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n.
o
27, 3
er
trimestre 2004
FAUNA
FLORA Y
Ramón Santiago Beltrán.
Instituto CMC ­ IPROCOR.
Prunus lusitanica L.
en Extremadura
Prunus lusitanica, que en Extremadura se denomina loro o lorera
(aunque este último término suele reservarse para cuando forma
bosquetes), es un árbol que presenta un notable interés. Tiene un área
muy dispersa, con enclaves aislados en la Península Ibérica, suroeste de
Francia, norte de África, Canarias, Madeira y Azores. Además, tiene tres
subespecies:
lusitanica en la Península, Francia y norte de África, hixa
en Canarias y Madeira y azorica en Azores. Estas dos características,
área dispersa y varias subespecies, son propias de especies muy
antiguas, y, efectivamente, parece ser que
Prunus lusitanica ya estaba
presente como tal en la Era Terciaria.
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En aquel tiempo, la Península
Ibérica, y más concretamente Extrema-
dura, tenía un clima bastante más cáli-
do y húmedo que el actual, un clima
que podría asimilarse a los climas sub-
tropicales actuales, presente aún en al-
gunas zonas de Canarias, Madeira y
Azores. En estas islas, con estos tipos
de clima, el loro forma par te de la lau-
risilva (bosque mixto subtropical forma-
do por árboles de hoja tipo laurel: an-
chas, ovaladas, coriáceas, persisten-
tes y lustrosas). A finales del Terciario
amplias zonas de Extremadura debie-
ron de tener una cubier ta vegetal del ti-
po de la laurisilva. Posteriormente, las
grandes sequías del final de la Era
Terciaria y las glaciaciones de la Era
Cuaternaria diezmaron estos bosques,
eliminando las especies más exigentes
en humedad y menos resistentes al
frío, quedando relegados a enclaves
resguardados y empobreciéndose bas-
tante en especies. Hoy día, sin embar-
go, aún quedan loreras en Extrema-
dura, cuya apariencia es totalmente la
de un bosque subtropical, y además
tienen una serie de elementos que las
emparentan notablemente con las lau-
risilvas macaronésicas.
Las loreras extremeñas viven sobre
suelos de naturaleza silícea, sobre to-
do litosoles dístricos, y, menos, cambi-
soles éutricos (cuenca alta del
Guadalupejo) y planosoles dístricos
(cuenca alta del Ruecas). Estos suelos
están asentados sobre cuarcitas, piza-
rras y esquistos fundamentalmente. La
humedad edáfica está asegurada en
par te por las precipitaciones, que son
muy abundantes en el área, y en par te
por la escorrentía, que apor ta agua pro-
cedente de las par tes altas de las sie-
rras. La situación topográfica general
de las localidades extremeñas de esta
especie es de media montaña (las co-
tas máximas del entorno próximo (5 km
a la redonda) se sitúan entre 1.000 y
1.500 m de altitud); sólo algunas loca-
lidades se sitúan en montaña baja
(arroyos del Picadero, Torneros y del
Colmenar) o en montaña (cuenca alta
del río Guadalupejo). La situación topo-
gráfica local es mayoritariamente en
barrancos, aunque en alrededor de un
tercio de las localidades el loro se sitúa
también a media ladera, formando par-
te de la vegetación zonal; muy pocas lo-
calidades se sitúan en el margen de al-
gún río o arroyo. En estos barrancos
frescos, los loros están resguardados
del frío intenso, ya que no reciben di-
rectamente el viento frío del nor te, ni el
sol directo de las primeras horas de la
mañana, y normalmente están a salvo
de heladas fuer tes debidas a inversio-
nes térmicas por no situarse en el fon-
do de los valles y por la gran humedad
de estos barrancos. La altitud media
de las localidades extremeñas es de
706 m, situándose el rango entre 400
(arroyo de Torneros) y 1.100 metros de
altitud (garganta Salóbriga), teniendo
sus mejores representaciones entre
600 y 900 metros. La exposición pre-
dominante es la NNE, es decir, la um-
bría pura; la mayor par te de las locali-
dades se sitúa entre las exposiciones
NO y NE, muy pocas localidades están
expuestas hacia el sur (El Mato, SSE),
y en este caso, el ocultamiento topo-
gráfico impide que la insolación sea ex-
cesiva. La pendiente media de las lore-
ras extremeñas es del 56 %, con valo-
res extremos entre el 20 y el 100 %, si-
tuándose la mayor par te entre el 32 y
el 80 %; es una especie que habitual-
mente se sitúa en terrenos con fuer te
pendiente. El clima general de las loca-
lidades es el VI(IV)
2
"Nemoromedite-
rráneo genuino subtípico", aunque ma-
tizado por la situación topográfica local
que ocupan y por la vegetación del en-
torno, que es en la gran mayoría de las
ocasiones arbórea y densa.
La precipitación anual promediada
de las localidades extremeñas es de
760 mm, repar tida irregularmente, de
forma que durante el verano tan sólo
reciben 54 mm, y el periodo seco es de
3,2 meses. Los días de niebla al año
son unos 20, y probablemente la preci-
pitación horizontal sea impor tante y
atenúe en par te la sequía de los meses
más cálidos. La temperatura media
anual promediada es de 14,4
0
C, la
temperatura media del mes más frío
(enero) es de 5,8
0
C y la temperatura
media de las mínimas del mes más frío
es de 1,4
0
C, de forma que no hay pe-
riodo de helada segura; sin embargo, el
periodo de helada probable es de casi
6 meses. La temperatura media del
mes más cálido (julio) es de 25,3
0
C y
Asociación y Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales
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la media de las máximas de este mes
es de 32,2
o
C; es una especie, por lo
tanto, bien adaptada al calor. Se sue-
len encuadrar estos bosques entre la
vegetación intrazonal, y sin embargo
hay razones para considerarlos zona-
les: en la tercera par te de las localida-
des encontramos ejemplares de
Prunus lusitanica lejos del cauce del
arroyo que forma el barranco donde vi-
ve. Hay un dicho popular de las
Villuercas que reza: "Al loro le gusta ver
el agua, pero no tocarla". Hay algunos
bosquetes que no se circunscriben a
un cauce, sino que están prácticamen-
te a media ladera (garganta de la
Trucha). Por otro lado, fuera de los ba-
rrancos que tienen el microclima tan
especial que requiere el loro no hay nin-
guna representación suya, lo que nos
indica su ligazón al clima.
Las loreras en Extremadura pode-
mos encontrarlas en las sierras de
Guadalupe y Villuercas; también hay
una localidad en la sierra de Gata (arro-
yo del Becerril, cerca de Acebo). Muy
cerca de Extremadura hay localidades
en los Montes de Toledo y Gredos. Las
mejores loreras las podemos encontrar
en: garganta de la Trucha, en el valle
del Guadarranque; ésta, sin duda, es
una de las loreras más impresionantes
que podemos encontrar, con una ex-
tensión de varios miles de m
2
, densa,
con árboles altos y el aspecto de una
laurisilva; cabecera del río
Guadarranque; garganta del Mesto, en
el valle del Hospital del Obispo; arroyo
de las Hoyuelas, en el valle del Viejas;
barranco de los Loros, en el valle del
Ibor; curso alto del Ruecas; y El Mato,
Valdegracia y Hoya del Manzano, en el
curso alto del Guadalupejo. Podemos
encontrar rodalillos de loro en: arroyo
del Picadero, que va a dar a la gargan-
ta Descuernacabras; los Loros en el
arroyo del Colmenar; El Rostro, en la
apretura del Viejas, en el valle del Ibor;
garganta de Porrinas y Arroyo de la
Venta, en la cabecera del río Gualija;
garganta de Santa Lucía, en la umbría
de Cabañas del Castillo; y Collado
Llano, en la cabecera del Guadalupejo.
Pies sueltos de loro se encuentran di-
seminados por bastantes barrancos de
las Villuercas, entre los que podemos
destacar: arroyo de Torneros, que va a
dar a la garganta Descuernacabras;
arroyo de Lijarejo y El Barrerón, junto al
arroyo del Colmenar; chorrera de las
Calabazas, en el valle del río Gualija;
garganta Salóbriga; barranco de la
Ventosilla, en el curso alto del
Guadarranque; arroyo de la Tejadilla,
en el Viejas; umbría de la sierra del
Castillejo, y arroyo del Brezo, en la gar-
ganta de Santa Lucía, que va a dar al
río Almonte; río Guadalupejo;
Puer tollano, en la cabecera del río
Silbadillos; y arroyo del Becerril, cerca
de Acebo, en la sierra de Gata.
La estructura de una lorera bien
conser vada es la de un bosque muy
denso (70 % > cc > 100 %), no muy al-
to (~10 m), con dominancia de árboles
y arbustos de hoja lauroide: loro
(Prunus lusitanica), madroño (Arbutus
unedo), durillo (Viburnum tinus) y acebo
(Ilex aquifolium, que es escaso); tene-
mos también brezos (que juegan un im-
por tante papel condensando la hume-
dad de las nieblas): Erica arborea, Erica
scoparia y Erica lusitanica llegan a al-
canzar gran talla, sobre todo la primera
especie, que puede alcanzar incluso 6
m. También pueden vivir en la lorera al-
gunos árboles exigentes en humedad,
caducifolios y subsclerófilos, con hoja
ancha, aunque su representación es
escasa: aliso (Alnus glutinosa), fresno
(Fraxinus angustifolia), quejigo
(Quercus faginea
broteri), rebollo
(Quercus pyrenaica), castaño (Casta-
nea sativa), mostajo (Sorbus tormina-
lis), igualmente muy raro, ácere (Acer
monspessulanum), muy raro. También
hay árboles esclerófilos bien adapta-
dos al clima mediterráneo: encina
(Quercus ilex
ballota) y alcornoque
(Quercus suber). La sombra de este ti-
po de bosque es muy densa, de mane-
ra que pocas son las especies que pue-
den vivir aquí: algunas enredaderas po-
co exigentes en luz, o que la encuen-
tran trepando a las copas de los árbo-
les: zarza (Rubus ulmifolius), hiedra
(Hedera helix), parra silvestre (Vitis syl-
vestris), nueza negra (Tamus commu-
nis) y nueza (Br yonia cretica). Los hele-
chos, por ser poco exigentes en luz y
bastante en humedad, se adaptan bien
al ambiente de las loreras y son fre-
cuentes en su sotobosque; podemos
encontrar las siguientes especies: he-
lecho común (Pteridium aquilinum), cu-
lantrillo negro (Asplenium onopteris),
raspa de pescado (Blechnum spicant),
Asplenium billotii, helecho real (Osmun-
da regalis), Asplenium trichomanes, he-
lecho macho (Dr yopteris filix-mas), he-
lecho hembra (Athyrium filix-femina),
polipodio (Polypodium sp.) y Dr yopteris
dilatata. También pueden verse algunas
angiospermas herbáceas y leñosas ba-
jas, pero en general en número muy es-
caso, de manera que la cubier ta del
suelo de una lorera bien conser vada es
muy pobre en plantas de pequeño por-
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Lorera en la garganta de la Trucha
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te: escorodonia (Teucrium scorodonia),
Carex elata, brusco (Ruscus aculeatus)
e Hypericum androsaemum.
Las loreras atraviesan manchas
con madroño (Arbutus unedo), durillo
(Viburnum tinus), brezo blanco (Erica ar-
borea), rebollares (Quercus pyrenaica)
y alcornocales (Quercus suber) en su
discurrir por los barrancos. Más raro es
que atraviesen algún encinar (Quercus
ilex ballota) o castañar (Castanea sati-
va). En el fondo de los barrancos se
mezclan con galerías arbóreas mixtas
con alisos (Alnus glutinosa), fresnos
(Fraxinus angustifolia), sauces (Salix
atrocinerea) y sotos arbóreos mixtos
con las especies anteriores y quejigo
(Quercus faginea broteri), castaño
(Castanea sativa), mostajo (Sorbus tor-
minalis),... Las alisedas (Alnus glutino-
sa) son la continuación de estos bos-
ques aguas abajo.
La degradación de las loreras tiene
a veces un origen natural: avalanchas
de agua debidas a precipitaciones muy
abundantes en poco tiempo, general-
mente producidas por tormentas fuer-
tes; pero lo normal es que sea el hom-
bre quien produzca la degradación de
estos bosques. El pastoreo es una de
las acciones más negativas para las lo-
reras. Es especialmente intenso duran-
te el periodo estival, pues las loreras
son querenciosas para el ganado en
esta época por el frescor que propor-
cionan, además de follaje tierno y fres-
co, con el agravante de que impide la
regeneración natural. Otro de los apro-
vechamientos que inciden negativa-
mente en la regeneración es la caza,
por idénticos motivos que el ganado do-
méstico. En Villuercas, corzo y venado
se alimentan durante todo el año de ra-
millos tiernos y regenerado de loro.
Otra de las acciones que degradan
estos bosques es la extracción de leña,
abusiva en numerosas ocasiones.
También la degradación de los bosques
que atraviesan las loreras es bastante
perjudicial para ellas, pues se modifi-
can notablemente las condiciones mi-
croclimáticas (ausencia de regulación
térmica, puesta en luz, disminución de
la humedad ambiental, ausencia de ba-
rreras que disminuyan la fuerza del
viento, etc.). Cuando se degrada una lo-
rera, las especies más delicadas
(Prunus lusitanica, Ilex aquifolium
y
Viburnum tinus) disminuyen en número,
siendo sustituidas por otras menos exi-
gentes (Alnus glutinosa, Frangula al-
nus, etc.); la lorera se transforma en
aliseda o galería arbórea mixta con al-
gunos grupitos de loros. Esta sustitu-
ción a veces es completa, quedando
entonces únicamente una aliseda. Si la
degradación es más profunda, la lorera
es sustituida por agrupaciones infrar-
bóreas como brezales (Erica arborea,
Erica lusitanica y Erica scoparia) y ma-
torrales hidrófilos (Cistus psilosepalus,
Erica lusitanica, Genista anglica, etc.).
Cuando la degradación es extrema, la
vegetación está constituida finalmente
por zarzales de Rubus ulmifolius y he-
lechares de Pteridium aquilinum. La re-
cuperación de estas zonas tan degra-
dadas es difícil por la modificación tan
notable que han experimentado las
condiciones microclimáticas.
Al comparar las loreras extremeñas
con el resto de loreras peninsulares po-
demos obser var que, desde el punto
de vista del medio físico, las localida-
des extremeñas están bastante próxi-
mas a las localidades de la Sierra de
Gredos y de la Sierra del Montseny-
Guillerías, y las localidades más aleja-
das son las del Pirineo Occidental-
Montes Vascos y Sierra de Gerês.
Desde el punto de vista del cor tejo flo-
rístico, la situación es distinta: las lo-
calidades más próximas a las extreme-
ñas son las localidades de la Sierra da
Estrela y de la Sierra de Gerês, y las
más alejadas, las de la Sierra del
Montseny-Guillerías y las del Pirineo
Occidental-Montes Vascos.
Si comparamos las loreras extre-
meñas con las laurisilvas canarias, po-
dremos comprobar que desde el punto
de vista del medio físico hay una serie
de similitudes: la situación topográfica
local típica de los dos tipos de bosque
son los barrancos; la exposición es nor-
te en ambos casos; la pendiente media
es del 56 % en las loreras extremeñas
y del 57 % en las laurisilvas canarias; la
temperatura media anual es de alrede-
dor de 14
o
C en ambos casos; y la pre-
cipitación media anual es de 760 mm
en las loreras y de 740 mm en las lau-
risilvas. Por otro lado, si comparamos
las fitocenosis obser vamos que son
estructuralmente similares y florística-
mente muy emparentadas: las laurisil-
vas canarias son bosques mixtos de
laurifolios y brezos, densos (cc 80-
95%), de unos 13 m de altura y con un
sotobosque de matas y herbáceas viva-
ces poco denso (cc 5-50 %), donde son
bastante frecuentes los helechos. Las
laurisilvas tienen, entre otras, las si-
guientes especies: árboles y arbustos:
Prunus lusitanica subsp. hixa, Arbutus
canariensis, Erica arborea, Erica scopa-
ria var. platycodon, Ilex canariensis, Ilex
perado subsp. platyphylla y Viburnum
rugosum; lianas: Hedera helix subsp.
canariensis y Rubus ulmifolius; herbá-
ceas: Asplenium onopteris, Dr yopteris
oligodonta, Hypericum grandifolium y
Pteridium aquilinum. Estos datos nos
llevan a tener sospechas razonables
acerca de un posible origen común de
las loreras y las laurisilvas.
Asociación y Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales
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Loro recomido por el ganado silvestre en el arroyo de las Hoyuelas (Villuercas)