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Esparto, la fibra ibérica

Pág. 2 - EDITORIAL

Pág. 4 - COLABORACIONES TÉCNICAS

Pág. 166 - REPORTAJE

Autor(es): José Fajardo Rodríguez, Alonso Verde López y Rodrigo Roldán Martínez
Nº: 95 Año(s): 2026
Sección: COLABORACIONES TÉCNICAS
Pág. 100-107

En este artículo abordamos una síntesis de la importancia forestal y usos del esparto. Las numerosas plantaciones de esta especie y la selección a partir de sus usos han llevado a algunos autores a considerarla una especie domesticada en la península ibérica (Rivera y Obón, 2022). Los espartizales y el esparto son una parte primordial del paisaje del sureste ibérico, donde se manifiesta su importancia no solo a nivel ambiental sino también histórica y socialmente. Estas formaciones esteparias conforman un paisaje cultural modelado por miles de años de explotación, en los que las características especiales de esta fibra han determinado su uso en diversos campos como la cordelería, cestería, elaboración de pasta de papel, yuteras, etc. Su versatilidad se muestra en la gran variedad de técnicas de trabajo que se aplican al esparto, que tiene, sin duda, la mayor diversidad tipológica y técnica de todas las cesterías europeas.

INTRODUCCIÓN

Endémico del Mediterráneo Occidental, el esparto (Stipa tenacissima L. = Macrochloa tenacissima (L.) Kunth) ha sido uno de los aprovechamientos forestales ibéricos que ha generado mayor riqueza económica. Con momentos de auge y declive a lo largo de la historia, los espartizales son ecosistemas manejados y culturales, resultado de la explotación de la fibra del esparto desde hace milenios. La enorme cantidad de conocimientos generados en torno a esta fibra llevó a la investigadora suiza Bignia Kuoni a acuñar en los años 80 del siglo XX, el término “cultura del esparto”, para referirse a los saberes tradicionales de las comunidades esparteras (Kuoni, 2003). En 2019, la cultura del esparto fue declarada manifestación representativa del patrimonio cultural inmaterial en España. 

El esparto es una gramínea perenne que forma matas densas, macollas, con hojas lineares, de hasta 90 cm de longitud (150 cm en la subespecie umbrosa). La planta se conoce como atocha o espartera (Figura 1). Vive más de 60 años y con la edad las atochas van muriendo por el centro, experimentando un proceso de circinación en el que va conformando un porte anillado. Las hojas muertas se van acumulando en el interior, formando la necromasa basal. La acumulación de esta necromasa en la base de las atochas beneficia a la planta, incrementando el grado de humedad, la disponibilidad de nutrientes en su base y mejorando la infiltración del agua (Ruiz, 2023). En primavera florece, momento en el que brotan largas espigas llamadas atochines. El fruto es un grano, cariópside, con una arista retorcida en espiral. Las hormigas dispersan sus semillas, recolectándolas en las mismas espigas.

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