EL FUTURO DE LAS CHOPERAS PASA POR ADAPTAR SU GESTIÓN Y CONOCER MEJOR SU VALOR AMBIENTAL

09 de octubre de 2026

Flor Álvarez Taboada presentó en el Café Forestal estrategias de adaptación al estrés hídrico, resultados de investigación con microorganismos beneficiosos y herramientas para medir la biodiversidad y los servicios ecosistémicos de estas plantaciones.

El Colegio y la Asociación de Ingenieros Técnicos Forestales y Graduados en Ingeniería Forestal y del Medio Natural celebraron el pasado 8 de octubre una nueva sesión del Café Forestal dedicada al futuro de las choperas ante el cambio climático. El encuentro, el undécimo de 2026 y el número 162 desde el inicio de esta iniciativa, contó con Flor Álvarez Taboada, ingeniera forestal e ingeniera de montes, doctora y catedrática de la Universidad de León, especializada en teledetección y seguimiento de los recursos naturales.

Bajo el título «Choperas con futuro: adaptación climática, producción y nuevos modelos de valor. Tecnología, gestión y mecanismos de financiación de la naturaleza», la sesión abordó una cuestión fundamental para propietarios, profesionales e industria: qué decisiones deben tomarse hoy para que las plantaciones lleguen al final de su turno con madera de calidad y manteniendo su viabilidad.

Disponibilidad de agua y diversidad clonal
La ponente explicó cómo el estrés hídrico y térmico puede comprometer el crecimiento y la supervivencia de las choperas, y destacó que la falta de agua disponible no responde únicamente a la ausencia de precipitaciones. En determinados enclaves, los cambios en el nivel freático asociados a la modernización de regadíos también pueden afectar a plantaciones que anteriormente se desarrollaban sin problemas.

Por ello, insistió en la necesidad de evaluar las condiciones de cada parcela y la disponibilidad de agua durante el verano antes de plantar o renovar una chopera. La elección del clon debe ajustarse a esas condiciones, a los riesgos sanitarios y a los objetivos de producción.

La diversidad clonal fue otro de los ejes del encuentro. A partir de experiencias de España, Francia e Italia, Flor Álvarez explicó el interés de reducir las grandes superficies continuas de un mismo clon para distribuir riesgos frente a plagas, enfermedades y condiciones climáticas adversas. Esta diversificación debe planificarse teniendo en cuenta tanto la parcela como las plantaciones del entorno y las necesidades del aprovechamiento.

Asimismo, señaló que una diversidad clonal bien organizada puede ser compatible con la industria del desenrollo y contribuir a asegurar el suministro futuro. El objetivo es combinar adaptación, supervivencia y calidad tecnológica de la madera.

Detectar el estrés y desarrollar respuestas
La sesión mostró cómo los sensores de flujo de savia, las imágenes de satélite y los gemelos digitales permiten mejorar el seguimiento de las plantaciones. Estas herramientas ayudan a identificar cambios en el funcionamiento de los árboles, analizar su crecimiento y cuantificar la afección de las copas.

La ponente presentó experiencias de detección temprana del estrés y subrayó que los clones no responden de la misma forma ni manifiestan los síntomas al mismo tiempo. También recordó la importancia de contrastar los resultados obtenidos con plantas jóvenes mediante ensayos y seguimientos en plantaciones adultas.

Entre las posibles respuestas, destacó las investigaciones sobre inoculación de hongos micorrícicos y bacterias beneficiosas, desarrolladas en los proyectos Populus ADAPT y Smart Poplar, con participación de la Universidad de León y la colaboración de entidades de investigación y empresas del sector.

En el ensayo en condiciones controladas de Populus ADAPT, los resultados presentados mostraron que, bajo estrés hídrico, las plantas inoculadas alcanzaron un diámetro final aproximadamente un 20 % mayor y una biomasa total un 38 % superior a las no inoculadas. Estas diferencias corresponden a las condiciones concretas del experimento y constituyen una base para continuar evaluando su aplicación en campo.

Los trabajos de Smart Poplar permiten estudiar esta estrategia en plantaciones de distintas edades. La finalidad es avanzar hacia soluciones que mejoren el aprovechamiento del agua disponible y puedan incorporarse a la gestión con costes asumibles para el propietario.

Medir el valor ambiental de las choperas
En el segundo bloque, Flor Álvarez abordó los servicios ecosistémicos de las choperas y su posible contribución a la conectividad y al refugio de fauna en paisajes agrícolas. Su valor para la biodiversidad, explicó, depende de factores como la ubicación, la edad, el entorno y el manejo de cada plantación.

La ponente presentó Biopopulus, un sistema en desarrollo que combina gemelos digitales, seguimiento acústico, fototrampeo, análisis del suelo y estudios de conectividad para evaluar estos valores a lo largo del ciclo de la chopera.

Respecto a los mecanismos de financiación de la naturaleza, recalcó una distinción esencial: la existencia de un servicio ecosistémico no implica automáticamente la generación de un crédito ni la obtención de ingresos. Para avanzar en esa dirección es necesario establecer una situación de referencia, demostrar mejoras atribuibles a la gestión y disponer de indicadores y procedimientos de verificación.

Las oportunidades vinculadas al carbono y a la biodiversidad se plantearon, por tanto, como posibles vías complementarias de valor, cuyo desarrollo exige rigor técnico y resultados demostrables.

El debate con los asistentes permitió trasladar estas cuestiones a decisiones concretas sobre selección de parcelas, combinación de clones y manejo de las plantaciones. La sesión puso de relieve la importancia de conectar investigación, experiencia de campo e industria para adaptar la populicultura a las condiciones futuras.

Con este encuentro, el Colegio y la Asociación continúan impulsando el Café Forestal como espacio de formación, intercambio de conocimiento y debate sobre los retos de la gestión forestal.

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