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Los frutos silvestres comestibles: un interesante recurso de los bosques españoles

Pág. 2 - EDITORIAL

Pág. 4 - COLABORACIONES TÉCNICAS

Pág. 166 - REPORTAJE

Autor(es): Javier Tardío, Manuel Pardo de Santayana, Patricia Morales Fotografías: Javier Tardío
Nº: 95 Año(s): 2026
Sección: COLABORACIONES TÉCNICAS
Pág. 38-47

Entre los recursos alimentarios que nos proporcionan los ecosistemas forestales españoles, uno de los más importantes son los que popularmente conocemos como frutos silvestres, aunque la parte consumida incluya tanto frutos como semillas. En este artículo se realiza un análisis etnobotánico global de las casi ochenta especies vegetales de esta categoría que se han usado tradicionalmente en España, así como una descripción algo más detallada del uso alimentario de algunas de las que han tenido una mayor importancia cultural.

1. INTRODUCCIÓN

Los frutos silvestres han tenido una gran importancia ecológica para la supervivencia tanto de numerosos animales como del ser humano. Hasta el inicio de la agricultura y la ganadería en el Neolítico (en torno al 10.000 a. C.), la alimentación humana, durante más de 2,5 millones de años, se basó en la caza y la pesca de animales salvajes, así como en la recolección de distintas partes de plantas silvestres, como raíces, rizomas, tubérculos, bulbos, tallos, hojas, semillas o frutos. La carne de los animales terrestres, junto con los peces y mariscos, constituía la principal fuente de proteínas y grasas, mientras que los vegetales aportaban otros nutrientes igualmente esenciales, como hidratos de carbono, ácidos grasos esenciales, minerales, vitaminas y una amplia variedad de compuestos bioactivos. En lo que se refiere al aporte nutricional y morfología de los frutos, se suelen diferenciar dos grandes grupos: frutos carnosos y frutos secos. Los frutos carnosos aportan principalmente hidratos de carbono (fibra alimentaria y azúcares solubles), minerales y vitaminas, además de una gran diversidad de compuestos bioactivos (antioxidantes y antimicrobianos, entre otros), tal como ocurre en arándanos, fresas o cerezas silvestres (P. Morales et al., 2023). Por su parte, los denominados frutos secos, como la bellota, el hayuco o el piñón, de los que se consume la semilla, constituyen una importante fuente de ácidos grasos insaturados (García-Gómez, 2015). Una excepción destacable entre los frutos carnosos son las acebuchinas o aceitunas silvestres que, al igual que las cultivadas, presentan un elevado contenido en grasas monoinsaturadas, junto con cantidades apreciables de tocoferoles y compuestos fenólicos (Baccouri et al., 2008).

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