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n.
o
31
TÉCNICA
COMUNICACIÓN
Puede deducirse de la diversidad de especies vegetales con las que se
cuenta en los jardines de rocalla que la fauna asociada a ellos es rica y
variada -en comparación con otras modalidades de jardinería-, entre
la que se incluye, por desgracia, a la fauna nociva.
Mas por fortuna, también se encuentran especies, residentes o no
en la rocalla, que resultan beneficiosas para su estado sanitario, sin
contar aquéllas que actúan indirectamente en tal sentido mediante
la mejora de las condiciones edáficas (lombrices de tierra, fundamen-
talmente), grupo este último que no será objeto del presente artículo.
Además de la fauna beneficiosa, propia del lugar o traída a propósito,
existe otra categoría de fauna que podría calificarse como acom-
pañante no dañina, cuya función principal es alegrarla o amenizarla
con su mera presencia. En todos los casos basta con disponer de algo
de tiempo para ejercitar las dotes de observador: la rocalla deparará en
tal sentido abundantes sorpresas (tanto de día como de noche).
A
hora bien, cuando no es suficiente
con la actuación de la fauna bene-
ficiosa
presente de forma natural
para mantener
el estado sanitario
mínimo exigible, la industria
ofrece el apoyo
preciso, no sólo mediante
la producción de
fitosanitarios químicos
, sino también me-
diante la creación de prep
arados de organis-
mos de control biológico a
base de especies
naturales o no del entorno.
Es preciso
dejar bien
claro que las plagas
en jardinería difieren sustancialmente de las
plagas agrícolas en el sentido de que no es
la cosecha (productos) la que puede verse
comprometida, sino la belleza de los elemen-
tos vegetales, derive ésta de las flores, el
follaje, la forma o cualquier otro aspecto de
los mismos. Es más, algunas de las plagas
agrícolas paradigmáticas, como la langosta,
no cabe considerarlas sino plagas ocasiona-
les o menores en jardinería, todavía más en
jardinería de rocallas.
Para aclarar conceptos, se considera pla-
ga, en sentido amplio, a los animales que
causan daños, de manera directa o indi-
recta, a las plantas. Pueden ser de lo más
diverso: Micromamíferos, Aves, Moluscos
Gasterópodos, Crustáceos, Ácaros, Insectos
o Nematodos.
Fauna acompañante
no dañina y beneficiosa
para la sanidad de
los jardines de rocalla (I)
Francisco Javier
Cantero Desmartines
Ingeniero Técnico Forestal
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Asociación y Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales
47
En sentido estricto se refiere a los
que causan un deterioro significativo
de las condiciones en que vegetan las
plantas afectadas, y además lo hacen
con regularidad anual, de forma que
resulta necesario tomar medidas de
corrección (tratamientos fitosanitarios).
Entre estas plagas de las plantas de
rocalla merecen especial mención los
arañuelos, los pulgones, las moscas
blancas, los trips y lepidópteros (como
Cacoecimorpha pronubana).
Pero también pueden presentarse
plagas ocasionales (gorgojo de los bul-
bos, alacrán cebollero), cuyo carácter
esporádico (proverbial en el caso de
Autographa gamma) no implica que no
sean temibles, hasta el punto de hacer
desaparecer la especie o especies
afectadas.
Otras veces se producirán daños,
frecuentes o no, de poca monta, por
lo que no se necesitarán tratamientos
fitosanitarios: es el caso de las
plagas
menores (ciertos crisomélidos y chin-
ches). Pero a veces sucede que éstas
presentan explosiones demográficas
que las convierten en lo que se ha
dado en llamar plagas potenciales,
que en casos resultan devastadoras
(topillos, cochinillas de humedad).
Se debe reseñar que, al igual que
sucede en tantas tiras cómicas y te-
beos, la relación entre animales bene-
ficiosos dista mucho de resultar idílica,
pues de la misma manera que el pez
grande se come al chico, muchos de
estos seres no tienen reparos en con-
vertir en proteínas propias a otros más
pequeños o débiles, por muy beneficio-
sos que igualmente resulten (así, de
paso, se elimina la competencia por el
alimento). De manera que, por poner
un simple ejemplo, si se aprecia que
la población de lagartijas disminuye de
manera perceptible (o desaparece por
completo), no se ha de descartar que
se deba a los buenos oficios de algún
lagarto, que acabará asimismo por huir
o ser digerido por una sigilosa serpien-
te, que tampoco son extrañas éstas en
rocallas de ámbito campestre.
Sirva de punto final a esta intro-
ducción indicar que, como es natural,
no todas las especies a que se refiere
el título de este escrito se verán refle-
jadas en las siguientes líneas, por lo
que se piden disculpas a las escolo-
pendras, de la clase de los Quilópodos
(Chilopoda) en representación de todas
ellas.
MAMÍFEROS (CLASE Mammalia)
E
ntre los Mamíferos son escasas las
especies que contribuyen al buen
estado sanitario de este tipo de jardi-
nes. No obstante, dentro del orden de
los Erinaceomorfos (Erinaceomorpha),
los erizos europeo (Erinaceus euro-
paeus) y moruno (Atelerix algirus), de la
familia de los Erinaceidos (Erinaceidae),
pueden incluir dentro de sus áreas de
campeo a las rocallas, de manera que
alguna que otra noche les corresponda
darles un repaso. El erizo europeo con-
sume sobre todo lombrices de tierra,
pero no desdeña babosas, caracoles,
insectos, batracios e incluso crías de
microrroedores, a las que busca en sus
madrigueras (¡ojo!, que puede resultar
peor el remedio que la enfermedad);
el erizo moruno depreda sobre piezas
más pequeñas: insectos, caracolillos,
miriápodos ­ciempiés y milpiés- y co-
chinillas de humedad. El primero de
ellos se encuentra presente en la prác-
tica totalidad de la península Ibérica,
mientras que el segundo, al parecer,
es originario del norte de África y ha
sido introducido en el levante y los dos
archipiélagos.
Erinaceus europaeus
Un tierno infante de Lacerta schreiberi, fácil presa a su corta edad para variadas especies
Ignacio
Martín
Sanz
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48
n.
o
31
Algo parecido puede suceder con
las diferentes especies de musara-
ñas y musgaños (familia Sorícidos
­Soriciidae,
orden
Soricomorfos
­Soricomorpha-), también de costum-
bres eminentemente crepusculares y
nocturnas, pero con áreas de actividad
más reducidas que en el caso de los
erizos, por lo que no es raro que alguno
que otro de estos animales decida es-
tablecer su refugio o nido en la rocalla,
algo poco recomendable si se tiene
en cuenta que tanto éstos como las
madrigueras no son deseables en la
misma, pues sus inquilinos la ensucian
al excavar nuevas galerías o limpiar-
los, cuando no desarraigan o matan
plantas en tales menesteres. Quizás
la especie más ligada a los jardines
sea la musaraña gris (Crocidura russu-
la
), que captura miriápodos, cochinillas
de humedad, arañas, gasterópodos y
orugas de lepidópteros. Entre los as-
pectos negativos, sucede que algunas
musarañas también se alimentan, en
menor grado, de elementos vegetales,
además de animales beneficiosos co-
mo las indicadas lombrices o las socia-
bles salamanquesas, pero el problema
fundamental reside en que tanto erizos
como musarañas pueden resultar víc-
timas de envenenamiento al comer
caracoles y babosas afectadas por mo-
lusquicidas, cuando no directamente
los productos ponzoñosos.
Los murciélagos (orden Quirópteros
­Chiroptera-) también ejercen una fun-
ción positiva, pues consumen gran can-
tidad de insectos nocivos, casi siempre
voladores, lo que no significa que
algunas especies no sean capaces de
cazar a sus presas cuando éstas se
encuentran en tierra. Tienen la ventaja
de que son respetuosos con plantas y
rocas, por la cuenta que les trae.
AVES (CLASE Aves)
L
as rocallas se ven visitadas por
una amplia variedad de especies de
aves, cuya representación dependerá
no tanto de la zona de España como
de la localización de aquéllas. Así, tal
variación es clara en función de que los
jardines de roca se hallen inmersos en
las ciudades, en áreas periurbanas, en
pueblos o en pleno campo.
Entre las aves que se cuentan
como visitantes frecuentes, incluso en
zonas urbanas, se encontrarán con su-
ma frecuencia los mirlos (Turdus meru-
la
), de la familia de los Muscicápidos
(Muscicapidae), que acuden a alimen-
tarse a la rocalla, donde capturan
caracoles, cochinillas de humedad,
larvas subterráneas y lombrices -es-
tas últimas, aquí siempre abundantes-,
preferentemente al amanecer. Su des-
velo por desenterrar las presas subte-
rráneas convierte sus afanes más en
dañinos que beneficiosos.
A veces se ven desplazados por los
cada día más frecuentes estorninos en
las ciudades y poblaciones del extrarra-
dio. Y es que resulta digno de remarcar
el fenómeno que a nivel europeo se
está produciendo en las últimas déca-
das con los Estúrnidos (Sturnidae). El
estornino pinto (Sturnus vulgaris) co-
loniza con celeridad campiñas y urbes,
hasta el punto de haber ampliado con-
siderablemente su área de nidificación
en la península Ibérica, en la que se ha
adueñado de gran parte del nordeste
y amplias zonas de la cornisa cantá-
brica; por lo demás, en el resto de la
península es abundante aunque no
nidifique. Las causas de la explosión
de las poblaciones españolas tanto
del estornino pinto como del estornino
negro (Sturnus unicolor) en las inme-
diaciones de los poco fiables humanos
no están suficientemente claras: se
apunta a una mejora en las condicio-
nes de los dormideros de sus nume-
rosas colonias, merced a la presencia
de arbolado de grandes dimensiones,
a las temperaturas invernales más
benignas que se manifiestan en estas
islas de calor en que se han convertido
muchas ciudades, o al incremento de
las temperaturas que se produce en
todas partes, tenga o no tenga esto
que ver con el tan cacareado cambio
climático, a la práctica ausencia de de-
predadores, a lo variado de las fuentes
Crocidura russula
Parus major
Ignacio
Mart
í
n
Sanz
Ignacio
Mart
í
n
Sanz
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Asociación y Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales
49
de alimentación que proporcionan los
jardines e incluso a la actitud de los
habitantes de las ciudades, cada vez
más respetuosos con el medio y, por
tanto, la fauna que alberga. El caso
es que, como ya se ha indicado, son
capaces de desplazar a los mirlos de
algunos de sus feudos tradicionales,
pues consumen parecidas presas: don-
de sientan sus reales los estorninos
negros es raro observar lombrices de
tierra, gasterópodos y cochinillas de
humedad; entre las preferencias de
los estorninos pintos se cuentan las
correosas larvas de las zanquilargas
típulas. Es difícil establecer si las ven-
tajas que pueden dispensar a las roca-
llas superan a los desaguisados que
cometen, algo que varía mucho según
el tipo de rocalla, la densidad de estor-
ninos y, ¿por qué no?, la percepción al
respecto de la persona responsable o
propietaria de la misma.
En áreas poco urbanizadas (vivien-
das de segunda residencia o suburbios)
llegan a verse pajarillos insectívoros,
algunos de los cuales son mayormente
invernantes, como el solitario petirro-
jo (Erithacus rubecula), mientras que
otros están presentes durante todo el
año, como los escandalosos carbonero
común (Parus major) y herrerillo común
(Parus caeruleus), este último de relati-
vo interés porque no suele bajar al sue-
lo para alimentarse. En cambio, el que
no duda en pasearse con su corta cola
enhiesta entre la maraña de plantas y
por las rocas buscando su comida es
el pardo, redondito y vivaracho chochín
(Troglodytes troglodytes), frecuente en
toda España, más por todo el norte y
en sotos y riberas de ríos en el sur,
también en jardines. Los mosquiteros
(género Phylloscopus) suelen verse tan
sólo en épocas de migración, como
en el caso del mosquitero musical (P.
trochilus
), o durante todo el año, como
sucede con los mosquiteros común
(P. collybita) e ibérico (P. ibericus);
los papamoscas (géneros Ficedula y
Muscicapa
), en particular el gris (M.
striata
), y algún que otro zarcero (gé-
nero Hippolais) tienen más
p r e s e n c i a
en los meses cálidos;
todos ellos hacen auténticos alar-
des de delicadeza y precisión para
eliminar pulgones y otros pequeños
insectos. En cuanto a las familias
a las que pertenecen, los géneros
Ficedula y Muscicapa militan en la
de los Muscicápidos (Muscicapidae),
Phylloscopus e Hippolais, en la de los
Sílvidos (Sylviidae), Parus, en la de los
Páridos (Paridae), y Troglodytes, en la
de los Troglodítidos (Troglodytidae).
Aparte de estos pájaros insectívo-
ros, otros fundamentalmente granívo-
ros también alegran el jardín rocoso
con la belleza de su plumaje y su canto,
como son los casos de los Fringílidos
(familia Fringillidae) jilguero -o colo-
rín- (Carduelis carduelis), verdecillo ­o
chamariz, también llamado chamarín
y serín- (Serinus serinus) y verderón
(Carduelis chloris). Sus preferencias
alimenticias no impiden que consuman
presas vivas, sobre todo en época de
cría; además, el verdecillo es muy afi-
cionado a los pulgones.
Como colofón a los beneficios que
las aves aportan a las rocallas, cabe
mencionar que de sus excrementos ex-
traen los nutrientes necesarios para un
buen desarrollo numerosos líquenes
que cubren y adornan las desnude-
ces de las rocas.
REPTILES Y ANFIBIOS
(CLASES Reptilia Y Amphibia
RESPECTIVAMENTE)
U
nos conspicuos residentes son
las lagartijas, cuya representa-
ción específica es distinta según el
ámbito geográfico y el entorno del
jardín. Por otra parte, son difíciles de
identificar debido a su gran variabili-
dad y la complicación que representa
la división de algunas especies en
estirpes de menor rango. Quizá las la-
gartijas más habituales en las rocallas
españolas sean la lagartija común o
ibérica (Podarcis hispanica), la lagartija
roquera (Podarcis muralis), la lagartija
colilarga (Psammodromus algirus) y la
lagartija serrana (Lacerta monticola),
de la cual sólo se encuentran en bajas
cotas los representantes del norte de
España; pero otras propias del lugar
donde se construye el jardín de rocas
no manifiestan especiales reparos en
colonizarlo a la mínima de cambio. La
dieta de estas lagartijas varía de una
especie a otra, y dentro de una misma
especie, entre localidades, pero en
general se basa en insectos y arácni-
dos, con especial incidencia, entre los
primeros, en los coleópteros, dípteros
y hemípteros, sobre todo formícidos;
tampoco desdeñan larvas varias, gas-
terópodos y cochinillas de humedad.
Menos comunes, con presencia
que se limita casi exclusivamente a
rocallas del ámbito rural, se muestran
los imponentes lagartos: el señorial
lagarto ocelado (Lacerta lepida), el
lagarto verde (Lacerta bilineata) y el
lagarto verdinegro (Lacerta schreiberi).
Los tres son eminentemente insectívo-
Lacerta monticola
Lacerta lepida
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50
n.
o
31
ros: el primero de ellos ­el de mayor
tamaño entre los citados-, con clara
preferencia por los coleópteros, se-
guida de himenópteros, lepidópteros y
ortópteros; el segundo se decanta por
coleópteros y ortópteros, mientras que
el tercero ­el menor de los tres, ade-
más de endemismo ibérico- manifiesta
una gama más amplia de bocados, que
abarca desde dípteros, coleópteros,
ortópteros, himenópteros y arañas a
gasterópodos.
Todos estos lagartos y lagarti-
jas pertenecen a la familia de los
Lacértidos (Lacertidae).
Cuando con el crepúsculo vesper-
tino se retiran, toman el relevo otros
reptiles de inquietante aspecto antedi-
luviano: las pequeñas y pacíficas ­aun-
que chillonas- salamanquesas, que en
las regiones donde se considera que
son factibles los jardines de roca (sal-
vo Galicia, zona cantábrica, norte de
Castilla y Pirineos) se ven represen-
tadas por la salamanquesa común
(Tarentola mauritanica), aficionada a la
cercanía de los seres humanos, pues
es querenciosa de muros y paredes (y
de las palomitas que acuden a la luz
de las bombillas). Además de éstas,
consumen todo tipo de insectos, con
clara preferencia por hemípteros y co-
leópteros. Si bien sus costumbres son
crepusculares y nocturnas, en prima-
vera y otoño no es raro que salgan al
alba a tomar el sol para calentarse los
huesos. Pertenece a la familia de los
Gecónidos (Gekkonidae).
También propio del turno de noche,
es posible encontrar en rocallas de ve-
getación bien desarrollada de la mitad
norte de la península Ibérica al tranqui-
lo y dócil lución o culebrilla de cristal
(Anguis fragilis), de la familia de los
Ánguidos (Anguidae), esas lagartijas
ápodas -cual pequeñas sierpes- que se
alimentan de babosas, caracoles, ara-
ñas, larvas de insectos y, por desgra-
cia, lombrices de tierra; los ejemplares
de mayor tamaño (alcanzan hasta 30
cm de longitud) se permiten en ocasio-
nes el lujo de capturar alguna que otra
joven lagartija.
Igual pasarían por serpientes, a
pesar de disponer de extremidades
atrofiadas como la mayoría de los
Escíncidos (familia Scincidae), los es-
lizones, tanto el ibérico (Chalcides be-
driagai
) como el tridáctilo (Chalcides
striatus
). El primero se distribuye por
toda la península Ibérica salvo buena
parte del tercio norte, mientras que el
segundo puede encontrarse por toda
la mitad occidental y el norte al com-
pleto. Son diurnos, pero tan tímidos,
esquivos y hábiles en su huida que
no hay forma de echarles el ojo. La
alimentación básica del ibérico consta
de coleópteros, arañas y cochinillas
de humedad, ya en menor esca-
la, hemípteros, dermápteros e
himenópteros; su congénere
también se decanta por los
coleópteros, seguidos de
ortópteros, dípteros, he-
mípteros (sobre todo,
hormigas), además de
arañas, isópodos y
miriápodos.
Luciones y es-
lizones, de morar
en rocallas, tan
sólo lo harán en
las que se loca-
licen en pleno
campo.
Lacerta schreiberi
Rafael
F
ernández
Benítez
Este lución, por aturiano, es un "esculibierzo"
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Asociación y Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales
51
Entre los anfibios es frecuente en-
contrar en estos jardines alguna espe-
cie de sapo; quizás los más habituales
sean los Bufónidos (familia Bufonidae)
sapo común o escuerzo (Bufo bufo)
y sapo corredor (Bufo calamita). El
primero de ellos, abundante por toda
España, es de gran tamaño (puede
superar los 20 cm de longitud), empero
su congénere (que falta en la cornisa
Cantábrica) es excepcional que llegue
a los 10 cm. Pese a su mala fama -se
cuentan muchas patrañas acerca de los
sapos- deben respetarse, pues repor-
tan claros beneficios para la sanidad
de las plantas: depredan sobre adultos
y larvas de coleópteros, lepidópteros y
ortópteros, también sobre miriápodos y
gasterópodos, con presas más peque-
ñas en el caso del sapo corredor. Para
quienes tengan prejuicios al respecto,
no ha de olvidarse que su actividad es
eminentemente nocturna, pues pasan
el día ocultos bajo las piedras (suelen
ocupar siempre los mismos refugios),
con lo que no obligan a "espíritus sen-
sibles" a sufrir por verlos.
En regiones húmedas ­incluso en
puntos más alejados de charcas y otras
masas de agua de lo que indican las
guías y manuales al respecto- del norte
de España (la especie se distribuye
por la mitad occidental de Iberia) no
es raro toparse en rocallas maduras,
provistas de vegetación densa y enma-
rañada, con el sapillo pintojo ibérico
(Discoglossus galganoi), de la familia de
los Discoglósidos (Discoglossidae), con
indumentaria de camuflaje y formas más
cercanas a las ranas que a los sapos,
de apenas 10 cm de longitud máxima.
Nocturno y crepuscular en su actividad
habitual, los días lluviosos se busca la
vida a lo largo de toda la jornada, pero es
más tímido que los sapos anteriormente
citados y, por tanto, más difícil de obser-
var, pues a la mínima alerta se oculta en
la primera grieta que tiene a mano o bajo
las plantas más tupidas. Se alimenta de
lombrices, gasterópodos, arañas, insec-
tos y sus larvas...
Como ya se ha apuntado en las
primeras líneas de este escrito, todos
estos anfibios y reptiles pueden ver
alterada su existencia por la presencia
de serpientes, culebras por lo general.
(Si se tratase de víboras, obviamente,
el asunto sería más serio). Pero la
verdad es que son la mejor solución (y
más limpia) para terminar a los infati-
gables y fatigosos roedores o, cuando
menos, ahuyentarlos.
Lagartos, lagartijas y sapos llegan
a ser unos tranquilos y apacibles ve-
cinos si no son molestados, a lo que
contribuye su considerable longevidad.
Un ejemplar de sapo común (Bufo bufo)
en el umbral de su guarida cotidiana
Una lagartija ibérica (Podarcis hispanica)
toma el sol sin ningún reparo en una roca junto
al numeroso público que hace cola para
las cajas de un conocido centro de jardinería
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52
n.
o
31
Por otra parte, muchas especies de
reptiles y anfibios se encuentran inclui-
das dentro de catálogos de protección
de las legislaciones autonómicas o de
ámbito nacional.
INSECTOS NO DAÑINOS
ACOMPAÑANTES
(CLASE O SUPERCLASE
­SEGÚN AUTORES- Insecta)
E
n las rocalla, la amplia gama de
flores, su profusión y amplio pe-
riodo de floración atraen a las prodi-
giosas mariposas diurnas (orden de
los Lepidópteros ­Lepidoptera-), a cual
más hermosa. No es de recibo pasar
por alto sus colores ni sus aleteos.
Las orugas de algunas de ellas se ali-
mentan de ciertas plantas de rocalla,
pero su incidencia en ese sentido es
mínima y se ve compensada por su
extraordinaria belleza. Sin ir más le-
jos, Iphiclides feisthamelii: sus orugas
tienen como plantas nutricias a deter-
minadas Rosáceas, fundamentalmente
el almendro (Amygdalus communis). Al
verse sustituidas éstas en los jardines
por especies ornamentales, se han
adaptado a las nuevas inquilinas, algu-
na de ellas de empleo en rocallas, co-
mo en los casos de Cotoneaster dam-
neri y C. horizontalis. Los daños que
ocasionan las orondas y verdes orugas
resultan de escasa consideración, y
merece la pena respetarlas por la ya
mencionada belleza de los adultos -con
el consiguiente aporte de colorido- y su
capacidad de polinización.
De plantas de los géneros Saxifraga,
Sedum y Sempervivum principalmen-
te se alimenta en rocallas situadas
en regiones montañosas de casi to-
da España, en especial en la mitad
septentrional, la oruga de otro pre-
cioso lepidóptero, Parnassius apollo,
al igual que el anterior, de la familia
Papilionidae, una rareza biológica pro-
tegida legalmente por convenios inter-
nacionales y normativas nacional y au-
tonómicas. Los poseedores de rocallas
en estas zonas deben conocer tanto
la oruga como el imago, para evitar
tratamientos que puedan conducir a su
desaparición.
En cuanto a Inachis io (de la familia
de los Ninfálidos ­Nymphalidae-), se
trata de una especie que no se alimen-
ta de plantas ornamentales, sino de or-
tigas (Urtica spp.). Es factible disfrutar
de sus elegantes evoluciones y los bri-
llantes colores de sus grandes ocelos
(es conocida como mariposa pavo real)
entre las flores de la rocalla, más toda-
vía si cerca de la misma crece su plan-
ta nutricia. Las poco agraciadas orugas
no dejan de tener su "gracia", pues
cuando, en sus primeros estadios, se
encuentran agrupadas sobre los tallos,
parece, por los movimientos espasmó-
dicos que efectúan al unísono, como si
se estuvieran ortigando sin remisión,
so pena de morirse de hambre.
Otro airoso y colorido ninfálido
que puede observarse revolotear por
similares pagos es Vanessa atalanta,
cuyas orugas, que al contrario que las
anteriores no son gregarias, se alimen-
tan de los mismos vegetales.
No tan buenos compañeros resul-
tan Himenópteros (orden Hymenoptera)
de las familias de los Ápidos (Apiidae),
como abejorros ­o abejones- (géne-
ros Anthophora, Bombus y Xylocopa)
y abejas (Apis), y de los Véspidos
(Vespidae), las denostadas avispas
(géneros Dolichovespula, Paravespula,
Polistes
y Vespula, principalmente) y
los terribles avispones (género Vespa),
que pululan entre las flores y son ca-
paces incluso de instalar sus reales
en plantas, rocas y bajo tierra, con el
peligro que esto representa, sobre todo
para quienes mantienen la rocalla.
A las avispas les agradan los
frutos y jugos azucarados de algunos
vegetales, que roen para obtenerlos;
como contrapartida, cazan insectos
nocivos (se decantan por las orugas de
lepidópteros), con especial incidencia
en la época de cuidado de las larvas,
si bien sus efectos positivos son de
escasa entidad.
En cuanto a abejorros y abejas, no
puede negarse la proverbial capacidad
de estos animales para polinizar las
flores visitadas, hasta el punto de
que ciertas especies de abejorros se
reproducen industrialmente y se suel-
tan para favorecer la fructificación de
muchos cultivos.
CONTROL BIOLÓGICO
Y CONTROL INTEGRADO
C
ontra las plagas existen numero-
sos agentes biológicos controla-
dores de su población, no sólo los ya
citados (Mamíferos, Aves, Reptiles y
Anfibios), sino también y sobre todo
otros Insectos y Hongos (sin olvidar
a las arañas, Nematodos, Protozoos,
Bacterias y Virus).
La lucha biológica no inducida por
el hombre suele resultar insuficiente
Inachis io sobre Senecio adonifolius
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Asociación y Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales
53
para el control de plagas en rocallas
(sobre todo en los casos de caracoles,
babosas, cochinillas de humedad, aves
­mirlo, estorninos, gorrión, palomas y
urraca- y mamíferos ­ratillas, topillos,
rata topera, ratones y topos-). Sin
embargo, puede constituirse en una
interesante aliada, por lo que conviene
no desdeñar lo que parece una ínfima
ayuda, y potenciar, así como maltratar
lo menos posible, los organismos be-
neficiosos en la acción contra fitopa-
tógenos.
En la actualidad, las técnicas de
producción en laboratorio de insectos,
ácaros y nematodos beneficiosos (ade-
más de organismos pertenecientes a
los Reinos Vegetal y de los Hongos) y
su gran utilidad en los mundos agríco-
la y forestal permiten una adecuada
comercialización de estos preparados
biológicos, con lo que las tornas han
cambiado.
Así, el Control Biol
ógico puede
definirse como la "acción encaminada
a reducir la presencia o actividad de un
agente fitopatógeno determinado me-
diante la actuación de parásitos, depre-
dadores o patógenos que mantengan
la densidad de población de tal agente
por debajo de lo que cabría esperar en
su ausencia
".
Como complemento a esta defini-
ción se ofrece la de organismo de con
-
trol biológico: "enemigo natural, an-
tagonista o competidor u otra entidad
biótica capaz de reproducirse utilizado
para el control de plagas. Pueden ser
propios del lugar o foráneos
".
En las páginas siguientes se tra-
tarán los depredadores y parásitos,
mientras que los patógenos beneficio-
sos no se tendrán en consideración,
puesto que se encuentran fuera de
los contenidos de este escrito (salvo
los nematodos, considerados muchas
veces como patógenos).
La lucha química contra los agentes
dañinos para las plantas ornamentales
en no pocas ocasiones genera efectos
colaterales. Un uso irracional y equivo-
cado de los productos fitosanitarios,
como son los casos de defensas some-
tidas a un rígido calendario previamen-
te establecido o el empleo de dosis
superiores a las recomendadas por el
fabricante, puede conducir a la ejecu-
ción de tratamientos innecesarios, con
las consiguientes pérdida de dinero,
contaminación del medio y aparición de
fenómenos de resistencia, aparte de la
mengua poblacional e incluso muerte
de la fauna beneficiosa que sirve de
freno natural a las diferentes plagas.
Por ello conviene tratar de manera
localizada las plantas afectadas con los
productos más específicos -que ade-
más estén permitidos por la ley para
su empleo en parques y jardines- y sólo
en caso de que los parásitos alcancen
poblaciones incompatibles con el es-
tado sanitario y los mínimos estéticos
exigibles, en especial en jardines de
roca, donde la diversidad de especies
por unidad de superficie se muestra
muy elevada y el área que ocupan casi
nunca es excesiva para destinarle una
atención individualizada.
Nada mejor para llevar adelante
estos planes que estudiar los trata-
mientos según la época en que afecten
menos a los animales beneficiosos.
También resulta interesante conocer
los puntos donde éstos se encuentran.
Así, pueden realizarse los tratamientos
al amanecer cuando se quieran res-
petar a los depredadores de actividad
nocturna (Carábidos) . O en el momento
en que los parasitoides se encuentran
dentro de su víctima. Y, si se quiere
rizar el rizo, antes de tratar, comprobar
la presencia de fauna beneficiosa o
signos de actividad de la misma.
En el mismo sentido, conviene es-
coger insecticidas sistémicos en vez
de los de contacto, pues precisan un
menor recubrimiento y no alcanzan a
la fauna beneficiosa en sus refugios; o
emplear cebos o granulados en vez de
tratamientos foliares para las rosqui-
llas (orugas de noctuidos) y similares.
Cuando no haya más remedio que
utilizar todas las armas disponibles,
deberán emplearse productos ya estu-
diados y caracterizados por ser selec-
tivos hacia la fauna útil, lo que quiere
decir que le afecta en menor grado que
los demás, de manera que permite la
acción combinada, lo que se ha dado
en llamar Control Integrado.
Hay que destacar las nuevas ten-
dencias en cuanto a insecticidas, que
han dado lugar a los llamados insecti-
cidas biorracionales, sustancias cuya
efectividad se basa en su capacidad
para perturbar los procesos biológicos
y de comunicación de los agentes dañi-
nos a controlar y de ese modo impedir
su multiplicación. Al ser muy específi-
cos, apenas si alteran el medio. Harina
de otro costal es encontrarle aplicación
a estos productos en la jardinería de
rocallas.
Con los métodos anteriores, en
mayor o menor medida, se favorece la
Anthophora hispanica, que siente especial atracción
por las flores de Sedum `Ruby Glow'
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54
n.
o
31
resistencia biótica, al ofrecerse a los
depredadores y parásitos beneficiosos
la posibilidad de desarrollar su útil
papel.
Como colofón a todo lo indicado,
debe quedar claro que en rocallas bien
cuidadas, con especies correctamente
elegidas, sobre todo si se encuentran
cercanas a áreas no contaminadas o
poco humanizadas donde se localicen
reservas de fauna beneficiosa, con
el transcurso de los años (a veces,
mucho menos) puede darse el caso
de que tal fauna logre controlar las
poblaciones de insectos o ácaros fi-
tófagos, por poner los ejemplos más
frecuentes, hasta niveles aceptables;
en dicha situación es preferible acep-
tar que desaparezca un determinado
espécimen vegetal en exceso sensible
que tratar con productos sanitarios
que alterarían el costoso, afortunado
y frágil equilibrio alcanzado. Por lo
demás, siempre se puede recurrir a la
eliminación manual del agente dañino
por parte del propietario o encargado
de la rocalla (las capturas masivas de
babosas y caracoles evitan el uso de
molusquicidas que pueden matar a
anfibios, reptiles, aves..., y a moluscos
protegidos. Téngase en cuenta que las
rocallas por lo común no ocupan gran-
des superficies.
Claro que los enemigos de las plan-
tas que viven parte o la totalidad de su
vida bajo la superficie del terreno son
más difíciles de controlar por la fauna
antagonista (salvo para algunos nema-
todos, como se verá más adelante), así
que habrá que depositar la confianza
sobre todo en los microorganismos
beneficiosos.
En el próximo número de Foresta
se tratarán los organismos de control
biológico depredadores y parasitoides,
con especial incidencia en los que
se producen industrialmente. Se em-
plean en cultivos agrícolas intensivos,
fundamentalmente en invernaderos, lo
que no significa que no puedan expe-
rimentarse en jardinería en general o
en la de rocallas en particular, o bien
se encuentran en estos rincones por
formar parte de la fauna propia del
lugar o haber escapado de los cultivos
próximos.
Casi todos estos organismos po-
seen más de una fuente de alimento,
de manera que cuando se presentan
las vacas flacas son capaces de sobre-
vivir hasta que llegan épocas mejores.
Estudiadas estas fuentes alternativas,
se han ideado a partir de ellas ingenio-
sos métodos para manipular, trasladar
y almacenar hasta el momento de la
suelta estos seres con un mínimo de
riesgos para su integridad. Como ejem-
plos de algunos de los recipientes y
sistemas que a los efectos sirven para
comercializar los organismos de con-
trol biológico que se verán en epígrafes
posteriores se citan los siguientes:
Amblyseius cucumeris va en so-
bres de papel poroso en todos los
estadios evolutivos, con salvado como
alimento.
Aphidius colemani, en botes llenos
de momias y melaza en el tapón para
los más precoces.
Las crisopas van en estado de hue-
vo con una base de cascarilla de arroz
más ración de alimento.
Delphastus pusillus se comercializa
en tubos con 100 adultos.
Hypoaspis miles, en tubos rellenos
de turba y vermiculita con ácaros de la
harina como alimento.
Leptomastix dactylopii, en tubos
con 100 adultos.
Orius spp., en botes de plástico
llenos de adultos y ninfas, con sustrato
de vermiculita, cascarilla de arroz o
salvado más una fuente de alimento
adecuada.
Nota: todas las fotografías son del autor
salvo las que aparecen con el nombre corres-
pondiente sobre la misma.
Ejemplar en rocalla de Elona quimperiana,
especie protegida en serio peligro de extinción
Chrysocarabus lineatus, un depredador de actividad nocturna