Pág. 2 - EDITORIAL
Pág. 4 - APUNTES
Pág. 46 - ENTREVISTA
Pág. 52 - ESPECIAL REDFORESTA. SANIDAD VEGETAL Y TRATAMIENTOS FITOSANITARIOS
Pág. 68 - COLABORACIONES TÉCNICAS
Pág. 106 - REPORTAJE FOTOGRÁFICO
Pág. 114 - RINCONES SINGULARES
Pág. 120 - ARTE Y NATURALEZA
Pág. 124 - NOTICIAS FORESTALES Y DEL COLEGIO
Pág. 128 - AGENDA DE LIBROS
En los 708 km2 que tiene de superficie la isla de La Palma se concentran fuertes contrastes de paisajes y vegetación que van de la dura aspereza de la lava volcánica a la exuberancia subtropical de los bosques de laurisilva; del interior de una colada de lava bajo tierra a los 2426 m sobre el nivel del mar del Roque de Los Muchachos; de la costa a la alta montaña.
El corazón natural de la isla late en el interior de su accidente geográfico más impactante, la Caldera de Taburiente, un circo de ocho km de diámetro donde las explosiones volcánicas, los procesos erosivos y el agua han formado a lo largo de cientos de miles de años un escarpado y sobrecogedor paisaje.
La isla de La Palma es Reserva de la Biosfera desde 2022, una isla en continuo cambio donde plantas, animales y seres humanos se adaptan a sus exigentes condiciones.
En las cotas más elevadas de la Caldera de Taburiente, donde la altitud supera los 2.000 metros, el viento, que sopla con fuerza constante; la radiación solar, intensa, y los suelos, que apenas retienen agua, exponen a la vegetación a condiciones extremas que definen su forma y su estrategia de supervivencia.
Domina el matorral de alta montaña canaria, una formación vegetal abierta y de bajo porte, en la que destacan especies como el cedro canario, la retama, los codesos y el tajinaste, cuyas floraciones en primavera rompen la aparente austeridad del paisaje. El programa de repoblación con cinco especies autóctonas de matorral ha conseguido recuperar poblaciones de las que se tenían contabilizadas menos de 100 ejemplares adultos: el retamón, la bencomia, el tajinaste azul, el tajinaste rosado y el pensamiento de cumbre.
Las plantas adoptan formas almohadilladas o rastreras para reducir la pérdida de agua y resistir el embate del viento. Sus hojas pequeñas, a menudo cubiertas de pelos, limitan la transpiración y reflejan la radiación solar.
Este es el límite superior de la vegetación insular, un espacio donde cada especie es testimonio de adaptación extrema.
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