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n.
o
32
TÉCNICA
COMUNICACIÓN
Fauna acompañante
no dañina y beneficiosa
para la sanidad de los
jardines de rocalla (y II)
DEPREDADORES
L
os depredadores -también llamados
predadores- son aquellos organis-
mos animales (principalmente Insectos
y Arácnidos) que para completar su ci-
clo biológico se alimentan directamen-
te de otros organismos vivos, entre los
que se cuentan los fitófagos, es decir,
las plagas.
Suelen ser muy voraces y activos,
unas veces en estado larvario, otras en
estado adulto, cuando no en ambos,
con lo que son capaces de controlar
hasta umbrales aceptables a los ani-
males dañinos.
Estos depredadores deben reunir
las siguientes condiciones:
-Gran potencial reproductivo
-Gran voracidad (como ya se ha
indicado)
-Capacidad de actuar sobre muchas
especies diferentes
-Capacidad de supervivencia inclu-
so cuando el nivel de presas es bajo
-Capacidad de resistencia a los
productos fitosanitarios y a las adversi-
dades meteorológicas
Estas condiciones, en mayor o me-
nor cuantía, también son válidas para
el caso de los parasitoides, que se
tratarán en próximas líneas de este
mismo escrito.
De entre los
Ácaros (or-
den Acaridida, de la clase de los
Arácnidos ­Arachnidae-) depredado-
res se señalan las familias de los
Fitoseidos (Phytoseiidae), Estigmeidos
(Stigmeidae) y Trombídidos (Trombi-
diidae
).
Los Fitoseidos cuentan con tres
géneros interesantes: Typholodromus
(Metaseiulus), Amblyseius y Phytoseiu-
Allothrombium fuliginosum sobre Soleirolia soleirolii
Francisco Javier
Cantero Desmartines
Ingeniero Técnico Forestal
Rafael
F
ernández
Benítez
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Asociación y Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales
55
lus, en particular los dos últimos.
Todos ellos son de pequeño tamaño,
muy móviles y de color amarillo claro,
casi transparente. Atacan tanto formas
larvarias como adultos de arañas rojas
y amarillas.
El género Amblyseius (
Amblyseius
(Neoseilus) cucumeris, A. barkeri,
A. degenerans) destaca en la lucha
contra los trips (Frankliniella occidenta-
lis
, Thrips fuscipennis, T. tabaci y otros)
en estado larvario, sobre todo en los
primeros estadios; son más activas
las últimas especies de depredadores
que la primera, que, sin embargo, pre-
senta una dieta más variada, pues no
desdeña huevos y larvas de ácaros,
incluidos los beneficiosos. Del mismo
género,
A. californicus se decanta
por los arañuelos. Todos estos ácaros
se encuentran a la venta en el mercado
solos o en compañía de especies del
género Orius (Hemípteros Antocóridos
que se estudiarán más adelante) para
un control más eficaz, aunque con el
tiempo estos insectos son capaces de
liquidar la población de ácaros benefi-
ciosos.
Phytoseiulus persimilis incluye
como elemento primordial de su dieta
a la araña roja, de la que consume
huevos, larvas y adultos. Preparado
comercialmente, su suelta se efectúa
en primavera, en general complemen-
tado con el previamente citado A.
californicus
.
Aunque el ritmo depredador de los
Fitoseidos no es muy elevado, su ciclo
biológico -más rápido que el de sus pre-
sas- los dota de un gran interés.
Dentro de los Estigmeidos, la es-
pecie más conocida por su capacidad
depredatoria es
Zetzellia mali, pero
por sí sola su acción no es suficiente
(se trata de un parásito pequeño, poco
activo y con escasa capacidad para
establecerse, si bien una vez lo ha he-
cho es muy persistente, debido sobre
todo a lo variado de sus fuentes de
alimentación), por lo que se emplea co-
mo complemento a la acción de otros
ácaros cazadores.
Allothrombium fuliginosum se en-
cuadra en la familia de los Trombídidos.
Es de color rosado intenso, de 3-4 mm
de longitud, cuerpo robusto y aspecto
fornido, a la vez que relativamente lento
de movimientos (pero muy tenaz, pues
está activo incluso los días soleados y
templados de invierno). Tanto en estado
adulto como de larva se alimenta de
pulgones, cochinillas y orugas de mi-
crolepidópteros. Verlos merodear por la
rocalla es una garantía de que los pulgo-
nes lo tienen muy difícil para medrar en
la misma ­basta introducir una planta
con tales insectos para que aparezcan
como por ensalmo de todos los rincones
una hueste de este ácaro que confluye
rauda hacia su fuente de alimento, a la
que despacha en un santiamén-.
A la familia de los Lelápidos
(Laelapidae), menos conocida, perte-
nece
Hypoaspis miles, especie origi-
naria de Norteamérica, muy longeva,
que depreda sobre huevos y larvas de
moscas de los mantillos (familia de los
Esciáridos ­Sciaridae-), pupas de trips
y áfidos subterráneos (el tamaño del
adulto es de 1 mm, y el color, marrón
claro); también
H. aculeifer, de la que
tanto adultos ­de 1 mm de longitud y
color marrón, pero casi transparentes-
como ninfas consumen huevos, larvas
y pupas de moscas de los mantillos;
no desdeña colémbolos, larvas de trips
y nematodos, pero sobre todo es muy
estimado por su afición a los ácaros
de los bulbos (género Rhizoglyphus).
Resistente y muy longevo, procede del
viejo mundo.
Eficaces depredadores son otros
Arácnidos, las vulgares arañas, que
ocupan un considerable número de
familias dentro del superorden de los
Araneidos (Araneides). Sean bienveni-
das a las rocallas, pues todas ellas se
manifiestan como carnívoras. El proble-
ma es que son polífagas, y no siempre
se decantan por los organismos dañi-
nos, amén de que no tienen demasia-
dos defensores entre el linaje humano,
sin duda porque alguna de sus repre-
sentantes (desde luego, en España,
las menos) pueden producir picaduras
merecedoras de cuidados. Las familias
más habituales en rocallas son las que
siguen: Licósidos -Lycosidae-, llamadas
arañas lobo (por traducción del inglés),
que cazan al acecho y son capaces de
dar saltos considerables; claro que no
tanto como otras arañas que también
cazan al acecho, las arañas saltarinas
(¡qué ojos los de éstas!) o Saltícidos
­Salticidae-; Argiópidos ­Argiopidae-,
que tienden las consabidas telas -pro-
digios de ingeniería- entre las plantas;
Tomísidos ­Thomisidae-, que cazan ca-
mufladas con las flores, y entre las
que se encuentran las arañas cangrejo;
y Erésidos ­Eresidae-, que practican
agujeros en el suelo, a los que tapizan
de tela, en los que encuentran refugio,
Un ejemplar de Thomisus onustus, que caza camuflada entre las flores
José
González
Granados
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56
n.
o
32
desde los que cazan y en los que sacan
adelante a su prole. Como se puede
comprobar por lo antedicho, las estra-
tegias para atrapar a sus presas son
variables -a la vez que muy depuradas-
según las especies.
Los órdenes de
Insectos con ma-
yor cantidad y calidad de depredadores
son los Coleópteros, Neurópteros y
Hemípteros, sin que falte algún que
otro Tisanóptero, Dermáptero, Ensífero
u Ortóptero dispuesto a "echar una ma-
no". Muchas especies de los tres órde-
nes indicados primeramente es posible
obtenerlas con facilidad en diferentes
casas comerciales especializadas en
lucha biológica, pues se reproducen
industrialmente.
Dentro de los
Coleópteros (or-
den Coleoptera), las familias de los
Carábidos (Carabidae), Cicindélidos
(Cicindelidae) y Estafilínidos (Staphy-
linidae
), con una considerable lista de
especies, son las que mejor responden
a la imagen popular de depredador:
rápidos, voraces y con cara de pocos
amigos, no dudan en atacar presas
manifiestamente mayores. El abanico
de víctimas es tan amplio que abarca
ácaros, larvas, pupas e imagos de in-
sectos y gasterópodos.
Ahora bien, ninguna de las tres
son candidatas interesantes de cara
a la producción industrial, por lo que
se recurre a la de los Coccinélidos
(Coccinellidae), también coleópteros,
en la que se encuadra la conocida, in-
ofensiva -para los humanos- y simpática
mariquita de siete puntos o mariquita
de Dios (
Coccinella septempuncta-
ta). Lo más curioso de esta elección es
que pocos profanos -y menos aún, sus
incondicionales admiradores: los niños-
son conscientes de que tanto ellas co-
mo muchas otras especies de esta mis-
ma familia son grandes consumidoras
de pulgones, sobre todo en estadios
larvarios próximos a la madurez.
Otra mariquita europea, menor (4-
5 mm) y con sólo dos puntos en los
élitros, es
Adalia bipunctata, cuyos
adultos pueden tener coloración varia-
ble (casi siempre, roja). Tan sólo pre-
senta una generación anual, durante la
cual la larva se convierte en el terror
de los pulgones (los adultos se atreven
con otros insectos y ácaros).
Stethorus punctillum, de unas
tres generaciones anuales, es de pe-
queño tamaño (1,5 mm) y color negro.
Su presa habitual ­que no la única- es
la araña roja, de la que da buena cuen-
ta tanto en forma de larva ­de color
gris con manchas negras y abundante
vello- como en estado adulto. Es una
especie auóctona.
Scymnus (Pullus) subvillosus es
otro coccinélido depredador de pulgo-
nes. El imago es pequeño, redondeado
y de color negro con grandes manchas
pardas, mientras que la larva está recu-
bierta de una secreción cérea de color
blanco que al ojo poco experto puede
parecerle una cochinilla algodonosa. Se
trata de una especie española.
También hay especies cuyas prefe-
rencias se decantan por las cochinillas
y pulgones lanígeros (pero no desde-
ñan otros áfidos), como es el caso
de la importada mariquita australiana
(
Cryptolaemus montrouzieri), cuyas
larvas (que por su aspecto se pueden
confundir con sus presas principales)
son eficaces cazadoras, y los adul-
tos, muy cómodos, pues se alimentan
sobre todo de las puestas de sus
víctimas; de unos 4 mm de longitud,
muestran toda su porción delantera de
color anaranjado, y los élitros, de color
pardo -con punteado también de color
Macho de Eresus niger
José
González
Granados
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Asociación y Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales
57
naranja- y vellosos. Los inviernos fríos
no son ni mucho menos del agrado de
esta especie.
El nombre de
Rodolia (Novius)
cardinalis va indisolublemente unido a
la historia de la lucha integrada contra
plagas y a su principal fuente de ali-
mento, la contumaz cochinilla acanala-
da (Yceria purchasi), no sólo en su pa-
tria de origen común (es otra mariquita
que procede de Oceanía), sino también
en todos los lugares a lo largo y ancho
del orbe en los cuales a esta cochini-
lla le ha dado por hacer de las suyas
(entre ellos, España, donde también
prospera a costa de plantas de rocalla);
pese a ello, no se encuentra disponible
de forma comercial. El escarabajo es
pequeño (2,5 a 4 mm de longitud), de
color rojo con cinco manchas negras si
no negro del todo, cubierto de densa
pubescencia.
Como arma mortal destinada a
combatir a la mosca blanca e insec-
tos cercanos en fase de huevo y
primeros estadios de desarro-
llo está
Delphastus pusillus
(tanto el adulto como la larva),
una pequeña mariquita negra
y brillante, de cabeza y patas
amarillentas, tan selectiva (o
melindrosa) que rechaza los
huevos parasitados. Se suelta
en combinación con parasitoi-
des de los géneros Encarsia
y Eretmocerus, y procede de
América subtropical y tropical.
Otras especies interesantes de
esta familia son:
Harmonia axyridis,
Hippodamia (Adonia) variegata e
Hippodamia (Semiadalia) undecim-
notata
. Las larvas de la primera de
ellas son feroces depredadoras (sobre
todo durante su último estadio) de
diferentes especies de pulgones,
pero tampoco hacen ascos a otros
insectos chupadores como psi-
las y cochinillas. Recientemente
ha sido importada en Europa
desde China para reproducirla
industrialmente, en particular
ciertas estirpes ("cepas", en
la terminología especializada)
cuyos adultos son incapaces
de volar, con lo cual se compor-
tan como sedentarias en las ro-
callas y alrededores. Su tamaño
es comparable al de las mariquitas
de siete puntos indígenas, pero su
coloración y dibujo es sumamente va-
riable. En cuanto a la segunda, es más
alargada que la mariquita de siete pun-
tos, con cabeza blanquinegra y puntea-
do de diferentes tamaños. Se alimenta
fundamentalmente de pulgones, de la
misma manera que la tercera, común
en la Europa mediterránea y central.
La familia más beneficiosa de en-
tre los
Dípteros (Diptera) es la de
los Sírfidos (Syrphidae), las llamadas
moscas de las flores, aunque en es-
tado adulto parecen abejas o avispas
debido a sus rayadas libreas y porque
son capaces de mantenerse fijos en el
aire merced al rapidísimo movimiento
de sus alas.
Las especies más conocidas son
Episyrphus balteatus, Metasyrphus
corollae
, Scaeva pyrastri, Syrphus
ribesii
y S. vitripennis. Este equipo
r e s u l t a
m u y
activo en estado larvario, pues ya des-
de un primer momento se dedican con
suma aplicación a succionar el interior
de los pulgones, que quedan vacíos y
de color blanquecino; las larvas nece-
sitan de 8 a 15 días para completar
su ciclo biológico, periodo en el que
pueden llegar a acabar hasta con 400
individuos cada una; son ahusadas,
ápodas, de entre 10-20 mm de longitud
según especies y casi transparentes.
No todos los dípteros depredadores
son tan eficaces en cuanto al número
de pulgones que devoran, lo cual es
comprensible sobre todo si se tiene en
cuenta el tamaño relativo entre cazador
y presa. Así,
Aphidoletes aphidimy-
za no es sino un pequeño mosquito
Cecidómido (familia Cecidomydae) de
apariencia frágil y hábitos nocturnos
que suele hacer acto de presencia en
primavera y se alimenta de la mela-
za excretada por los áfidos; su
larva, de unos 3 mm de longi-
tud y color rojizo, se aferra
a los pulgones (Aphis gos-
sypii, Aulacorthum solani,
Macrosiphum euphorbiae,
Myzus persicae, etc.),
descompone los tejidos
externos allá donde se fija
y va absorbiendo durante
el tiempo que haga falta
su interior hasta acabar
con su presa y comenzar
la búsqueda de la siguiente.
A lo largo de su vida larvaria
no consume más de 10 de sus
víctimas, pero las numerosas ge-
neraciones anuales compensan su
modesta aportación individual.
Además de las funciones indica-
das, casi todos estos dípteros son
interesantes polinizadores (y muy
sensibles en cualquiera de sus
estados a los productos in-
secticidas).
Las crisopas, entre
las propias de la fauna
ibérica:
Chrysopa fla-
va y Chrysoperla car-
nea
, entre las foráneas:
Chrysopa rufilabris, C.
scelestes, pertenecen,
dentro del orden de los
Neurópteros (Neuroptera),
a la familia de los Crisópidos
(Chrysopidae), y su acción
depredadora se manifiesta a
lo largo de su periodo larvario,
cuando se alimentan de pulgones,
Coccinella septempunctata
Cicindela campestris
Carlos
Gómez
de
Aizpurúa
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58
n.
o
32
cochinillas, moscas blancas, psilas,
orugas jóvenes de lepidópteros y áca-
ros (no cabe duda de que se trata de
depredadores generalistas). Los adul-
tos ­de bellos y despiadados ojos- se
caracterizan por su intenso color verde
irisado y por su tendencia a revolotear
alrededor de las bombillas y entrar en
las casas. También son distintivas las
puestas, pues los huevos se disponen,
en primavera, en el envés de las hojas
sobre largos pedúnculos. Las feroces
larvas son de color gris amarillento y
alcanzan hasta 8 mm en su etapa más
avanzada. Su ciclo dura de 10 a 20
días, durante el cual cada una puede
consumir hasta 500 pulgones; si se
trata de formas móviles de araña roja,
hasta 50 individuos por hora; y tampoco
tiene especial problema en atiborrarse
con las puestas de insectos que se
le pongan por delante. Con las pinzas
del aparato bucal atrapan sus presas,
para succionarlas a continuación. Otra
ventaja de las crisopas es que algunas
poblaciones son tolerantes con numero-
sos tipos de insecticidas, motivo por el
que se seleccionan en laboratorio.
Entre los principales
Hemípteros
(orden Hemiptera) depredadores gozan
de merecida fama los Heterópteros
de la familia de los Antocóridos
(Anthocoridae), con
Anthocoris nemo-
rum, de entre 3 y 5 mm, como principal
y vivaracho representante. Son activos
contra los pulgones, psilas y ácaros,
tanto en estado de larva como de
imago, y capaces de controlar las po-
blaciones de tales parásitos de buenas
porciones de rocalla en cortos periodos
de tiempo. Especie muy parecida en as-
pecto y requerimientos, además de en
el nombre científico, es
A. nemoralis.
Ambas pertenecen a la fauna española
y se producen industrialmente para
combatir psilas.
De la misma familia, más peque-
ñas (unos 2-3 mm), aplanadas, con un
estilete muy marcado (pueden producir
picaduras algo molestas) y los ojos
rojos, son las chinches de las flores,
así llamadas por encontrarse con prefe-
rencia entre ellas:
Orius albidipennis,
O. insidiosus, O. laevigatus, O. ma-
jusculus
y O. niger cazan con suma
destreza moscas blancas y trips (a ve-
ces consumen pulgones, arañas rojas
y puestas de lepidópteros). Dentro de
este género, se ha comprobado que
O. laevigatus y O. albidipennis se en-
cuentran asociados con diversas malas
hierbas que dan cobijo a trips como
Frankliniella occidentalis; entre éstas,
rabaniza amarilla (Rapistrum rugosum),
cerraja (Sonchus oleraceus), matacan-
dil (Sysimbrium irio) y ortiga mayor
(Urtica dioica). Evidentemente, no es
caso de permitir que tales malas hier-
bas medren en la rocalla o en el jardín
en general para facilitar la lucha bioló-
gica ­y menos, si los trips se muestran
dañinos-, pero si se tiene en conside-
ración que el romero (Rosmarinus offi-
cinalis
) cumple las mismas funciones,
no está de más situar cerca de roca-
llas afectadas por tales bichitos dicha
especie, sin desdeñar la plantación de
variedades cultivadas aptas para en
las mismas rocallas en éstas, como
R. officinalis `Prostratus', idónea para
muros floridos.
También se cuentan entre los de-
predadores de las moscas blancas
algunos Míridos (familia Myridae), como
Macrolophus caliginosus (= M. me-
lanotoma
) (adulto pequeño, alado, de
color verde, de largas y finas zancas y
base de las antenas negra; los jóvenes
no poseen alas y tienen rojos los ojos),
que las ataca en todos sus estados,
si bien prefiere huevos y larvas jóve-
nes; cuando tales presas escasean, no
duda en consumir ácaros, pulgones y
huevos de lepidópteros, como tampo-
co desdeña los jugos vegetales de la
planta que los alberga. Frecuente en
la cuenca mediterránea, se produce
industrialmente.
Muy parecido, también autóctono y
con preferencia por comarcas cálidas,
de 3,5-4 mm en estado adulto, delga-
do, de patas y antenas de considera-
ble longitud y de color verde claro es
Cyrtopeltis (Nesidiocoris) tenuis; se
diferencia del anterior porque tiene las
antenas con bandas negras. Depreda
sobre huevos y larvas de moscas blan-
cas, pero entran en su dieta arañas
rojas, trips, especies de pulgones de
pequeño tamaño y huevos de lepidópte-
ros; es tan exigente en su minuta que
cuando escasean las proteínas anima-
les ataca a las plantas del jardín, a las
que puede infligir serios daños.
Otro miembro de la familia de los
Míridos es
Sthenarus roseri, de 3,5-
4,5 mm, insecto enemigo -o amigo,
Rosmarinus officinalis `Prostratus',
idónea para muros floridos
Ninfa de chinche asesina roja, pequeña pero peligrosa)
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Asociación y Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales
59
según se mire- de pulgones y ácaros
sobre todo, si bien no se reproduce in-
dustrialmente para destinarlo a la lucha
biológica, al igual que los demás insec-
tos que se citarán a renglón seguido,
que suelen encontrarse con facilidad en
las rocallas españolas, donde ejercen
una eficaz labor.
De considerable tamaño en relación
con las especies de hemípteros antes
citadas y con un fiero aspecto capaz
de espantar al mismísimo miedo son
ciertos representantes de la familia de
los Redúvidos (Reduviidae), en particu-
lar las aguerridas chinches asesinas,
como la roja (
Rhinocoris iracundus),
de unos 14-18 mm, auténticas piratas
de la rocalla, con sus rojinegras casa-
cas y amenazadores garfios: no actúan
de farol, pues apresan a sus víctimas y
succionan sus jugos internos. Tampoco
son rápidas, sino que capturan a sus
presas a la espera, y, pese a su ca-
pacidad voladora, ante los humanos
muestran una frialdad ­rayana en el
desdén, si no en el desprecio- que pas-
ma (no así las ninfas, que adquieren
poses amenazadoras que les propor-
ciona aspecto de arañas). Parecida, e
igualmente consumada cazadora, es
R. cuspidatus, empero sus colores no
son tan vivos.
Y chiquitas en comparación con
ellas resultan las diferentes especies
de la familia de los Nábidos (Nabiidae),
que en casos semejan hormigas, y son
igualmente avezadas cazadoras. Tal vez
la especie de esta familia más frecuen-
te y conocida en jardines sea la ubicua
chinche de la alfalfa (
Lygus praten-
sis), así llamada porque ­entre otras
actividades- es plaga de dicha planta;
parduzca, con una marca blanco-amari-
llenta en forma de corazón o de uve en
el dorso y unos 8-10 mm de longitud,
depreda pulgones y otros insectos de
reducida talla. Prefiere darse el gran
festín con arañuelos otra especie de la
familia,
Blepharidopterus angulatus,
menor, estrecha y patilarga, de color
verdoso y parte delantera y patas de
color amarillo para más señas.
Un pequeño
Coleóptero de la fami-
lia de los Cantáridos (Cantharidae) es
el chupasangre (
Rhagonycha fulva),
de 8-10 mm, extraordinario depredador
de pulgones que, al tener preferencia
por moverse entre las flores, también
actúa como polinizador. El nombre co-
mún le viene a este escarabajo, del gru-
po de los coraceros, de su color rojizo,
aunque la mayor parte de las patas y
las antenas sea negra.
Igualmente Coleópteros, empe-
ro pertenecientes a la familia de los
Lampíridos ­Lampyridae-, son las mági-
cas luciérnagas (
Lampyris noctiluca);
también son llamadas gusanos de luz,
pero en este caso, sólo las hembras.
Como sucede con las mariquitas, po-
cas personas se atreverían a sospe-
char que se trate de unos seres tan
cruelmente letales (la sustancia que las
ilumina se llama luciferina), en especial
para los caracoles, aunque tan sólo las
larvas sean las responsables de cargar
con semejante estigma (inyectan jugos
en su víctima hasta convertirlas en una
"papilla" digerible; y la concha sirve de
vajilla).
Ahora bien, para mala fama, la de
Larva de luciérnaga (Lampyris noctiluca)
Santateresa (Mantis religiosa)
José
González
Granados
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60
n.
o
32
las santateresas (
Mantis religiosa)
-en particular, sus miembros del sexo
femenino-, que, amparadas en su pia-
dosa actitud, no dejan, literalmente,
títere con cabeza si se le pone a tiro
("a Dios rogando y al bicho cazando"
podría ser su lema). Grandes (40-80
mm), el respeto que infunden a las
personas ­por otra parte, inmotiva-
do- les permite comportarse con una
olímpica indiferencia ante ellas. Son
Mántidos (familia Mantidae), del or-
den de los
Ortópteros (Orthoptera)
o
Dictiópteros (Dictyoptera), según
autores.
Y otra especie de los Ortópteros (o
Ensíferos ­Ensifera-, según autores),
si bien con menos renombre como
depredador (no como cantor, pues se
pasa de concierto día y noche sin
dar tregua) es la langosta o chicha-
rra verde (
Tettigonia viridissima), de
la familia de los Tetigónidos (familia
Tettigoniidae), un insecto habitual en
los jardines, que pasa por un desma-
ñado y perezoso saltamontes de lumi-
noso color verde y unos 30-45 mm de
longitud, pese a lo cual captura orugas
de lepidópteros y algún que otro coleóp-
tero. En su dieta, ¡nadie es perfecto!,
también entran los vegetales.
De las populares tijeretas o cor-
tatijeras, que pertenecen al orden de
los
Dermápteros (Dermaptera), en
España las especies más comunes
son
Forficularia auricularia, de la fa-
milia de los Forficúlidos (Forficulidae), y
la pequeña
Labia minor, de la familia
de los Espongifóridos (Spongiphoridae);
también común, pero limitada a regio-
nes más meridionales, es
Labidura
riparia (familia de los Labidúridos ­
Labiduridae-), de superior tamaño. Son
insectos nocturnos, inofensivos para
el hombre pese a su amenazadora fi-
sonomía, pero reportan reconocidas
funciones beneficiosas detritívoras e
insectívoras (pueden alimentarse de
pulgones y otros pequeños insectos
dañinos, además de arañas rojas),
mas su afición por capullos y pétalos
de flores ­y la consiguiente posibilidad
de transmisión de enfermedades de ca-
rácter vírico- hace resaltar sus facetas
más negativas, sobre todo cuando se
presentan en poblaciones abundantes
(forman grupos familiares, algo inusual
entre los de su clase).
Interesantes visitantes de las roca-
llas son unos Dípteros llamados moscas
asesinas, de formas intermedias entre
moscas y mosquitos ­pero de tamaño
de moscardón- que
se mueven con un
peculiar vuelo corto
rasante con las pa-
tas extendidas, para
posarse acechantes
en las rocas, con
una "pinta" de sal-
teadores de caminos
que impone. (Y no es
para menos, pues la
Naturaleza los ha do-
tado de una trompa
a modo de puñal por
la que inyectan una
saliva necrosante y
absorben el interior
de la pobre víctima).
Pertenecen a la fa-
milia de los
Asílidos
(Asilidae), y contri-
buyen eficazmente
a la regulación de
las poblaciones de
insectos de conside-
rable tamaño, como
ortópteros y lepidóp-
teros.
Por último, pues-
to que no hay ene-
migo pequeño, se indica que exis-
ten especies beneficiosas de trips,
ya que se alimentan de especies fitó-
fagas de su misma familia, la de los
Trípsidos (Thripsidae), del orden de
los
Tisanópteros (Thysanoptera). En
España, de manera natural se pueden
encontrar, entre otros,
Aeolothrips
intermedius y A. tenuicornis.
PARASITOIDES
L
os animales parásitos de especies
a su vez parásitas de plantas se
denominan parasitoides; se diferencian
de los depredadores en que sus larvas
se desarrollan a expensas de un solo
individuo de la especie causante de la
plaga, el llamado huésped (hay quienes
prefieren denominarlos hospedantes
para evitar confusiones); es decir, que
lo van consumiendo lentamente para
poder completar el ciclo biológico, ya
sea desde su interior (
endoparásitos)
o desde el exterior (
ectoparásitos).
Según que el parasitismo se pro-
duzca por parte de un individuo sobre
otro o por grupos sobre cada individuo
generador de la plaga (comúnmente,
insectos), se conoce este fenómeno co-
mo
parasitismo solitario o gregario
respectivamente.
Existen parasitoides que actúan
sobre la fase de huevo (
parásitos
oófagos), sobre las larvas (parásitos
larvales), sobre ninfas o pupas (pará-
sitos ninfales o pupales), y se llaman
parásitos imaginales cuando el hués-
ped se halla en estado adulto.
Todos estos parasitoides, como re-
gla general, son de reducido tamaño,
de rápido desarrollo, muy fértiles y con
numerosas generaciones anuales.
Los parasitoides más interesan-
tes se encuentran entre los Insectos,
pero la investigación actual no olvida
a otros organismos, como Ácaros y
Nematodos.
Así, entre los Ácaros aparecen es-
pecies del género Allothrombium que
se caracterizan por actuar como ecto-
parásitos de áfidos. Sin ir más lejos,
la especie ya tratada en el epígrafe de
depredadores
A. fuliginosum, en su
forma larvaria se manifiesta como tal.
Los órdenes de Insectos parásitos
más importantes son Himenópteros
y Dípteros, sobre todo el primero de
ellos.
Los
Himenópteros parásitos son
pequeñas avispillas de abdomen grue-
so y móvil unido al tórax por un estre-
Apanteles armatus
José
González
Granados
background image
Asociación y Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales
61
cho nexo. Sus presas más conocidas
son los lepidópteros y hemípteros, pero
no se puede citar prácticamente ningún
orden de Insectos que se libre de sus
ataques.
Los lepidópteros minadores y de-
voradores de hojas (en especial, los
Tortrícidos) se las tienen que ver con
Himenópteros Bracónidos (familia
Braconidae), entre los que se cuen-
tan las especies europeas
Apanteles
xanthostigma (el adulto es de 2-3
mm de longitud y color parduzco) y
Spathius exarator (adulto mayor, 4-5
mm, especie de gran interés
forestal), Calcídidos (familia
Chalcididae) y Eulófidos (familia
Eulophidae).
Numerosos representante
de estas familias no se limitan
a actuar sobre los lepidópteros,
pues en ocasiones, al echar un
vistazo a las colonias de pulgo-
nes que maltratan las plantas
en la rocalla puede llamar la
atención la presencia de indi-
viduos hinchados, que recuer-
dan por sus formas y colores
minúsculas perlas, a veces de
color ámbar o doradas, en las
cuales, al observarse con dete-
nimiento, no es raro comprobar
la existencia de un pequeño
orificio; llamadas "momias" en
el lenguaje temático, son pul-
gones parasitados por hime-
nópteros de dichas familias, y
el agujero no es sino la vía de
salida del imago ya desarrolla-
do, una vez que ha acabado
con el interior (y, por ende, la
vida) de su huésped. También
las cochinillas se ven parasitadas por
Calcídidos, familia por lo demás muy
sensible a los insecticidas.
Familias afines son las de
los Mimáridos (Mymaridae), los
Esceliónidos (Scelionidae), con el géne-
ro Telenomus, y los Tricogrammátidos
(Trichogrammatidae), con
Trichogram-
ma evanescens, exótico, de reducido
tamaño ­0,5 mm- y color amarillo,
como representante principal. Todos
ellos son parásitos de huevos, princi-
palmente de lepidópteros.
Los cóccidos y aleiródidos se ven
parasitados por especies de la familia
de los Afelínidos (Aphelinidae). Así,
las larvas maduras de mosca blanca
son diezmadas por especies varias
del género Encarsia (
E. formosa, E.
lutea, E. luteola, E. partenopea, E.
pergandiella
y E. tricolor), la mayoría,
exóticas. La más conocida y empleada
es la primera, cuyo imago, negro con
antenas y abdomen amarillos, apenas
alcanza 0,5 mm de longitud. Presenta
la ventaja adicional de su capacidad
para actuar como depredador de larvas
no parasitadas.
También se dedican a cóccidos
y aleiródidos especies de los géne-
ros Cales (
C. noacki, originaria de
Suramérica), Eretmocerus (
E. cali-
fornicus, E. corni, E. haldemani,
E. mundus
) y Prospaltella (P. trans-
vena
). Quizá la especie del género
Eretmocerus más conocida en España
­entre otros motivos, por ser autócto-
na- sea
E. mundus, avispilla de apenas
1 mm, con antenas en forma de mazo,
cabeza, tórax y abdomen de color ama-
rillo; el resto, de color pardo más o
menos intenso. Además de su interés
como parasitoide de las moscas blan-
cas (prefieren parasitar las larvas de
segundo y tercer estadio), cabe desta-
car que los adultos efectúan picaduras
de alimentación a las larvas de primer
estadio, que les resultan mortales.
Los
Icneumónidos
(familia
Ichneumonidae), de envidiable cin-
tura, son igualmente Himenópteros,
pero más estilizados que los miem-
bros de las familias ya citadas, con
un oviscapto largo que permite, en
casos, depositar los huevos sobre
o dentro de insectos protegidos por
frutos o partes leñosas.
De entre los muchos miembros de
esta familia, se citan:
Coccygominus
turionellae es un parasitoide polífa-
go de pupas de lepidópteros, mien-
tras que
Phaeogenes nigridens
ataca a las orugas y pupas, con
especial interés por las del polífago
tortrícido Cacoecimorpha pronubana.
Phygadeuon trichops manifiesta
especial predilección por las moscas
minadoras del género Delia.
También las moscas minado-
ras -en especial, las del género
Lyriomyza- y otros dípteros minado-
res de hojas son parasitados en las
formas larvarias por el Bracónido
indígena
Dacnusa sibirica (adulto
de unos 2-3 mm y color pardo os-
José
González
Granados
Pupas de Spathius exarator sobre una oruga de Aporia crataegi
Amblyteles armatarius, Icneumónido parasitoide
de orugas de lepidópteros
José
González
Granados
background image
62
n.
o
32
curo), siempre y cuando estén ini-
cialmente sanas, y por un Eulófido,
Diglyphus isaea, también propio
del ámbito mediterráneo. Actúan
sin interferencias: la primera espe-
cie, en invierno, para disminuir su
actividad a medida que suben las
temperaturas, momento en el cual
entra en liza la segunda. Ésta, con
un interés añadido: los adultos ac-
túan como serios depredadores de
las larvas de las citadas moscas;
tanto es así, que resulta difícil dilu-
cidar si es más eficaz en su faceta
de depredador o de parasitoide.
Entre los parásitos de pulgones
se cuentan los Afididos (familia
Aphydiidae)
Aphidius colemani
(adulto de color oscuro y unos 2-3
mm de longitud, según parece, ori-
ginario de la India, y que se dedica
a una gran variedad de pulgones);
A. ervi (que al ser el doble de grande
busca presas mayores);
A. matricariae
(especializado en Myzus persicae); y el
abundante Afelínido
Aphelinus abdo-
minalis (sobre muchos géneros, entre
los que se cuentan Aphis, Aulacorthum,
Macrosiphum
, Myzus, etc. ­mejor, pe-
queños); el imago, estrecho, negro y
de largas antenas, alcanza alrededor
de 2 mm, pero este tamaño depende
del tamaño del huésped.
Anagrus atomus, especie autóc-
tona de la familia de los Mimáridos
(Mymaridae), es una avispilla míni-
ma (0,3 mm) de color pardo-anaran-
jado. Dado su exiguo tamaño, busca
su pitanza en las puestas de los
Cicadélidos, en particular los del gé-
nero Empoasca (mosquitos verdes y,
en Hispanoamérica, cigarritas verdes,
cotorritas o loritos).
Un miembro de la familia de los
Encírtidos (Encyrtidae),
Leptomastix
dactylopii, avispilla de unos 3 mm
de longitud, color pardo-amarillento y
notables antenas, escoge para ello
ejemplares de la cochinilla algodono-
sa Planococcus citri (larvas del tercer
estadio y hembras jóvenes). Se trata
de un insecto originario de Brasil que
se ha extendido por todas las tierras
donde se producen cítricos, pues es
endoparásito prácticamente exclusivo
de la citada cochinilla; que, por otra
parte, no es exclusiva de los cítricos,
y entre las plantas que ataca se cuen-
tan varias frecuentes en rocallas. Esta
avispilla no tolera climas fríos, algo
esperable, dada su procedencia.
Por lo que respecta a los
Dípteros,
la familia más interesante es la de
los Taquínidos (Tachinidae). Sus di-
mensiones son medias (1-3 cm) y la
coloración variable, pero con forma
inconfundible, en general, de moscas;
las víctimas principales son larvas fi-
tófagas de diferentes familias de lepi-
dópteros, pero también son capaces
de eliminar coleópteros, himenópteros
y ortópteros, ya sean adultos o se
encuentren en estado larvario. Como
ejemplo se cita a
Actia pilipennis, que
actúa sobre las larvas de microlepidóp-
teros, también con especial interés por
Cacoecimorpha pronubana.
Claro que donde las dan, las to-
man: los parásitos de los parasitoides,
que los hay, se conocen como hiper-
parásitos. Ahora bien, de haberlos,
¿cómo se llamarían los parásitos de
los hiperparásitos? ¿Y los...?
Los
Nematodos se incluyen a ve-
ces, debido a su tamaño casi micros-
cópico, en la categoría de los
patóge-
nos. Se emplean con asiduidad como
patógenos de babosas y caracoles
(fundamentalmente
Phasmarhabditis
hermaphrodita, de la familia de los
Rabdítidos ­Rhabditidae-), pero tam-
bién como entomopatógenos pueden
causar estragos. Por dar algunos ejem-
plos, para combatir a las moscas de
los mantillos se emplea
Neoaplectana
(Steinernema) feltiae, de la familia de
los Esterneimátidos (Steinermatidae),
que parasita a las larvas. Especializados
en los gorgojos de los bulbos (género
Otiorhynchus) existen nematodos pa-
rásitos como
Heterorhabditis me-
gidis y Heterorhabditis bacte-
riophora
(familia Heterorabdítidos
­Heterorhabditidae-), que también
destruyen las larvas, si bien el se-
gundo es capaz de afectar a las de
otros escarabajos dañinos.
Todos estos nematodos se pue-
den adquirir en forma de prepara-
dos comerciales.
***
Para terminar, conviene reiterar
que la mayoría de las especies be-
neficiosas tratadas en este escrito
(depredadores, parasitoides y pa-
tógenos animales) son de biología
suficientemente conocida y, como
se ha reseñado, buena parte de
las mismas son producidas de ma-
nera industrial con destino a la lu-
cha biológica. No obstante, existen
otras especies cuya distribución,
actividad y efectos beneficiosos
son parcial o totalmente desconocidos,
algunas cercanas a aquéllas, otras,
no tanto; o puede suceder que no se
muestren tan efectivos como sus pa-
rientes más "famosos". Pero todas, de
manera natural, colaboran para man-
tener las plantas del jardín de rocas
saludable y bello.
Anthocoris confusus, responsable de más de una limpia de arañuelos
digna de mención.
AGRADECIMIENTOS
Son un buen número de per-
sonas quienes han contribuido a
sacar adelante este escrito, pero
aun a riesgo de cometer alguna
injusticia, agradezco especialmente
su ayuda a María José Manzano
Serrano, José González Granados,
Francisco Javier Blasco Fernández y
Rafael Fernández Benítez, así como
a personal de la Unidad Docente
de Zoología y Patología Forestal de
la Escuela de Ingenieros Técnicos
Forestales de Madrid: María del
Carmen Muñoz López, Guadalupe
Martínez Saavedra e Ignacio Martín
Sanz. También a quienes me cedie-
ron sus fotografías, y a Beatriz y
Jorge Fernández Cantero, Cristina y
F.co Javier Cantero Fauquier por sus
dotes para la captura ­por desconta-
do, incruenta- de animales varios.
NOTA: Las fotografías que no
llevan sobreimpreso el nombre del
autor de la misma son del autor del
artículo.
Rafael
F
ernández
Benítez
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Asociación y Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales
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