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Plantas silvestres comestibles de nuestros montes

Pág. 2 - Editorial

Pág. 4 - Apuntes

Pág. 24 - Entrevista

Pág. 30 - Colaboraciones Técnicas

Pág. 88 - Reportaje fotográfico

Pág. 98 - Rincones singulares

Pág. 104 - Noticias forestales y del colegio

Pág. 108 - Agenda de libros

Autor(es): Enrique García Gómez
Nº: 93 Año(s): 2025
Sección: Reportaje fotográfico
Pág. 88-97

En la Tierra hay decenas de miles de especies vegetales distintas, de las que al menos veinte mil están documentadas como comestibles. Sin embargo, la alimentación mundial se basa principalmente en torno a solo 45 plantas y, de ellas, una veintena aportan el 90 % de las calorías que se ingieren. Y no solo eso, pues con tres cereales —arroz, trigo y maíz— subsiste la mayor parte de los habitantes del planeta al aportar en torno al 50 % de la producción alimentaria mundial.

Desde la sedentarización, que se produjo en el Neolítico, el ser humano ha ido seleccionando aquellas especies que le han sido más provechosas, que permitían su cultivo y mejora y que, como al final se ha demostrado, eran más aptas para la domesticación. Pese a conocer un gran número de especies comestibles, nuestra especie se ha centrado en unas pocas, aquellas que eran más fáciles de manejar y recolectar, además de más agradables al paladar. 

Hasta entonces se vivía de lo que se cazaba, pescaba y recolectaba. Una vez extendida la agricultura, la recolección nunca quedaría relegada al olvido; sería una actividad complementaria para enriquecer la despensa, llenada principalmente con el producto de las cosechas. El aprovechamiento de los recursos silvestres durante milenios, y hasta hace pocas décadas, era un valor seguro que no solo aportaba diversidad a lo que se comía de forma habitual, sino que en muchos casos salvó a poblaciones de las hambrunas generadas por la escasez de las cosechas con motivo de plagas, inclemencias meteorológicas, guerras o epidemias. Esto contaba con una ventaja añadida: los recursos silvestres no necesitan de la dedicación a la que obligan los cultivos (remover la tierra, sembrar, seleccionar, eliminar hierbas competidoras, protegerlos de herbívoros, regar, abonar, cosechar, etc.), sino que la propia naturaleza los produce generosamente, sin necesidad de esfuerzo humano.

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