Pág. 02 - EDITORIAL
Pág. 04 - APUNTES
Pág. 30 - ENTREVISTA
Pág. 34 - ESPECIAL BIOECONOMÍA
Pág. 56 - COLABORACIONES TÉCNICAS
Pág. 96 - REPORTAJE FOTOGRÁFICO
Pág. 106 - PINCELADAS DE VIDA
Pág. 110 - RINCONES NATURALES
Los efectos del cambio climático son cada vez más apreciables en el día a día, no quedando relegado a los polos glaciares o regiones distantes. Las consecuencias de décadas de uso desenfrenado de combustibles fósiles, deforestación y despreocupación generalizada por las repercusiones ambientales de nuestros actos están mostrando ahora su envergadura real. Temperaturas de récord, olas de calor de duración nunca vista, sequía extrema… todos efectos directos del aumento de la concentración de gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera.
España, ubicada en la región mediterránea, ve todos estos efectos potenciados debido a la aridez del clima mediterráneo, ya de por sí caracterizado por un régimen de precipitaciones irregular y escaso y un periodo estival prolongado.
Unos de los lugares donde más se padecen las consecuencias del cambio climático son las ciudades que, por su diseño intrínseco, agravan el impacto de los efectos previamente indicados. El denominado efecto “isla de calor” hace referencia a que la presencia masiva de cemento y asfalto, junto con la acumulación de GEI y escasez de vegetación, generan un aumento localizado de las temperaturas. Esto conlleva riesgos directos a la salud de las personas, incrementando el riesgo para población vulnerable y aumentando la demanda energética para climatización, pudiendo incurrir parte de la población en pobreza energética, al no poder hacer frente al gasto adicional.
En la Comunidad Valenciana se ha desarrollado el denominado PACES, Plan de Acción por el Clima y la Energía Sostenible, impulsado desde la Unión Europea a través de su plataforma Covenant of Mayors for Climate & Energy. Estos planes consisten en un análisis detallado del consumo energético y las fuentes de emisiones del municipio, tanto en relación al propio ayuntamiento como en el resto de sectores privados y ajenos al mismo. Los resultados obtenidos son bastante desesperanzadores: en todos los municipios analizados el consumo energético y la emisión de GEI se ha incrementado en comparación a registros con una antigüedad que oscila entre los 10 y 15 años. En todos los casos, el transporte privado es con diferencia el mayor foco de emisión. Además, ninguno de los municipios alcanza el umbral mínimo recomendado por la OMS de 9 m%/habitante de superficie de zonas verdes, por lo que estas emisiones no son reabsorbidas de forma eficaz en el interior de los grandes núcleos urbanos, produciendo el denominado smog o niebla contaminante. Esta niebla se origina por acumulación de partículas y moléculas contaminantes en el aire y presenta una serie de riesgos para la salud de las personas, desde problemas respiratorios e irritación de garganta y mucosas hasta incrementar el riesgo de padecer cáncer.
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