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Belloteros de Canarias: aproximación al conocimiento tradicional de los alcornoques en las islas Canarias

Pág. 2 - EDITORIAL

Pág. 4 - COLABORACIONES TÉCNICAS

Pág. 166 - REPORTAJE

Autor(es): Antonio C. Perdomo Molina
Nº: 95 Año(s): 2026
Sección: COLABORACIONES TÉCNICAS
Pág. 12-17

Los alcornoques (Quercus suber L.) en Canarias reciben el nombre de “belloteros”, al igual que otras especies del mismo género. Este género en Canarias tiene escasa representación, reduciéndose a la presencia de individuos aislados en jardines, alineaciones en bordes de antiguas carreteras y caminos, así como pequeñas masas asilvestradas, sin embargo, se han desarrollado algunas prácticas y conocimientos a semejanza de los que se conocen del ámbito continental y algunas peculiaridades propias, que recogemos en la presente aportación.

INTRODUCCIÓN

Canarias no es territorio de encinas (Quercus ilex L.) y alcornoques (Quercus suber L.) o, como se les llama en estas islas, de “belloteros”, aunque, como recoge José Perera (2004) en su enciclopédica obra sobre La Gomera, a los escasos  arboles de esta última especie presentes en la isla colombina se les llama también “corcheros”, por el uso dado a su corteza como tapón de barricas y garrafones. Este hecho no deja de ser relevante, ya que los primeros contingentes de
población europea que llegaron procedían principalmente de áreas donde el género Quercus tiene una especial presencia (Extremadura, Andalucía y en gran medida de Portugal). Existe, como bien saben los botánicos, el Quercus canariensis Willd., conocido como quejigo andaluz o moruno, pero no es más que el fruto de un error histórico en el etiquetado de la muestra utilizada por el botánico alemán Carl Ludwig Willdenow para describirlo, que recibió la muestra a principios del siglo XIX y asumió que provenía de las islas Canarias, cuando probablemente fue recolectada en el norte de África o el sur de la península ibérica. Podríamos pensar que no hay condiciones edafoclimáticas apropiadas, lo cual no dejaría también de ser extraño dada la multiplicidad de ambientes que presentan las islas, desde las orientales más áridas a las occidentales más húmedas, y al hecho de ser verdaderas montañas que, desde el fondo del mar alcanzan las altitudes máximas de España, proporcionando variaciones climáticas importantísimas en desplazamientos espaciales muy cortos. Como dicen los informes consulares británicos (Quintana, 1992), que incluyen el alcornoque entre los árboles presentes en los bosques de Canarias en la segunda mitad del XIX y principios del XX, “es difícil nombrar algún árbol que no se pueda cultivar con más o menos éxito”.

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