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FOTOGRÁFICO
REPORTAJE
El valle del río Viejas:
recorrido por la vegetación
de un valle escondido
El valle del río Viejas es uno de esos lugares recónditos entre
montañas que parece que están ahí para rellenar los huecos en
los mapas. Al no contener ninguna población, las carreteras
solamente lo rozan, hasta el punto que da la sensación que
lo evitan. Antaño era lugar de paso en el recorrido por
los caminos rurales que comunicaban los pueblos de la zona. Hoy
ya no queda de paso de nada, salvo para caminantes sin prisas.
Está situado en el sureste de la provincia de Cáceres, en plena
Serranía de las Villuercas-Ibores. El río que da nombre al valle
nace a 1.601 m de altitud, en el propio pico de Las Villuercas, y
desemboca en el río Ibor, a 480 m de altitud, después de recorrer
21'5 km en dirección noroeste. La cuenca vertiente tiene una
forma marcadamente alargada y una superficie de 4.930 ha den-
tro de los municipios de Castañar de Ibor, Robledollano, Cabañas
del Castillo y Navezuelas.
David León Carbonero
Ingeniero Técnico Forestal
Panorámica del valle desde el pico de las Villuercas
E
sta comarca cacereña está con-
siderada como una estribación
de los Montes de Toledo en la
provincia de Cáceres, que emer-
ge aquí, como un islote montañoso, en
la extensa penillanura. Está constituida
por alineaciones de sierras lineales y
paralelas, separadas por profundos va-
lles, conformando un típico relieve
Apalachense. De manera general, la
dura cuarcita forma las crestas de las
sierras, intercalándose con las pizarras
en los valles, que al ser mucho más
blandas han permitido el encajona-
miento de ríos y arroyos. El desmoro-
namiento de las cumbres cuarcíticas
durante el Cuaternario provocó la apari-
ción de las pedreras que cubren lade-
ras enteras. El valle del Viejas sigue es-
te esquema básico: el río fluye entre
500 y 700 metros de altitud, mientras
que las cumbres que lo flanquean se si-
túan entre los 1.000-1.600 m.
La presencia de las montañas mo-
difica la mayoría de los condicionantes
ecológicos, empezando por los relati-
vos al clima. Como ejemplo, la precipi-
tación media en esta comarca es el do-
ble de la registrada en la penillanura
circundante, superando los 1.000 mm
en algunas estaciones, con años muy
lluviosos donde se rebasa fácilmente la
cifra de 1.500 mm. Si a esto le suma-
mos la suavización de las temperaturas
máximas, típico de las zonas montaño-
sas, el resultado es una fuer te dismi-
nución de la sequía estival y, por tanto,
unas adecuadas condiciones para la vi-
da vegetal, en par ticular del bosque
mediterráneo esclerófilo y subesclerófi-
lo. Por otro lado, el relieve montañoso
favorece la diversidad vegetal, por ser
un medio cuyas condiciones cambian
mucho en poca super ficie, efecto muy
evidente en la zona que nos ocupa.
Las montañas son las máximas
aliadas del bosque, no sólo por favore-
cerlo climáticamente, sino por la pre-
sencia de una orografía altamente acci-
dentada. Las fuer tes pendientes, pro-
fundos barrancos y abundancia de ro-
quedos y pedreras han hecho que el
hombre de esta comarca desestimara
el uso agrícola e históricamente se cen-
trara en usos más forestales, como ga-
nadería, carboneo, producción de cor-
cho, apicultura y caza. Por lo tanto, nos
encontramos ante una comarca funda-
mentalmente forestal, cuya vegetación
está relativamente bien conser vada y
en las que las áreas degradadas tienen
facilidades naturales para la recupera-
ción.
La pendiente media del valle es del
20%, con máximos del 50%. La super-
ficie que se podría considerar como lla-
na (con pendientes inferiores al 10%)
no llega al 8% y, curiosamente, coinci-
de en porcentaje, que no necesaria-
mente en localización geográfica, con
la super ficie ocupada por cultivos. El
92% restante puede considerarse co-
mo terreno forestal. Las tres cuar tas
par tes de los cultivos son plantaciones
de castaño para producción de fruto,
en muchas ocasiones con alto grado de
naturalización.
Asociación y Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales
53
Vista general del Valle
PRINCIPALES TIPOS DE BOSQUE
L
a riqueza forestal del valle radica en
los bosques que alberga. La totali-
dad de las masas arboladas, excepto
alguna mancha de castañar, son de ori-
gen natural, y existe una gran super fi-
cie con escaso grado de inter vención
por par te del hombre.
Se pueden encontrar dos tipos fun-
damentales de bosques: Esclerófilo y
Subesclerófilo, en los que entran en
juego varias especies, sobre todo del
género Quercus (fundamentalmente, Q.
ilex y Q. suber para el Tipo Esclerófilo y
Q. faginea y Q. pyrenaica para el Tipo
Subesclerófilo). Estas son las domina-
doras de los bosques zonales, y se
pueden presentar en masas monoes-
pecíficas (lo más común) o pluriespecí-
ficas, formando los llamados bosques
mixtos, situados en ambientes de tran-
sición de los dos tipos básicos. Estos
lugares presentan condiciones ecológi-
cas aptas para la vida de cualquiera de
esas especies, y lo habitual es que se
encuentren íntimamente mezcladas en-
tre sí y con otras como Arbutus unedo,
Sorbus torminalis, Acer monspessula-
num y Juniperus oxycedrus.
Son comunes también las mezclas
a dos de estas especies principales;
así, podemos encontrarnos: alcornoca-
les con encinas o con quejigos, depen-
diendo de la humedad del suelo; rebo-
llares con quejigos en las umbrías ba-
jas; y hasta rebollares con encinas en
las cercanías de las cumbres.
En el conjunto del valle se aprecia
una concatenación desde las zonas ba-
jas, con vegetación esclerófila domina-
da por encinas y sobre todo alcorno-
ques, hasta las zonas altas, más frías,
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Pedreras
Bosque mixto de la Umbría del Manzano
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Castañares y prados del fondo del valle en Navezuelas
Robledal en la Umbría de la Venta
Pedrera del Horcajo
Robledal de Quercus pyrenaica
con Quercus ilex en el arroyo Valdemingo
Alcornocal en el Aguazal
dominadas por los rebollares, pasando
por los quejigares en las zonas medias
con suficiente humedad.
Las distintas orientaciones, la pro-
fundidad variable de los suelos, la pre-
sencia de las pedreras y, en algunos
casos, la inversión térmica provocan
cambios en esta catena lógica. Se po-
drían poner de ejemplo:
- los rebollares existentes a menos
de 600 m de altitud en las umbrías y
fondos de valle.
- los encinares de suelos poco pro-
fundos de las par tes altas de las lade-
ras.
- los quejigares sumidos en el am-
biente esclerófilo, aprovechando sue-
los húmedos en el entorno de las pe-
dreras.
Todo esto provoca un sinfín de com-
binaciones de complejo análisis, pero
con un resultado magnífico en cuanto a
variedad de hábitats y paisajes.
En cuanto a la estructura de los
bosques, se puede concretar, desde un
punto de vista sintético, que son zonas
de muy alta densidad (mayor al 80% de
cubier ta, salvo formas adehesadas o
pedreras profundas), de estructura irre-
gular en cuanto a edades, con abun-
dancia de árboles castigados por anti-
guas podas para producción de carbón
y ramón, con estratos arbustivos y de
matorral, pero con muy escaso estrato
herbáceo.
¿Dónde vive el bosque? A pesar de
la gran super ficie de bosque, no hay
que olvidar que, como en casi todas las
regiones, el bosque vive donde el hom-
bre le ha dejado vivir (zonas de elevada
altitud, pendientes fuer tes, lugares pe-
dregosos, afloramientos rocosos...), no
donde quisiera vivir: Aún así, algunos
de estos lugares también se descuaja-
ron y sobrepastorearon en épocas his-
tóricas difíciles. La excepción está en
los bosques de ribera, ya que a pesar
de habitar en vegas muy codiciadas por
el hombre, su capacidad de recupera-
ción es tan alta que se han mantenido
con un alto grado de conser vación, por
lo que suponen uno de los tesoros del
valle.
OTROS TIPOS DE BOSQUE
Y FORMACIONES ARBUSTIVAS
S
i bien el 90% de los bosques están
dominados por especies del género
Quercus, existen distintos tipos de for-
maciones arboladas o arbustivas don-
de predominan otras especies que
apor tan valores ecológicos y científi-
cos, y, en general, un aumento de la
biodiversidad del conjunto. Nos esta-
mos refiriendo, por ejemplo, a los ma-
droñales puros o en mezcla con otras
especies arbustivas como Phillyrea an-
gustifolia, Erica arborea, Viburnus ti-
nus, Pistacia terebinthus... (los deno-
minados vulgarmente como "matorre-
ras" o "manchas", también "maquis"
en un lenguaje más técnico), que abun-
dan en las umbrías de altitud media o
baja.
En los riscos más expuestos se de-
sarrolla un enebral arbustivo de muy
escasa densidad pero de alto valor eco-
lógico, ya que en estas zonas de esca-
so suelo y tan seco ni siquiera Quercus
ilex vegeta en buenas condiciones. En
cambio, Juniperus oxycedrus prospera,
acompañado de otros muchos elemen-
tos vegetales rupícolas fisurícolas.
Como ya se ha comentado, uno de
los tesoros vegetales del valle es el al-
to grado de conser vación de los bos-
ques de ribera. En la mayor par te de su
recorrido el río Viejas discurre rodeado
de un denso dosel arbóreo dominado
por Alnus glutinosa casi de manera ex-
clusiva. Salpicadas entre la aliseda se
pueden ver otras muchas especies co-
mo Fraxinus angustifolia, Salix atroci-
nerea, Prunus lusitanica, Ilex aquifo-
lium, Arbutus unedo, Castanea sativa,
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Matorrales y bosque mixto en el norte del valle
Esquema de situación de los principales tipos de bosques
respecto a las características básicas del suelo y del clima.
Se puede apreciar cómo
los alcornocales ocupan la
mayoría de la super ficie con
clima templado, salvo cuan-
do por falta de humedad ce-
den el terreno a los encina-
res, o cuando no pueden
competir con los quejigares
en zonas más húmedas. En
lo que respecta a las zonas
frías con suficiente hume-
dad, los rebollares no tienen
competencia alguna, pero en
los suelos más secos (por
escasa profundidad o por ex-
posición a vientos o radiación solar intensa) ceden el terreno a la encina. En
medio de todos ellos aparece lo que se ha llamado "zona común", que se co-
rresponde con ambientes de transición entre los distintos tipos principales,
con posibilidades de establecimiento de bosques mixtos.
Frangula alnus, Cor ylus avellana y cual-
quiera de los representantes del géne-
ro Quercus. Cuando estas especies se
hacen más abundantes, se forma un
auténtico bosque mixto. La vegetación
típica de las riberas se completa con
un estrato de matorral alto con abun-
dancia de brezos y un estrato herbáceo
donde destacan por cantidad y variedad
los helechos.
Mención especial merecen las lla-
madas "loreras", o, en nuestro caso,
simplemente grupos de ejemplares de
Prunus lusitanica que se han conser va-
do en algunas gargantas y en el entor-
no del río principal. Esta especie es ha-
bitual en los bosques de ribera de todo
el valle, vegetando con por te arbustivo
a la sombra de los alisos, lo que da
una idea de su necesidad de humedad
ambiental y su capacidad de sopor tar
la sombra. Prunus lusitanica es una es-
pecie de hoja típicamente lauroide, pro-
pia de bosques subtropicales macaro-
nésicos. Se la considera una especie
relícta proveniente de las laurisilvas
que se extendían por gran par te de la
península durante el Terciario. El loro
no es el único elemento vegetal que
nos ha quedado de ese pasado húme-
do y cálido, pero sí el más representa-
tivo. La serranía de las Villuercas es
uno de los lugares de la península
Ibérica donde mejor se ha conser vado
esta especie.
Asociación y Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales
57
LA IMPORTANCIA DE LAS PEDRERAS
E
s muy habitual la presencia de pie-
dras de cuarcita cubriendo los sue-
los, consecuencia de los grandes pro-
cesos de crioclastismo durante el
Cuaternario. Se formaron así las lla-
madas pedreras, que llegan a cubrir
laderas completas. Actualmente se
puede considerar que están estabili-
zadas por la pendiente y no registran
prácticamente movimiento. Protegido
por las piedras existe un suelo poten-
te, sin apenas erosión y con gran hu-
medad. Las piedras producen un efec-
to trampa que deja pasar el agua y a
su vez evita la evaporación. A todo es-
te proceso hay que sumarle el olvido
de estas zonas por par te de la pobla-
ción local.
El resultado de todo esto es que
allí donde la capa de piedras no es
muy profunda y las semillas pueden
germinar, se llega a desarrollar un es-
trato arbóreo con unas condiciones ex-
cepcionales de vida. Estos árboles son
siempre mayores y de especies más
exigentes que los del entorno fuera de
las pedreras; así, es frecuente encon-
trar alcornoques de gran tamaño en
esta zonas, o quejigos y rebollos fuera
de su ambiente habitual. En cambio,
los estratos herbáceo y de matorral en-
cuentran muchas más dificultades pa-
ra establecerse entre las piedras.
Estas zonas son a su vez un arma
de doble filo para la vida vegetal, ya
que en las pedreras muy profundas no
puede desarrollarse vegetación algu-
na, fundamentalmente debido a difi-
cultades de nascencia.
Pedrera rodeada de vegetación
Vegetación de ribera
Aliseda
Por último, hay que hablar de los
cultivos de castaños, que aunque no
son bosques propiamente dichos, una
vez que se ha conseguido el castañar,
las inter venciones humanas son muy
escasas, logrando un grado de naturali-
zación que los acerca al concepto de
bosque. Son muy comunes por toda la
zona alta del valle, tanto en solanas co-
mo en umbrías.
LOS MATORRALES: LA CLAVE
DE LA EVOLUCIÓN VEGETAL
S
i hablamos de los matorrales del
valle del Viejas, tenemos que ha-
blar de jarales y brezales. Estos dos ti-
pos son los más comunes y casi los
únicos, si exceptuamos los escobona-
les, los cantuesares y otros matorrales
bajos de escasa impor tancia.
El jaral está dominado en exclusiva
por Cistus ladanifer y los brezales por
Erica australis, aunque en ambos pue-
den aparecer otras especies como
Cistus populifolius, Cistus psilosepa-
lus, Erica arborea, Erica scoparia, Erica
umbellata, Cytisus striatus, Cytisus
scoparius, Cytisus multiflorus, Genista
cinerascens, Genista florida, Pteros-
par tum tridentatum y otras muchas. En
general, son matorrales de gran talla y
alta densidad.
Los dos tipos principales son abun-
dantes en todo el valle (con la salvedad
de que los brezales no se desarrollan
en terrenos muy secos o con poco sue-
lo), aunque lo más habitual es encon-
trar un matorral mixto jaral-brezal con
distintas proporciones de las especies
principales. Y aquí es donde se pone
de manifiesto la evolución vegetal.
Se ha obser vado que los terrenos
desnudos de cualquier ambiente son
rápidamente colonizados por las jaras,
que en poco tiempo cubren el suelo.
Posteriormente, aprovechando esta
protección, los brezos colonizan los
huecos entre jaras y comienza la com-
petencia. Con el tiempo las dos espe-
cies se hacen codominantes, repar-
tiéndose el espacio de esta manera:
Cistus ladanifer domina en altura pero
Erica australis domina en densidad, for-
mando un subestrato de menor talla
(en este estado están gran par te de los
matorrales actuales, después de trans-
curridos unos 30 años desde el aban-
dono de los cultivos). Si la evolución ve-
getal continúa, se completa con la pro-
gresiva muer te de las jaras, literalmen-
te asfixiadas por el brezal, dejando co-
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Grupo de Prunus lusitanica con Alnus glutinosa y Castanea sativa
Prunus lusitanica
Castaño con erizos abiertos
Castaños en la umbría de la Tejadilla
mo resultado un brezal puro donde se
puede empezar a ver regeneración de
especies arboladas y arbustivas, siem-
pre y cuando no exista un pastoreo ex-
cesivo.
Estas son las fases habituales don-
de comienza la evolución vegetal de es-
ta zona, y cabe destacar que todo pasa
por un jaral, independientemente del
bosque potencial que pueda desarro-
llarse en un futuro, por lo que no se de-
ben asociar de manera unívoca las ja-
ras a los bosques esclerófilos y los bre-
zos a los subesclerófilos, como habi-
tualmente se hace.
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Cistus ladanifer
Erica australis
Brezal-jaral
Brezal mixto de
Erica arborea y
Erica australis
Estefanía Muñoz
DIRECTIVA HÁBITATS
T
oda la serranía de las
Villuercas-Ibores está incluida
en la Zona de Especial Protección
para las Aves llamada "Sierra de
las Villuercas y Valle del
Guadarranque", y por tanto es uno
de los Lugares de Impor tancia
Comunitaria propuestos en
Extremadura para integrar la Red
Natura 2000. La Unión Europea ha
designado cuáles son los hábitats
de interés comunitario y ha resal-
tado algunos de ellos como de
conser vación prioritaria.
Si comparamos estos tipos de
habitats con las agrupaciones ve-
getales del valle, podremos ver
que 19 hábitats naturales de inte-
rés comunitario (tres de ellos, prio-
ritarios) están presentes en esta
cuenca, y que en su conjunto ocu-
pan casi el 80 % del valle. Se com-
prueba, por tanto, el acier to de la
Junta de Extremadura al incluir la
Sierra de las Villuercas dentro de
la Red Natura 2000.
LAS GRANDES AMENAZAS
DE LA VEGETACIÓN
Las grandes amenazas para la con-
ser vación y evolución futura de la vege-
tación son la consecuencia de dos fac-
tores humanos: el abandono y la so-
breexplotación. Estos dos componen-
tes, aparentemente contrapuestos, se
están produciendo a la vez en buena
par te del valle.
Por un lado, el abandono de la ga-
nadería tradicional y la agricultura mar-
ginal han provocado la aparición de
grandes super ficies cubier tas por un
matorral denso intercaladas entre las
zonas arboladas. Esto provoca un alto
peligro de incendios de difícil control
por la escasa red de cor tafuegos y fal-
ta de limpieza de los mismos. Una vez
más, las pedreras existentes a lo largo
de todo el valle son las máximas alia-
das del bosque, haciendo las funciones
de cor tafuegos naturales.
En lo referente a la sobreexplota-
ción, nos referimos en concreto a la ex-
cesiva carga ganadera existente en las
fincas cinegéticas de la mitad sur del
valle. Estas fincas están centradas en
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Adenocarpus argyrophyllus
Ilex aquifolium
Sedum
brevifolium
Hyacinthoides non-scripta
ESPECIES PROTEGIDAS PRESENTES
Táxones protegidos por la legislación extremeña presentes en el valle del río Viejas
CATEGORÍA
Sensibles a la alteración
de su hábitat
Vulnerables
De interés especial
Taxon
Drosera rotundifolia L.
Prunus lusitanica L. subsp. lusitanica
Acer monspessulanum L.
Ilex aquifolium L.
Juniperus oxycedrus subsp. badia
(H. Gay) Debeaux
Sorbus torminalis (L.) Crantz
Adenocarpus argyrophyllus (Rivas Goday) Caball.
Cor ylus avellana L.
Erica tetralix L.
Genista cinerascens Lange
Narcissus bulbocodium L.
Ruscus aculeatus L.
Veronica serpyllifolia subsp. langei (Lacaita) Laínz
la producción cinegética y no tienen en
cuenta los efectos nocivos que sobre la
vegetación provoca el exceso de ani-
males pastando. En aquellos lugares
con más carga ganadera se han detec-
tado las siguientes consecuencias: ine-
xistente regeneración de especies ar-
bóreas y arbustivas (parón en la evolu-
ción vegetal), desaparición total de las
leguminosas, excesivo ramoneo en las
especies más palatables (incluso los
brezos), escasez de herbáceas, com-
pactación del suelo alrededor de los co-
mederos y algunos episodios erosivos
con regresiones fuer tes en la dinámica
vegetal.
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Sorbus torminalis
Narcissus bulbocodium
Digitalis
purpurea
Orchis mascula
Acer monspessulanum
Muflón en la umbría del Manzano