así mismo, la ten-
dencia poblacional regresiva no ha sido
invertida, aunque quizás se haya suavi-
zado la velocidad de regresión. Achaca
a los actuales Planes el ser demasiado
orientadores, predominando las direc-
trices sobre las actuaciones concretas.
Aconseja la revisión global y colectiva
del nivel de aplicación de los Planes,
así como sus objetivos principales y se-
cundarios a la luz de la experiencia ad-
quirida y de los conocimientos incorpo-
rados.
La finalidad de la Estrategia es clara
y precisa: asegurar la viabilidad a largo
plazo de las poblaciones cantábricas de
oso, incrementando tanto su número
como su distribución, y teniendo siem-
pre en cuenta las limitaciones inheren-
tes a la coexistencia con las comunida-
des rurales y su desarrollo socio-econó-
mico.
Considerando que la Estrategia es
básica para la actualización de los cua-
tro planes de recuperación vigentes, el
Grupo de Trabajo del Oso Pardo
Cantábrico, en reunión celebrada el 29
de octubre de 2000 en Proaza
(Asturias), acordó que por parte de las
cuatro Comunidades Autónomas impli-
cadas se fuesen redactando los nuevos
Planes.
Sentando como premisa que las me-
didas concretas que se diseñen en cada
Plan serán diferentes en función de las
circunstancias propias de cada
Comunidad Autónoma, se decidió que
se vertebrasen conforme a las líneas bá-
sicas de actuación definidas en el pun-
to 5 de la Estrategia y que a continua-
ción se precisan:
Conservación de la Especie.
Manejo de los Hábitats
Investigación.
Educación y Conciencia Pública.
Participación Pública.
Desarrollo Rural.
Es evidente que los objetivos que se
plantean en los Planes de Recuperación
se alcanzarán siempre y cuando se de-
diquen suficientes recursos financieros
por parte de las Administraciones
Públicas implicadas, reorientando los
presupuestos implicados en su desarro-
llo o dotando nuevos recursos específi-
cos a medida que se prioricen actua-
ciones.
Huellas trasera y delantera de oso pardo
Javier Espinosa
Javier Espinosa
Javier Espinosa
Excrementos de oso
Daños sobre colmenas realizados por oso.