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Del bosque a la mesa. Plantas olvidadas y bioeconomía forestal para una gestión sostenible del territorio

Pág. 2 - EDITORIAL

Pág. 4 - COLABORACIONES TÉCNICAS

Pág. 166 - REPORTAJE

Autor(es): Judit Català-Altés, Manica Balant, Teresa Garnatje, Fuencisla Cáceres, Clara Blasco-Moreno, Anna Fernández-Arévalo, Sabina Evalyn Bianchi, Valeria De Luca, Toni Juclà-Colom, Esther López-Viñallonga, Núria Verdaguer-Dot, Carla Cárdenas-Samsó, Montserrat Moya-Cardona, Albert Guàrdia-Estrada, Natàlia Cuberos-Sánchez, Anabel Cepas-Gil, Joan Vallès y Airy Gras
Nº: 95 Año(s): 2026
Sección: COLABORACIONES TÉCNICAS
Pág. 58-67

El proyecto “Plantas olvidadas” integra etnobotánica, gestión forestal y bioeconomía para valorizar alimentos silvestres como recurso estratégico para la sostenibilidad territorial. Se evaluaron 14 parcelas experimentales en Cataluña, combinando actuaciones de gestión forestal orientadas a la biodiversidad y resiliencia con la recolección sostenible de madroños, endrinas, bellotas, piñas verdes de pino y escaramujos. Paralelamente, se recopiló conocimiento tradicional sobre usos alimentarios de estos taxones y se desarrollaron productos innovadores mediante I+D+i gastronómica. Los resultados muestran mejoras del 60 % en indicadores de resiliencia forestal y del 50 % en conservación, así como la recolección de 4.500 kg de frutos transformados en 31 productos finales seleccionados por criterios de calidad, seguridad y viabilidad comercial. El proyecto evidencia que la integración de ciencia, saber tradicional y bioeconomía forestal permite diversificar la economía rural, fortalecer la resiliencia de los ecosistemas y reconectar a
la sociedad con los bosques.

1. INTRODUCCIÓN.
BOSQUES MEDITERRÁNEOS, CONOCIMIENTO TRADICIONAL Y NUEVOS RETOS 

Durante las últimas décadas, los paisajes forestales y las comunidades rurales han experimentado profundas transformaciones interrelacionadas. Los cambios socioeconómicos derivados de la industrialización, la urbanización y el éxodo rural no solo han modificado la estructura y la dinámica social de los territorios, sino que también han tenido un impacto directo y relevante sobre los ecosistemas forestales. 

Diversos estudios destacan el papel esencial de los bosques en la conservación de la biodiversidad, la regulación de los recursos hídricos y la mitigación de los efectos del cambio climático, entre otras funciones ecológicas cruciales, además de su tradicional papel como reservorio de recursos naturales de gran interés, tanto maderables como de otro tipo (Cervera et al., 2019; Ellison et al., 2017; Vayreda et al., 2016). Sin embargo, la ausencia de una gestión forestal activa en las últimas décadas —consecuencia del éxodo rural, el abandono
de pastos y cultivos y los cambios en los modelos de aprovechamiento del territorio— ha favorecido un aumento de la densidad de las masas forestales y de la superficie ocupada por los bosques en comparación con mediados del siglo XX (Idescat, 2022). Estas dinámicas han provocado efectos ecológicos negativos, como la reducción de la biodiversidad, el incremento de la combustibilidad y el empobrecimiento del suelo. En conjunto, estos procesos comprometen la resiliencia de los paisajes forestales y los hacen más vulnerables a perturbaciones como grandes incendios, plagas, procesos erosivos o una menor capacidad de captación de agua, especialmente en comparación con ecosistemas formados por bosques maduros y gestionados de manera adecuada (Centre Tecnològic Forestal de Catalunya, 2024; Cervera et al., 2019).

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