LOS CRÉDITOS DE BIODIVERSIDAD ABREN NUEVAS OPORTUNIDADES DE FINANCIACIÓN PARA LA GESTIÓN FORESTAL, AUNQUE TODAVÍA EXISTEN IMPORTANTES INCERTIDUMBRES

16 de octubre de 2026

El Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales y Graduados en Ingeniería Forestal y del Medio Natural celebró el pasado 15 de octubre una nueva edición de sus Cafés Forestales bajo el título «Créditos de biodiversidad: de la teoría al monte. Oportunidades para la gestión forestal». La jornada permitió profundizar en uno de los mecanismos emergentes de financiación de la conservación y restauración de la naturaleza, con especial atención a sus posibilidades de aplicación en los montes españoles.

La sesión contó con David Álvarez García, director ejecutivo y socio fundador de Ecoacsa, consultora especializada en capital natural, biodiversidad y financiación de la naturaleza. Durante su intervención, el experto analizó los fundamentos de los créditos de biodiversidad, su evolución internacional, el marco regulatorio europeo y las condiciones necesarias para que estos instrumentos puedan convertirse en una fuente real de ingresos para propietarios y gestores forestales.

Reconocer económicamente las mejoras de la biodiversidad
Uno de los principales asuntos abordados fue la necesidad de diferenciar entre el valor ambiental que generan los montes y los ingresos económicos que efectivamente reciben sus propietarios por mantenerlos y gestionarlos.

Los ecosistemas forestales proporcionan numerosos servicios a la sociedad, como la regulación hídrica, la protección del suelo, la conservación de la biodiversidad o la captura de carbono. Sin embargo, buena parte de estos beneficios no cuentan actualmente con mecanismos de remuneración que permitan contribuir a financiar su gestión.

En este contexto, los créditos de biodiversidad, también denominados en un sentido más amplio créditos de naturaleza, pretenden reconocer económicamente las mejoras verificables que se producen en los ecosistemas como consecuencia de actuaciones de conservación, restauración o gestión.

Álvarez explicó que estos instrumentos presentan diferencias importantes respecto a los pagos por servicios ecosistémicos. Mientras estos últimos remuneran el mantenimiento de determinados servicios ambientales, los créditos de biodiversidad se vinculan fundamentalmente a mejoras acreditadas en el estado del capital natural.

Para generar estos créditos resulta necesario conocer el estado ecológico inicial, demostrar que las actuaciones producen mejoras adicionales, utilizar indicadores adecuados, verificar los resultados de forma independiente y garantizar su permanencia durante periodos que pueden alcanzar varias décadas.

Un mercado todavía inmaduro: generar créditos no significa venderlos
Uno de los mensajes más destacados de la jornada fue la necesidad de moderar las expectativas económicas que pueden despertar estos nuevos mecanismos.

El ponente insistió en que la existencia de un monte con capacidad para mejorar su biodiversidad no implica automáticamente que pueda generar ingresos mediante créditos. Además de cumplir los requisitos ambientales y de certificación, es imprescindible que exista una demanda dispuesta a adquirirlos.

Como ejemplo, expuso los resultados de un programa británico de apoyo a proyectos ambientales en el que, de 86 iniciativas financiadas, únicamente cinco llegaron a generar ingresos efectivos.

Álvarez explicó que el mercado europeo de créditos de naturaleza se encuentra todavía en una fase muy inicial, caracterizada por la falta de compradores consolidados, la diversidad de metodologías, los costes de seguimiento y verificación y la incertidumbre sobre la evolución normativa.

La Comisión Europea trabaja actualmente en una hoja de ruta para los créditos de naturaleza, cuyo desarrollo será determinante para establecer criterios comunes y proporcionar mayor seguridad a los promotores, inversores y compradores.
Las experiencias internacionales muestran el potencial de estos instrumentos

Durante el Café Forestal también se analizaron experiencias de otros países, especialmente el sistema inglés de Biodiversity Net Gain, que exige a determinados proyectos de desarrollo alcanzar una ganancia neta de biodiversidad del 10 % y mantener los resultados durante un mínimo de 30 años.

Este modelo ha permitido desarrollar un mercado regulado de unidades de biodiversidad, aunque su implantación también ha puesto de manifiesto las dificultades para conectar la oferta disponible con las necesidades reales de los compradores.

El ponente hizo referencia igualmente a las experiencias de Alemania, Francia y Finlandia, así como a los mecanismos de compensación ambiental desarrollados en Estados Unidos.

Estas iniciativas muestran que la existencia de reglas claras, metodologías de medición y garantías jurídicas resulta fundamental para movilizar inversiones privadas hacia la conservación y restauración de los ecosistemas.

En España, el desarrollo de estos mecanismos podría abrir nuevas posibilidades para financiar actuaciones de mejora de hábitats, restauración forestal y conservación de espacios naturales, especialmente en el contexto de los objetivos establecidos por el Reglamento europeo de Restauración de la Naturaleza.

Oportunidades para propietarios forestales y profesionales del sector
La jornada abordó también las posibilidades prácticas de estos instrumentos para los propietarios y gestores forestales.

Ante la pregunta de cómo valorar si un monte puede participar en un proyecto de créditos de biodiversidad, David Álvarez identificó tres cuestiones fundamentales: determinar las mejoras ambientales que pueden conseguirse y cuantificarse, calcular los costes necesarios para obtenerlas y comprobar si existe una demanda capaz de hacer económicamente viable el proyecto.

También se destacó el papel que pueden desempeñar las agrupaciones de propietarios forestales, especialmente para reducir los costes de transacción, certificación y seguimiento, que pueden resultar difíciles de asumir individualmente en pequeñas propiedades.

Durante el debate surgieron cuestiones relacionadas con la compatibilidad entre los créditos de carbono y biodiversidad, las metodologías de medición, la aplicación de estos instrumentos a las dehesas y las posibilidades de comercialización de créditos forestales en España.

El ponente señaló que los ecosistemas mediterráneos pueden encontrar en la mejora de la biodiversidad oportunidades de financiación complementarias a las del carbono, aunque insistió en que cada iniciativa debe analizarse individualmente y que la demanda continúa siendo uno de los principales obstáculos.

El Colegio apuesta por acercar estas nuevas herramientas a los profesionales forestales
La sesión, que incluyó encuestas interactivas y un amplio turno de preguntas, puso de manifiesto el interés que despiertan estos instrumentos entre los profesionales del sector forestal, así como la necesidad de seguir profundizando en sus aspectos técnicos, económicos y jurídicos.

Desde el Colegio consideramos fundamental que los ingenieros técnicos forestales y graduados en ingeniería forestal y del medio natural conozcan las oportunidades que pueden ofrecer estos mecanismos, pero también sus limitaciones, para poder asesorar adecuadamente a los propietarios y participar en el diseño, ejecución y seguimiento de proyectos de mejora de la biodiversidad.

La movilización de financiación adicional para la gestión forestal constituye uno de los grandes retos del sector, especialmente en aquellos montes donde los beneficios ambientales y sociales que se generan no encuentran una remuneración suficiente para garantizar su conservación y gestión a largo plazo.

El encuentro concluyó con el ofrecimiento de David Álvarez de participar en una segunda sesión que permita profundizar en cuestiones más específicas, como las metodologías de medición, la certificación y la viabilidad económica de los proyectos.

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