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esulta cuando menos curioso que se hable
hoy en día tan poco de la que fuera una
de las joyas de los Parques Nacionales es-
pañoles. Joya entre las joyas, pues, hoy por
hoy, en España viene a considerarse como tales a los
Espacios Naturales Protegidos con rango de Parque
Nacional, frente a las restantes figuras de protección.
Para aquellos amantes de la naturaleza que
conservan el sentido de la perspectiva y un atisbo de
memoria no pasará desapercibido el olvido en que se
encuentran las Tablas, donde permanecen inundadas
apenas 35 ha de las 1.750 inundables. Ya no parece
importarle a nadie si allí recala para criar el pato
colorado ­en su día, emblema de este Parque-, si las
nutrias juegan a la sombra de los nudosos tarajes o si
las praderas de ova (indicadora de aguas limpias casi
desaparecidas) y las formaciones de masiega (en su
día, la más importantes de Europa, hoy, en imparable
regresión) hacen olvidarse a los ánades del peligro de
la gripe aviar.
Las Tablas de Daimiel agonizan. Y lo más triste es
que da la sensación de que se trata de ocultar bajo un
velo de silencio, como si así se evitara que alguien con
un mínimo de conciencia pudiera sentir la vergüenza
de oír los últimos estertores de estos antaño extensos,
rutilantes y cuidados aguazales que hogaño se ex-
tinguen sin agua, sin que se les administre remedio
y sin más ayuda que la de las escasas personas que
-¿adelantados a su tiempo?, ¿ingenuos?- aún piensan
en términos de futuro.
Hablando de futuro, por desgracia tal vez nos
encontremos ante uno de los primeros ejemplos de ese
horizonte apocalíptico que nos han presentado las no-
velas y las películas de ficción científica: la lucha por
el agua como bien escaso. 12.000 pozos ilegales en el
acuífero 23 así lo atestiguan, aunque algunas fuentes
no oficiales hablan de entre 14.000 y 40.000; nadie lo
sabe con certeza.
Porque las Tablas de Daimiel no están desapare-
ciendo por procesos naturales como puedan ser la
sequía o la colmatación. Se esfuman por problemas
derivados de la codicia humana y de una inadecuada
gestión de los recursos, agravados por la inoperancia
o los intereses creados de la clase política. Sí, aunque
pueda parecer demagógico resaltarlo ­aparte de cap-
cioso-, queda claro que ni nutrias ni patos colorados,
ni tarajes ni ovas tienen tanto peso en los colegios
electorales como los intereses agrícolas.
Cuánta propaganda acerca de los espacios natu-
rales protegidos de nuevo cuño, cuánta tinta, cuánto
celuloide (o su equivalente contemporáneo), cuánta
saliva se gastan en tantas tartufadas, cuando se es-
tán dejando morir las Tablas sin que apenas haya
personas que tengan la decencia de denunciarlo o de
Asociación y Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales
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EDITORIAL
La lenta agonía de
las Tablas de Daimiel
Para aquellos amantes de la naturaleza que conservan el sentido
de la perspectiva y un atisbo de memoria no pasará desapercibido
el olvido en que se encuentran las Tablas, donde permanecen
inundadas apenas 35 ha de las 1.750 inundables.
12.000 pozos ilegales sobre el acuífero 23 es la causa.
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propalarlo a los cuatro vientos. De vez en cuando,
una fugaz noticia nos abre un horizonte de esperanza,
para sumirnos a renglón seguido en la melancolía a la
que nos condena el constatar que no existe voluntad
política de coger el toro por los cuernos y devolver la
situación a sus mejores tiempos. No olvidemos que
ahora son los paisajes seculares de la Mancha húme-
da y la vida que albergan, pero no tardará en llegar
el día, y no queremos pecar de agoreros, en que la
estupidez y la mezquindad humanas, agravadas por
el oportunismo miope de la clase política -se enfunde
ésta el traje que se enfunde- nos conduzcan a situacio-
nes irreversibles de explotación y contaminación del
otrora extraordinario acuífero manchego, que, no se
olvide, da de beber a buena parte de la población allí
afincada.
En este caso, los responsables políticos si por algo
pugnan es por satisfacer los deseos de los regantes
-que son en esta asunto, no lo olvidemos, quienes in-
cumplen la normativa- a fin de obtener sus preciados
votos. Además, el hecho de que -a tenor del fallo del
Tribunal Constitucional por el que se debe traspasar
la gestión de los Parques Nacionales a las CC.AA.- en
su gestión el peso principal recaiga a partir de mo-
mento en que publique la nueva ley en las adminis-
traciones autonómicas u otras entidades locales nos
preocupa seriamente por su previsible giro a contem-
plar la gestión de la Naturaleza desde una perspectiva
localista. Incluso en el caso de Las Tablas, donde las
administraciones involucradas son en este momento
del mismo signo político. Obviamente, no ponemos en
tela de juicio la capacidad de los técnicos, sea cual sea
la administración en la que ejerzan su trabajo; el caso
es que no confiamos en que las opciones puramente
científico-técnicas sean respetadas cuando entren en
colisión con las directrices de los poderes locales.
Es
más, como se ha demostrado en repetidas ocasiones en la
Confederación Hidrográfica del Guadiana, a los dirigentes
políticos no le tiembla la mano a la hora de cesar a los "dís-
colos" que, defendiendo las funciones para las que fueron
nombrados, se afanan en hacer cumplir la legalidad vigen-
te, con actuaciones ejemplarizantes, que no precisamente
ejemplares: ¿cabe mayor desatino?
Qué confianza podemos depositar los ciudadanos
en los Organismos oficiales que ­supuestamente- po-
seen el encargo de proteger nuestra Naturaleza, la
de todos los españoles, si a la mínima de cambio son
capaces de darle la espalda sin asomo de rubor. No
nos atrevemos a imaginar que en la próxima Ley
de Parques Nacionales se elimine del catálogo a las
Tablas de Daimiel, ya que al parecer está previsto que
no se creen espacios naturales protegidos terrestres
peninsulares de esta categoría que tengan menos de
15.000 ha (Las Tablas no alcanzan siquiera las 2.000
ha).
Y qué esperanza en que los demás Parques
Nacionales que se reparten por el territorio español,
no digamos los futuros, reciban las atenciones que
ahora se prometen y se pregonan a bombo y platillo.
Desde Foresta, exigimos a las diferentes adminis-
traciones públicas una apuesta clara y decidida por
sacar adelante a Las Tablas de Daimiel, como ya se
hiciera en su día en el caso de Doñana (no se olvide:
ambos Parques entraron de la mano en las listas del
Convenio de Ramsar en el año 1982). ¿Qué sucede
con el desarrollo sostenible? ¿Acaso cabe sustentarse
a costa de hipotecar el porvenir de la zona, tanto a
nivel de abuso del acuífero, pérdida de biodiversidad
como deterioro del paisaje tradicional? ¿Es que no
existen alternativas al cultivo de regadío (sus 100.000
ha hablan por sí solas) tal como hasta hora se viene
realizando? La toma de decisiones encaminadas a
solucionar el problema no se debe posponer por más
tiempo, pues aun contando con la elevada capacidad
de respuesta que se manifiesta a la mínima mejoría
temporal (incluyendo las de origen artificial, como
los trasvases que desde 1988 ­no todos los años- se
efectúan por derivación del Tajo-Segura), de seguir por
estos derroteros la muerte de Las Tablas de Daimiel
queda a la vuelta de la esquina.
¿Le importa a alguien?
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n.
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Desde Foresta, exigimos a las diferentes administraciones públicas
una apuesta clara y decidida por sacar adelante a Las Tablas de Daimiel,
como ya se hiciera en su día en el caso de Doñana. La toma de decisio-
nes encaminadas a solucionar el problema no se debe posponer por más
tiempo, pues aun contando con la elevada capacidad de respuesta que
se manifiesta a la mínima mejoría temporal, de seguir por estos derrote-
ros la muerte de Las Tablas de Daimiel queda a la vuelta de la esquina.