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FOTOGRÁFICO
REPORTAJE
Cerambícidos exóticos
del ámbito amazónico
Llamados vulgarmente "long-horn
beetles"
en inglés y "longicornes" en
francés, los Cerambycidae, que en
español carecen de nombre común, son
uno de los grupos más singulares de
insectos. Sistemáticamente, constituyen
una familia dentro del orden de los
Coleópteros, integrados en la clase
Insecta. Los insectos son la clase
zoológica más abundante y variada de
nuestro planeta. En la actualidad existen
cerca de 1.875.000 especies descritas, y,
probablemente, otra cantidad equivalente
si sumamos las especies que todavía no
se han catalogado y las que quedan por
descubrir. Esta enorme cifra supone que
las cuatro quintas partes de todos los
seres vivos conocidos e identificados,
incluidos animales y vegetales, son
insectos, y, teniendo en cuenta los
cálculos sobre las especies actualmente
en estudio sin identificar y aquéllas que
aún no se han sido capturadas por los
entomólogos, el número total de especies
que habitan todavía sobre el planeta
tierra puede acercarse, sin ninguna
exageración, a los cinco millones.
José Rafael Esteban Durán
Doctor Ingeniero Agrónomo
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D
e hecho, y ciñéndonos a los
Cerambycidae (Coleoptera),
solamente en el ámbito ama-
zónico septentrional, que in-
cluye el nordeste de Brasil, las tres
Guayanas y una pequeña par te de
Venezuela, hay descritas más de 835
especies distintas y otras 680 se en-
cuentran en fase de descripción, lo que
completa más de 1.500 especies dife-
rentes. Pero, como ya hemos reseña-
do, cada día son recolectados por los
entomólogos especímenes nuevos pa-
ra la ciencia, por lo que de continuo se
invalidan las cifras expuestas, aumen-
tando la cantidad de especies que hay
que añadir a las referidas.
En cualquier caso, es en América
del Sur y en Asia donde se registran los
mayores sumandos de especies nue-
vas de Cerambycidae y, por supuesto,
de otros insectos.
Si en la vieja Europa, donde junto
con los Estados Unidos de América se
concentran desde hace muchos años
la mayor par te de los científicos siste-
máticos especializados en entomolo-
gía, todos los años se produce el des-
cubrimiento de alguna nueva especie
de insecto, es fácil imaginar que en
ecosistemas poco accesibles, escasa-
mente poblados y, comparativamente,
sin presencia de científicos, la cantidad
de estos animales que pasan desaper-
cibidos es simplemente abrumadora.
UN VACÍO DIFÍCIL DE VALORAR
E
sta instantánea científica de una
par te de la Naturaleza, la que atañe
a los insectos, nos permite asegurar
que, debido a la deforestación, las fe-
roces agresiones ambientales, la in-
fluencia del cambio climático y la pre-
sión humana sobre las zonas silvestres
del planeta, se han extinguido, se es-
tán extinguiendo y se extinguirán, de
manera irremediable, gran número de
especies de insectos, entre otros se-
res vivos, sin que hayamos tenido co-
nocimiento siquiera de su existencia.
Si contemplar en un museo un
ejemplar disecado de un insecto singu-
lar, como alguna mariposa del género
Ornithoptera, sabiendo que ya se ha ex-
tinguido de la faz de la Tierra y nunca
más podremos contemplarlas volando
en sus hábitats originarios puede cau-
sar una indudable y profunda congoja,
es mucho peor intuir la enorme varie-
dad de insectos que se extinguen sin
que ni siquiera sepamos sus nombres,
ni dónde ni cómo vivieron, y, mucho me-
nos, conocer si por azar pudieran alma-
cenar algunas sustancias o compues-
tos químicos de utilidad para el ser hu-
mano.
Asociación y Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales
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E
sta es una de las especies de Cerambycidae, del mis-
mo entorno geográfico que Titanus giganteus, de las
que sí son conocidas algunas de sus peculiaridades bioló-
gicas y que, sin embargo, tienen menos expectativas de su-
per vivencia a medio plazo. El singular y bellísimo
Cerambycini Macrambyx suturalis (Gor y, 1832), cuya lar va
se desarrolla en el más duro corazón de la madera de al-
gunas especies de Sapotáceas de gran tamaño y con alto
contenido en sílice, tiene un ciclo biológico extremadamen-
te largo, que dura entre cinco y siete años. Los adultos vi-
ven como máximo un
mes y medio, y, como
en el caso del "Titán", aparecen entre los me-
ses de diciembre y febrero.
Todos los años se registra en la Guayana
Francesa la captura de algún ejemplar espo-
rádico, pero nuestra experiencia señala que
únicamente se han recolectado un número
muy escaso de adultos (machos y hembras)
en diciembre de 1997 y entre diciembre de
2003 y enero de 2004, lo que hace suponer
que la próxima vez que se produzca otra emer-
gencia relativamente impor tante de adultos
será en diciembre de 2009 o enero de 2010.
Aunque dos periodos de capturas: 1997-98 y
2003-04, separados por varios años, no son
mínimamente representativos, sino tan sólo
indicativos (en el primero se obtuvieron diez
ejemplares, y en el último, solamente cinco).
Macrambyx suturalis (Gory, 1832),
una joya viva de art-decó en marfil y ébano
Macrambyx suturalis (Gory, 1832)
(Tamaño real: 71 mm)
Hábitat de Macrambyx suturalis
Macrambyx suturalis (Gory, 1832)
(Tamaño real: 60 mm)
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Esta pérdida absurda, cruel, irrever-
sible e inconsciente de la biodiversidad
es una de las ruinas patrimoniales más
graves de la humanidad. Y, sin embar-
go, se procura ocultar a la opinión pú-
blica, se intenta eliminar de los gran-
des titulares y nunca aparece en los in-
formativos de las televisiones mundia-
les. Tampoco se divulga la utilidad que
numerosas sustancias producidas y
contenidas en el cuerpo de los insectos
pueden representar en sectores tan im-
por tantes como la farmacología, la cos-
mética y la sanidad.
Una sola y peculiar familia de un
único orden sistemático de la clase zo-
ológica de los Insectos es capaz de re-
sumir la grandeza y la decadencia de
nuestra civilización. Los Cerambycidae
aparecieron en nuestro planeta hace
65 millones de años, acompañando a
los vegetales arbóreos. Todas las es-
pecies conocidas son endófitas, es de-
cir, que durante su etapa lar varia viven
en el interior de los vegetales o de al-
guna de sus par tes, y suponen un pa-
pel imprescindible en la cadena ecoló-
gica. Esencialmente ligados a las ma-
sas arbóreas y forestales, aunque nu-
merosas especies se alimenten a ex-
pensas de vegetales arbustivos y plan-
tas herbáceas, estos insectos se en-
cuentran entre los organismos que en
mayor medida contribuyen al reciclaje
de la madera muer ta. Por otra par te,
los adultos de gran número de espe-
cies son florícolas y polinizadores, y
tanto los imagos como los huevos y las
lar vas de la mayoría de especies sir ven
de sustento a otros insectos, a nume-
rosos arácnidos, a cier tos anfibios, a
determinados reptiles y a un grupo
enorme de aves distintas.
EL CICLO BIOLÓGICO DE
LOS CERAMBYCIDAE
L
a vida de estos insectos, cuyas for-
mas adultas permiten una descrip-
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Q
uizás sea el insecto más codiciado por entomólogos y
coleccionistas, lo que no es de extrañar, pues su por te
y aspecto resultan impresionantes. Este Cerambycidae, de
la subfamilia Prioninae, habita en el bosque neotropical
ecuatorial y en el ámbito amazónico septentrional, y sus
adultos aparecen entre los meses de diciembre y marzo.
Los machos son atraídos por las luces intensas, y, espe-
cialmente, por la emitida por las lámparas de vapor de mer-
curio, lo que permite su captura en los claros de la selva
mediante cebos luminosos a los que acuden en vuelo, ca-
yendo en sus cercanías con un estruendo característico.
Si los machos de talla igual o un poco menor a quince
centímetros se cotizan a precios superiores a los 700 dó-
lares por unidad, el impor te aumenta espectacularmente a
medida que el ejemplar aumenta sus milímetros de longi-
tud. Las hembras, rarísimas de encontrar, realmente no tie-
nen precio. El motivo es muy sencillo, ya que su compor ta-
miento es desconocido y discreto, lo que hace que su cap-
tura sea una consecuencia del azar, con escasa probabili-
dad de ocurrencia. Las raras hembras de "Titán", que enri-
quecen las más selectas y minoritarias colecciones, han si-
do recolectadas en plena selva, entre las seis y las siete de
la mañana, cuando recorrían alguna pista o senda de la flo-
resta primaria, sin duda buscando algún tronco donde efec-
tuar la puesta de sus huevos. Es evidente que no existen
muchas personas, y menos con conocimientos mínimos de
entomología, que transiten por senderos de selva amazóni-
ca primaria cuando todavía la luz del día no ha intentado
atravesar la densa protección foliar del dosel arbóreo. Por
otra par te, este enorme y espectacular insecto guarda ce-
losamente muchos de sus secretos biológicos y, aunque
parezca increíble, aún se desconoce cuál o cuáles son sus
plantas hospedantes; a pesar de su gran tamaño,
Titanus giganteus (Linnaeus, 1771), el mayor Coleóptero del mundo
Especies singulares de Cerambícidos neotropicales
Titanus giganteus (Linnaeus, 1771) (Tamaño real: 142 mm)
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ción y diferenciación específicas, suele
transcurrir en periodos de muy diferen-
te duración. El estado de imago, adulto
o insecto per fecto es generalmente efí-
mero, y se extiende desde unos cuan-
tos días a unas pocas semanas como
máximo. Lo justo para que ambos se-
xos se encuentren, consumen el aco-
plamiento y posteriormente las hem-
bras depositen la puesta (huevos) en el
interior de las plantas hospedantes ar-
bóreas, arbustivas o herbáceas. En mu-
chas ocasiones, las hembras adultas
han de per forar con sus mandíbulas la
madera de los árboles que ser virán de
alimento a su prole, antes de depositar
los huevos en las cámaras excavadas
por ellas mismas en las ramas o tron-
cos elegidos. Otras veces, como en el
caso de los representantes del género
Oncyderes, las hembras seccionan cir-
cularmente las ramas hospedadoras
de su progenie para impedir la circula-
ción de la savia que podría ahogar a
sus lar vas.
Insecto adulto, huevo, lar va y ninfa
son las cuatro fases de desarrollo de
un Cerambycidae. Las lar vas comien-
zan a alimentarse tras emerger del hue-
vo, y pueden pasar por diversas mudas
en etapas de muy variable duración, to-
do en función de cada especie par ticu-
lar. Desde unos meses hasta más de
siete años pueden transcurrir, respecti-
vamente y según la especie, en el inte-
rior de los tallos de vegetales herbáce-
os o de la madera de los gigantes del
bosque, e incluso en el interior de otras
par tes de las plantas hospedantes.
Hasta hace relativamente poco
tiempo se creía que las especies de
gran tamaño precisaban un desarrollo
lar vario más largo que especies más
pequeñas. Sin embargo, los estudios
de los ciclos biológicos que han podido
efectuarse sobre algunas especies y
otros datos relativos a la dinámica po-
blacional no confirmados hasta el mo-
mento han permitido esclarecer la fal-
sedad de la suposición. En efecto, los
experimentos bajo control efectuados
en jaulones en cuyo interior se ubica-
ban par tes de árboles recientemente
cor tados y no colonizados por las es-
pecies a estudiar han puesto de mani-
fiesto que el impresionante "Arlequín
de Cayena", Acrocinus longimanus
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no se han descubier to los árboles que albergan a sus
lar vas, y, desde luego, parece indudable que los
"agujeros de salida" de los adultos, en los troncos
que los albergaron, tras la ninfosis, deben de ser de
un impor tante diámetro. Lo único seguro es que los
árboles que dan cobijo y sir ven de alimento a las lar-
vas de este insecto no son los mismos que son ex-
plotados por la industria que comercializa la madera
tropical, ya que, si así fuese, se habrían detectado
los huecos u orificios, que merman notablemente la
calidad de los fustes atacados, por los responsables
de las explotaciones madereras.
La experiencia acumulada por nosotros durante
veinte años de prospecciones entomológicas y cap-
tura de insectos en la Guayana Francesa nos permite
afirmar que las poblaciones de "Titán Gigante" se es-
tán reduciendo paulatinamente, y las capturas de ma-
chos mediante cebos luminosos en los meses de di-
ciembre a marzo van disminuyendo de forma apre-
ciable. Las causas de esta regresión en las poblacio-
nes, evaluada sobre los machos de la especie, se de-
ben a dos factores principales: por un lado, la defo-
restación creciente de los ecosistemas prospecta-
dos, y por otro, la disminución, e incluso desapari-
ción, de la época lluviosa tradicional en la zona.
Todavía no podemos considerar al "Titán" en peli-
gro inminente de extinción en la Guayana Francesa,
pero sería impor tante continuar la evaluación pobla-
cional de ejemplares machos capturados en este pe-
queño, pero representativo, enclave de selva húmeda
neotropical.
Titanus giganteus (Linnaeus, 1771)
(Tamaño real: 160 mm)
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(Linnaeus, 1758), cuyos adultos pue-
den llegar a medir hasta siete centíme-
tros de longitud, tiene un ciclo biológico
que, en la Guayana Francesa, se com-
pleta entre cinco y seis meses, mien-
tras que pequeños Oncyderinae tienen
ciclos superiores a los dos años.
Por otra par te, la dinámica pobla-
cional de los adultos de determinadas
especies, evaluada sobre las fluctua-
ciones de las capturas cíclicas efectua-
das en cier tas épocas del año, han per-
mitido asegurar, con casi total cer teza,
que el mayor Coleóptero que actual-
mente vive sobre la tierra, el
Cerambycidae Titanus giganteus
(Linnaeus, 1771), capaz de alcanzar
una longitud superior a los 16 centíme-
tros, completa su ciclo biológico en un
año.
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e colores muy vivos y formas pe-
culiares, los ejemplares de es-
ta especie, que se extiende por
toda América Central hasta
el sur de Brasil y nor te de
Argentina, presentan
variaciones locales
que, sobre todo,
atañen al co-
lorido ge-
neral del
i n s e c t o .
Los ejemplares de tonos rojos más llamati-
vos son los de la Guayana Francesa,
mientras que en Costa Rica son más
grisáceos, y en el sur de Brasil y nor-
te de Argentina, más anaranjados
o amarillentos.
Esta especie se desarrolla
sobre la madera muer ta de nu-
merosas especies de árboles
amazónicos, especialmente de
las familias de las Moráceas y
Apocináceas, aunque su polifa-
gia le permita vivir sobre otros
representantes arbóreos de fami-
lias diferentes. Su ciclo de vida es
muy variable, y depende tanto de las
condiciones climáticas del entorno
como del hospedante elegido
por las hembras para el desa-
rrollo de las lar vas.
En su día se compro-
bó que sobre troncos
recién cor tados de
la Apocinácea
Couma guia-
n e n s i s
su ciclo
se completa en cinco o
seis meses. Esta investigación fue
realizada en el antiguo insectario
que el ORSTOM (Institut
Français de Recherche Scienti-
fique pour le développement
en Coopération) tenía en
Cayena.
El tamaño de los adultos
también resulta muy varia-
ble, existiendo machos de
poco más de tres centíme-
tros, mientras que otros su-
peran los siete centímetros
de longitud, con un primer par
de patas que abarcan casi los
veinte centímetros. Esta especie
es bastante común y, por el mo-
mento, su super vivencia no resulta
comprometida, siempre que se respeten y
conser ven los ecosistemas naturales donde se desarrolla.
Acrocinus longimanus (Linnaeus, 1758), el singular "Arlequín de Cayena"
Acrocinus longimanus
(Linnaeus, 1758)
(Tamaño real: 55 mm)
Troncos recien cortados de Bagassa guianensis en plena selva: hábitat típico
de Acrocinus longimanus en la Guayana Francesa
Acrocinus longimanus (Linnaeus, 1758)
(Tamaño real: 62 mm)
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Asociación y Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales
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T
ambién conocido como Callipogon armillatus, los ma-
chos adultos de esta especie pueden superar los doce
centímetros de longitud. Su área de distribución es muy
amplia, pues abarca desde Panamá hasta el nor te de
Argentina, al igual que ocurre con el "Arlequín". Sin embar-
go, y aunque no parece figurar como especie sensible, sus
poblaciones son irregulares y no demasiado abundantes,
habiéndose notado un descenso notable en cuanto a las
capturas efectuadas en los últimos diez años.
Las impresionantes mandíbulas de los machos y sus
largas antenas de color negro contrastan con el bello tono
de madera pulida que ostentan sus élitros. La captura de
los escasos ejemplares que se suceden todos los años,
especialmente entre enero y abril en la Guayana Francesa,
se realiza, casi exclusivamente, mediante cebos luminosos
con luces de vapor de mercurio.
Enoplocerus armillatus (Linnaeus, 1767), otro de los gigantes de la familia
Claro en selva primaria de Guayana Francesa,
hábitat de Enoplocerus armillatus
Enoplocerus armillatus (Linnaeus, 1767)
(Tamaño real: 78 mm)
Enoplocerus armillatus (Linnaeus, 1767)
(Tamaño real: 121 mm)
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E
s una especie singular de aspecto elegante cuyos indi-
viduos, cada vez más raros, se distribuyen en las áreas
de selva primaria neotropical de Venezuela, Guayana
Francesa y nor te de Brasil. Esta especie requiere un estu-
dio urgente de su biología, plantas hospedantes y densidad
de poblaciones. Su escasez debería obligar a plantearse a
las autoridades la medida de protección total, al menos
hasta dilucidar la densidad de las reducidas poblaciones
que todavía sobreviven en los ecosistemas en los que se
distribuye de forma natural. Los escasos adultos que se
han capturado en los últimos años lo fueron entre los me-
ses de diciembre y febrero en las zonas más agrestes y re-
cónditas de la Guayana Francesa.
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Ctenoscelis ater (Olivier, 1795), una rareza cada vez más escasa
E
s una especie sumamente fre-
cuente y común en todo el conti-
nente americano. Se distribuye desde
América Central hasta la Argentina,
presentando una gran variedad de ta-
maños, que oscilan entre los 28 y los
65 milímetros, y que coexisten en los
mismos ecosistemas. Ambos sexos
tienen un color uniforme que varía del
castaño oscuro al negro brillante. Los
machos, de mayor tamaño, ostentan
unas poderosas mandíbulas que los
distinguen fácilmente de las hembras.
Aunque los adultos de estos insectos
se capturan durante todo el año en la
Guayana Francesa, parecen ser más
abundantes entre los meses de no-
viembre y marzo.
Stenodontes (Orthomallodon) spinibarbis (Linnaeus, 1758),
uno de los cuatro mosqueteros
Ctenoscelis ater (Olivier, 1795)
(Tamaño real: 85 mm)
Pista forestal "Trou Poisson" (Guayana Francesa, hábitat del rarísimo Ctenoscelis ater
Stenodontes spinibarbis (Linnaeus, 1758)
(Tamaño real: 60 mm)
Claro de selva primaria (Guayana Francesa,
hábitat de Stenodontes spinibarbis
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Asociación y Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales
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E
sta especie de extensa repar tición geográfica que, an-
taño, era sumamente frecuente, resulta hoy en día ca-
da vez más rara. Sus poblaciones, íntimamente relaciona-
das con cier tas palmeras y, en concreto, según determina-
dos científicos, con Maximiliana maripa, ocupan todo el ám-
bito amazónico, desde Ecuador hasta Brasil, desarrollán-
dose en los pies muer tos o muy debilitados de la especie
de palmera anteriormente mencionada.
Los machos, que pueden superar los 140 milímetros de
longitud, con frecuencia tienen unas impresionantes man-
díbulas cuya función real aún se desconoce, aunque pue-
dan inter venir en los cor tejos de acoplamiento o les sir van
para desplazar a otros competidores durante las escara-
muzas que se llevan a cabo entre ellos para obtener el fa-
vor de las hembras.
Se relatan múltiples curiosidades sobre su biología y
costumbres, pero desgraciadamente su autenticidad es po-
co fiable, ya que están basadas en obser vaciones perso-
nales de aventureros y cazadores profesionales cuya ima-
ginación suele ser más fér til que la propia selva por la que
transitan. Las capturas ocasionales que se realizan permi-
ten asegurar que estos insectos se alejan poco de los lu-
gares donde eclosionaron, que tienen escasa tendencia a
la huida en vuelo, aunque están per fectamente dotados pa-
ra desplazarse durante largas distancias. De forma rara y
ocasional acuden a la luz, pero los escasos ejemplares que
se capturan suelen serlo sobre el suelo de la selva, y, cuan-
do esto ocurre, no es raro que se encuentren varios ejem-
plares juntos.
Macrodontia cervicornis (Linnaeus, 1758)
Selva de transición primaria a secundaria con palmeras, en Regina
(Guayana Francesa), hábitat de Macrodontia cervicornis
Macrodontia cervicornis (Linnaeus, 1758)
(Tamaño real: 133 mm)